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Max

Notodo Notodo 25/05/2016 Lola J.C Elkin
Imagen principal del artículo "Max" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Max"

Notodo: ¿Qué diferencia hay entre los bosques por los que se suele mover y este jardín en el que se encuentras ahora?
Max: Yo me suelo mover en bosques vegetales, este es un bosque humano, es un bosque de humanos y de diablos, de toda clase de seres. Los bosques por los que me suelo mover son silenciosos y éste es tirando a ruidoso.

NTD: El título El tríptico de los encantados hace referencia a los trípticos del Bosco, en concreto al tríptico de El jardín de las delicias; pero, ¿quiénes son los "encantados"?
Los bosques por los que me muevo son silenciosos: este es tirando a ruidoso
Max: Los encantados somos todos. Los personajes de ese cuadro a mí me parecen todos como "encantados" en el sentido casi de hechizados, porque ese cuadro tiene ese desfase extraño en el que se supone que describe placeres y tormentos, pero los personajes que están ahí ni parecen estar realmente disfrutando ni parecen estar realmente sufriendo, y ese es uno de los muchos enigmas que propone este cuadro. Me vino a la cabeza la palabra "encantados" para describir el estado de estos personajes.

NTD: En el libro hay tres fases: la del tormento, la de resignación y la de encantamiento. ¿Es su forma de retratar al Bosco? ¿Es un autorretrato, un retrato de todos los artistas o del ser humano en general?
Max: Los dos primeros para mí son retratos del Bosco; es decir, el atormentado y el emboscado, la propia palabra hace referencia al Bosco. Cuando elegí los tres cuadros en los que iba a fundar mi historia me di cuenta, aunque las cronologías son misteriosas, que el primero se ha considerado siempre como obra de juventud, el otro es ya de un periodo intermedio y El jardín de las delicias es de sus últimas obras. Investigando sobre lo que los expertos cuentan sobre El Bosco, me ha llamado siempre la atención el hecho de que se refieren a él como si hubiera sido toda su vida de una pieza, como si no hubiese cambiado nunca, es una manía que tenemos con todos los artistas del pasado.
Si te quitan todo lo que te preocupa o tortura te quitan también la capacidad de crear
A los que opinan que El Bosco es muy moralista yo les digo que “puede”, en algún momento, pero no siempre: la gente cambia, atraviesa fases, atraviesa crisis, evoluciona y todo eso. Entonces me dio por imaginarme —no puedo hacer otra cosa—, como podía haber sido la evolución espiritual y artística de El Bosco. Digo "espiritual" porque pintaba temas religiosos, y los pintaba por encargo; está claro que tenía una imaginación loca y desbordante. Yo, que me he criado bajo la religión católica y la conozco, estoy seguro de que vivía en un conflicto constante entre las locuras que se le ocurrían y la ortodoxia religiosa. Creo que debió llevarlo mal al principio, pero estoy seguro de que llegó un momento en que encontró la manera de moverse ahí y dio con el truco para poder soltar sus cosas raras y que colaran dentro de la ortodoxia católica.
El Bosco dio con el truco de cómo poder soltar sus cosas raras y que colaran dentro de la ortodoxia católica

NTD: ¿Se considera religioso? ¿Es usted creyente, agnóstico…?
Max: Ni creyente, ni agnóstico, soy no-creyente. Sin embargo, me interesa mucho la religión en su doble vertiente: como una mitología más y por la narrativa a la que ha dado lugar —que es súper interesante—; y por otro lado porque es un tema que influye en la vida de millones de personas en el mundo, entonces no lo puedes obviar, es un tema que existe y condiciona la vida de mucha gente.

NTD: ¿Es necesario conocer a El Bosco para leer el cómic, para entenderlo? En el cómic hay muchas referencias a su obra…
Max: Creo que, en realidad, el cómic puede funcionar como una llamada; es decir, el cómic se puede leer sin saber mucho sobre El Bosco. Está bien conocer los cuadros o haberlos visto (que se pueden encontrar en Internet, no hay problema); lo que estoy viendo es que provoca un efecto llamada de interesarse más en El Bosco y profundizar más en él que, creo, no deja de ser la intención de el Museo del Prado cuando decidieron que se podía hacer un cómic.

