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Marc acepta el envite de Lorenzo

EL PAÍS EL PAÍS 01/06/2014 Nadia Tronchoni
Márquez celebra la victoria en el GP de Italia junto a Lorenzo © MAX ROSSI Márquez celebra la victoria en el GP de Italia junto a Lorenzo

Por lo visto, la autoridad, el dominio y la hegemonía de Marc Márquez en este inicio de temporada no necesitaba más que de un rival a su altura. Y, por fin, se decidió a aparecer Jorge Lorenzo. Y, por fin, se vivió un duelo maravilloso, emocionante, de los que se pelean en cada curva de cada vuelta, de los que se deciden en los últimos metros y, en este caso, por 121 milésimas de segundo. Mugello asistió a la reaparición del mallorquín, preparado mental y físicamente para la batalla. Y comprobaron en la Toscana que sí, que ese superhombre que está dispuesto a tomar el relevo de su ídolo Valentino es de verdad. Existe y corre con el 93.

Le gustan más los adelantamientos que las victorias. Y así le va. Que no renunciará al espectáculo por mucho título que esté dispuesto a ganar. Puede que el campeonato ya tenga dueño: son 51 puntos de ventaja lo que tiene sobre el segundo clasificado, Rossi, en solo seis carreras (y gracias a su sexta victoria), pero no se aburrirán los aficionados mientras Márquez encuentre a alguien con quien competir de verdad.

Se ofreció este domingo el de Yamaha, recuperada la confianza en un circuito en el que había ganado los últimos tres años, ideal para su M1, con muchas curvas rápidas, solo una frenada fuerte, la primera, y un montón de chicanes. Lorenzo se postuló a la victoria desde que se apagó el semáforo. Salió disparado, como un cohete (se inclinó desde la tercera posición en la que estaba) hacia la derecha de la pista para tomar la bajada en buena posición y se metió con todo en la primera curva: en aquel primer giro tocó a Crutchlow y protagonizó hasta tres adelantamientos con Márquez mientras Iannone intentaba escaparse aprovechando sus neumáticos súper blandos. Era solo un aperitivo de lo que vendría después. Se colocó el primero el mallorquín gracias a un interior de escándalo al italiano. Y empezó a tirar. Y tirar. Consciente como era de que el campeón del mundo le atraparía tarde o temprano.

Y así ocurrió. Le costó solo tres vueltas a Márquez adelantar a Iannone para iniciar el ataque. Pero, esta vez, la victoria no sería tan fácil. Encontró el de Honda mucha más resistencia para alzarse con el triunfo. No en vano peleaba con un tipo con el orgullo herido tras un inicio desastroso de temporada, con un cuatro veces campeón del mundo de los que no sabe renunciar a ganar por mucho que haya dado este campeonato por perdido, y contra una moto extremamente competitiva en un trazado que le sienta como un guante. Logró conectar con la Yamaha después de un quinto giro bárbaro (la vuelta rápida de la carrera) y al tiempo que lograba alejarse de Rossi y Iannone, que no pudieron seguir su estela. Y empezó a perseguirle. A estudiarle.

Había poco hueco por dónde entrar esta vez, pocos errores que advertir. Ni siquiera la recta más larga del Mundial le serviría de impulso al líder. Ya no es tanta la diferencia de velocidad punta entre la Honda y la Yamaha. Y para mejorar en frenada había montado Lorenzo los discos de freno más anchos (20mm más, permitidos por primera vez en este gran premio) para poder parar esa bestia que llegaba a 333 kilómetros por hora a la recta principal.

La locura se desató cuando todavía quedaban ocho vueltas para el final. Después de que los aficionados gozaran con los adelantamientos de Rossi –remontó desde la décima plaza de la parrilla hasta el tercer puesto–, con la pelea de Iannone y Márquez o la del italiano con Pedrosa –finalmente cuarto aunque a 14 segundos de su compañero, todo un mundo–, llegó la hora de los cabezas de cartel del festival de Mugello. Difícil echar cuentas del número de veces que se pasaron uno a otro; cuántas fueron las veces en que Márquez, ganada la distancia al final de recta, en frenada, perdía la primera curva porque Lorenzo tomaba mejor el interior; cuántas fue capaz de mantener la posición Lorenzo o cuántas veces se respondieron en una misma vuelta. Rodaban tan pegados que no les separaba ni una décima de segundo a cada paso por meta, tanto que apostar por un vencedor parecía un mero juego de azar.

Pero volvió a vencer Márquez. Porque el comienzo de la última vuelta fue una de las pocas veces en que se adelantó a Lorenzo y mantuvo la posición al tumbar a la derecha para entrar en San Donato. Porque apretó los dientes y se vació los bolsillos para arañarle una décima de segundo de distancia al rival más pelón que ha tenido desde que empezó el curso. “Marc ha estado bravísimo, sobre todo en las frenadas. Hemos vuelto y espero que sigamos en la misma línea”, le reconoció Lorenzo.

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