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Marta Torrecillas: “No hubo diálogo. Pasaron por encima de la gente y les agredieron”

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 02/10/2017 Rebeca Carranco
Marta Torrecillas, un día después del desalojo del colegio Pau Claris. © Samuel Sanchez Marta Torrecillas, un día después del desalojo del colegio Pau Claris.

Marta Torrecillas, de 33 años, vio llegar a la Policía Nacional al colegio Pau Claris de Barcelona como quien “ve venir un huracán”. El centro se ha hecho famoso por unas imágenes, ya virales, en las que un agente salta y patea a personas sentadas en una escalera. Cuando le avisaron de que se acercaban los furgones de antidisturbios, ella corrió al primer piso, donde había gente mayor. “Sabíamos que se iban a llevar las urnas, queríamos resistir pacíficamente e insistimos en que nadie se encarase”, explica.

Las imágenes de lo que le ocurrió a ella después también se han viralizado. Todo pasa muy rápido. Marta mira hacia un punto —que después aclara que es donde está la urna—, rodeada de agentes. Uno se percata de su acreditación de la Generalitat, que lleva colgada al cuello, la agarra, mientras ella y varias personas gritan “¡ey, ey, ey!”, y la tira al suelo. Marta se coge de la mano de otra persona en el suelo y dos policías intentan separarles, mientras uno de ellos agarra la mano derecha de Marta, se la retuerce. Luego, con la ropa ya subida por la intervención, la arrastra escaleras abajo, cogida por la mano. En ese momento es cuando, según cuenta Marta, le cruje varios dedos de la izquierda. En las imágenes no se aprecia con claridad. El agente levanta a Marta, que baja un par de escalones y se sienta. Luego la levanta de nuevo y la empuja al exterior.

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“En el momento en el que el policía vio mi credencial, quiso arrancármela”, recuerda por teléfono, afectada, sobre el inicio de la intervención. Y la narra de retahíla: “Hice resistencia pacífica, no me movía de allí, y me arrastraron y tiraron por las escaleras. El policía me cogió la mano, la muñeca y me empezó a petar los dedos uno a uno. Me tiró hacia abajo, me tiró por el pecho, y me empujó hacia fuera. ‘¡No te queremos aquí!”.

“En ningún momento dijeron: desalojen, tenemos que entrar. No hubo diálogo. Pasaron por encima de la gente y les agredieron. A una persona mayor le hicieron una herida en la cabeza”, sigue. Y critica la actitud de los policías cuando ya se hicieron con las urnas. “Tiraron la mesa donde estaba al suelo. Dieron golpes a las sillas, y rompieron un armario”. Tampoco entiende por qué rompieron “en la cara” de la gente el acta de constitución de la mesa, o por qué acabaron quitándole su acreditación y rasgándola. “Percibimos que iban más allá”, lamenta.

24 horas después de lo sucedido, con la mano vendada y la orden de tres días de reposo, Marta explica que ha ido recolocándose: “Ayer sentía mucha rabia y frustración. Pero hoy siento pena”. No comprende que “se haya llegado a este extremo” por no entender “que hay una parte de la población que quiere ejercer su derecho al voto”. Y critica que desde el Gobierno español “solo se quiera manipular información y sacar las porras”. “Llegados a este punto, la política pierde toda su esencia”, lamenta.

Al final no tiene los dedos rotos, como creía y contó en un audio desesperado, que también se hizo viral. “No hacía nada más que defender a la gente mayor, con los brazos abiertos. Han pegado a gente mayor, me han cogido, me han tirado por las escaleras, me han dado patadas y me han roto los dedos de la mano expresamente, uno a uno, en medio de las escaleras, con la ropa levantada. Me han tocado los pechos y reían. Y me han pegado y eso mientras lo grababa todo el mundo. Explícalo Laura, explica lo que están haciendo, que se entere todo el mundo. Y me han roto los dedos de la mano uno a uno expresamente. Eso es mucha maldad”, se la oye decir, entre sollozos.

Marta está acumulando datos antes de presentar la denuncia. Interior no ha dado su versión.

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