NTD: ¿Y al revés? El cómic es una llamada para interesarse por el Bosco, pero introducir el cómic al museo igual también es una forma de que otros lectores no habituados a leer este tipo de formato se adentren en el mundo del cómic… 
Max: Sí, sí, funciona en las dos direcciones. Me parece una buena jugada cultural el hecho de poder acercar a todo un público lector habitual de cómics al arte antiguo y viceversa. Al público aficionado al arte que nunca ha considerado el cómic como una “bella arte”, o incluso el público ocasional, que es el que viene a el Museo del Prado, millones de personas de todo el mundo, de todos los niveles culturales. Está bien que existan otras cosas que pueden interesar desde cualquier punto de vista, desde la pura estética de mis dibujos, hasta el contenido de la historia, que tiene sus niveles. El otro día me decía un buen amigo: “es que parece que hay poco, ¡pero hay mucho!”. Es el mejor piropo que me pueden hacer.
Me parece una buena jugada cultural poder acercar a todo un público lector habitual de cómics al arte antiguo y viceversa
NTD: Efectivamente, porque el libro se lee rápido, hay poco texto, pero no se asimila tan rápidamente. Dice usted que hay una “tesis implícita” y lo llama un “cómic-ensayo”. ¿Qué significa eso?
Max: Significa que es un cómic que induce a reflexionar, a pensar. Sé que suena raro pero los que hacemos cómics desde hace años sabemos que el cómic no es sólo un artefacto de entretenimiento. Yo he hecho cómics para libros de filosofía, incluso: el cómic se puede entrelazar con cualquier disciplina cultural, queda bien con todas. Lo que aporta el cómic es la posibilidad de pensar a través de lo visual.

La diferencia del cómic a la imagen animada del cine, la televisión o los vídeos es que es el lector el que escoge la velocidad de lectura, y por tanto impone su ritmo. Con el resto de imágenes que te bombardean no tienes más opción que girar la cabeza o quedarte mirando; el cómic tiene esa cosa tan bonita, como la novela, que permite que el lector se pare, se recree y busque pistas. El contenido de la historia no está sólo en los textos, está principalmente en lo visual y se trasmite a través de ello. Hay una regla de oro en el cómic —para mí al menos lo es, para otros no—, y es que todo lo que puedas contar con dibujos no lo cuentes con palabras, la palabra solo cuando no hay más remedio.

NTD: El enfoque del libro es muy minimalista. ¿Es justamente para huir del barroquismo de la obra de el Bosco?
Max: La mía es una entrada visual a los contenidos del Bosco, por eso tampoco se parece a su pintura, he huído de imitar los colores, de poner paisajes o embellecerlo para que esté dentro de la estética bosquiana.
Es un cómic que induce a pensar: el cómic no es sólo un artefacto de entretenimiento
NTD: ¿A qué se refiere cuando dice que El Bosco fue el precursor del cómic?
Max: No fue el precursor, es uno de los muchos precedentes, pero precedentes lejanos. De hecho, las ganas de contar una historia con imágenes existen desde los egipcios o las cuevas prehistóricas: los estudiosos del cómic han rastreado la historia del arte, intentando encontrar referentes que dignifiquen el cómic.
Puedes encontrar muchísimos, la Columna de Trajano, el Tapiz de Bayeaux… Desde siempre, los artistas han tenido la necesidad de contar una historia con imágenes y se ha ido resolviendo como se ha podido, pero no fue hasta el SXIX cuando se inventó el lenguaje específico del cómic. Que serviría para esto, para poder contar una historia con imágenes a tope, sin limitaciones de ningún tipo. Pero claro, El Bosco tenía que contar historias en sus cuadros cuando no existían esas herramientas conceptuales, entonces encontró esa solución de agregar secuencias juntas en un mismo fondo, otros pintores encontraron otras soluciones, y en ese sentido son precedentes del cómic, pero evidentemente no tienen nada que ver con el lenguaje formal del cómic que se inventó en el SXIX.
El Bosco es uno de los precedentes lejanos del cómic

NTD: ¿Ve paralelismos con su obra?
Max: Sí, están ahí latentes, con El Bosco y muchos otros. Aquí en el museo detectaron eso, supongo, cuando pensaron en qué dibujante podía hacer un cómic de él y pensaron en mí.

NTD: Dice usted que en la obra del Bosco hay mucho humor, que se puede captar o no… ¿cómo se refleja el humor en el libro?
Max: Bueno, aquí evidentemente hay una parte del humor bosquiano y hay otra parte que es del mío, y no me parece que estén muy alejados. Ya sé que el humor es una cosa muy subjetiva y no todo el mundo lo capta igual, pero eso es inevitable. El humor que utilizo yo es un humor que está ahí sotto voce: hay una capa fina que lo recubre todo y de la que, de cuando en cuando, salta una chispa de esas de “ja, ja, ja” o “ji, ji, ji”, pero no es un humor de carcajada, es otro tipo de humor, sutil, que está ahí dando toquecitos.
Hay una capa de humor que lo recubre todo, pero no es un humor de carcajada
NTD: ¿Cree que la gente se reía antes de las mismas cosas que ahora? Y las preocupaciones, ¿eran las mismas?
Max: No podemos saberlo mucho. De hecho, es una de las polémicas entre los expertos en El Bosco: si hay o no que interpretar su obra de acuerdo con lo que se sabía en su tiempo, dentro del contexto de su época. Otros dicen que hay que interpretarlo fuera de eso porque es una obra que en todas las épocas resulta igualmente fascinante. Lo cierto es que difícilmente podemos saber cómo pensaban en esa época, es muy difícil hacerse una composición del lugar, y sobre todo del tema del humor, cuando incluso hoy en día sabemos que el sentido del humor no es el mismo aquí que en Nueva Delhi que en Tokio o en Los Ángeles. Es todo un poco misterioso, pero también es verdad que los humanos, en los aspectos emocionales básicos, no hemos evolucionado nada, seguimos siendo iguales, por eso esos cuadros nos siguen pinchando.
Los humanos, en los aspectos emocionales básicos, no hemos evolucionado nada
NTD: Sobre el tema de la imaginación, y puestos a relacionar conceptos con el presente: ese ojo invertido por el que mira San Antonio y por el que nosotros también vemos desfilar la cabalgata de seres, enganchados de alguna forma a esa parte que es la más llamativa visualmente. ¿Se podría relacionar con Internet y las redes sociales y ese punto de voyeurismo?
Max: La verdad es que no se me había ocurrido verlo así, pero tal como lo cuentas es perfectamente plausible. Puede funcionar como metáfora de eso, de estar enganchado a la pantalla.

NTD: ¿Nos puede dar una pista de la conclusión de la historia o la deja abierta a cada lector?
Max: Prefiero dejarla abierta. Lo que sí digo, para no despistar del todo, como El Bosco es un pintor enigmático, yo quería que hubiera un enigma, y hay uno que es este (señala a la guarda posterior), aquí termina la historieta realmente. La guarda anterior es una transcripción geométrica de El jardín de las delicias con las puertas cerradas. Puesto que el libro se iba a llamar Tríptico pensé en que esto actuara como las puertas del tríptico, de hecho la historia empieza aquí (guarda anterior) y termina aquí (guarda posterior). Esto es muy raro, muy extraño (refiriéndose a la guarda posterior), no tiene nada que ver con nada de El Bosco, pero sí tiene que ver con el sentido que toma toda la historia, pero no quiero descubrir el enigma, lo dejo abierto para cada lector.
En el libro hay un enigma… pero lo dejo abierto para que cada lector lo descubra

Hay más cosas, detalles en los que hay que pararse a pensar, por ejemplo el mochuelo. El mochuelo sale al principio del libro, que comienza con el mochuelo mirando, sale justo antes del tercer capitulo otra vez, y sale de nuevo al final en la página del colofón, donde habitualmente se pone un dibujito ornamental. El caso es que está al principio, en medio y al final, es una presencia que tiene un significado.

Conviene que después de leer el libro o mientras se lee, tengas a mano (o en pantalla) una reproducción del cuadro. Si te fijas, en el panel izquierdo del paraíso, justo en la mitad exacta del cuadro hay como una fuente de formas fantásticas, que es un círculo de color rosa muy grande con un hueco negro en medio, eso ya es un ojo, un ojo gigantesco. En el hueco que correspondería a la pupila hay un mochuelo mirando: el mochuelo es símbolo del animal que ve en la oscuridad.
El protagonista de ese lado del paraíso es un ojo que mira, y tradicionalmente la simbología del ojo que mira es la del propio artista, es algo como: “yo estoy viendo esto y os lo cuento”. Ahí entramos en la simbología inagotable del ojo, que los surrealistas explotaron a tope, y del tema filosófico de hasta que punto la mirada es la que crea el mundo.
Cuando no estamos mirando no existe el mundo, cuando vemos lo interpretamos.
Cuando no estamos viendo no existe el mundo, cuando vemos lo interpretamos… estos ya son temas filosóficos profundos que a mi me vienen grandes también, pero hay ahí un lío bastante gordo, porque también desde el punto de vista de la psicología se sabe que el cerebro está genéticamente programado para que el ojo interprete cualquier cosa aunque sea in-interpretable. La mirada sobre el mundo es un tema inagotable que está ahí en el cuadro y es el elemento más importante de ese lado. Luego están Jesucristo y Adán y Eva, pero están ahí como tiesos, inexpresivos, sosos, a mi la vista se me va al ojo, al ojo que me está mirando.
Hay diferentes niveles de lectura del libro, pero el básico es perfectamente entendible y disfrutable
NTD: El libro, además, tiene otros elementos simbólicos, que dependen de los niveles de lectura que cada uno quiera hacer…
Max: Sí, hay niveles de lectura pero me interesa contar, para que no se asuste la gente, que el nivel básico de lectura del libro es perfectamente entendible, comprensible y disfrutable. Luego habrá gente que por la carga cultural que tenga o por intuición irá encontrando más cosas, irá atando cabos.

NTD: Hablando de todo esto de la piedra y el ojo… Si le dieran la opción de extraerle esa piedra, quitándole todo aquello que le atormenta —la conciencia de su propia mortalidad o cualquier otra preocupación—, pero a la vez también eso le quitase la capacidad de dibujar y de crear, ¿aceptaría?
Max: ¡No, no! ¡Yo no quiero que me quiten la piedra! Ese es otro típico debate filosófico: si se pudiera eliminar todo lo que te preocupa, te tortura… si te quitan eso te quitan la capacidad de crear, también. La capacidad de crear se nutre de todo eso, es la fuerza que impulsa a crear historias a todos los artistas. Si existiera un humano perfecta y fundamentalmente feliz no se dedicaría a crear nada.

NTD: ¿Cree que es cierto que los artistas crean más en momentos de depresión? Porque eso lo han desmitificado mucho, estando alegre también se puede crear.
Max: Es cierto, pero no hay que caer en postulados fundamentalistas, yo no creo que el sufrimiento conlleve mayor capacidad de creación artística, pero sí sé que son mucho más interesantes las obras producidas por gente que pasa momentos difíciles que no las producidas por gente alegre, salvo quizás en la música pop que es como una excepción. En todo lo demás realmente son los conflictos los que nutren de vida a las obras de arte, y eso sucede porque los espectadores nos reconocemos en esos conflictos, los artistas son personas, también, y al final todos tenemos los mismos problemas.
Cuando hago un cómic me doy más alegrías y más margen, hago más el tonto
NTD: Usted, que vive en Mallorca desde hace años y que ya es prácticamente mallorquín, ¿no tuvo la tentación de introducir un “dimoni mallorquí” en el libro?
Max: Bueno, pero es que se me salía del ámbito del tema. Trabajando en esto se me han ocurrido derivaciones que tengo por ahí apuntadas, y que nunca sabes, pero en concreto en este libro he procurado acotar bien el trabajo para que todo resultase coherente y respetuoso con El Bosco e interesante, también. Cuando hago un libro mío por mi cuenta me doy más alegrías y me doy más margen y ahí hago más el tonto pero, claro, a mí me imponía hacer un libro para el Museo del Prado, y pensé: “¡Cuidado! Concéntrate en lo que tienes que hacer y lo demás te lo apuntas y a lo mejor un día sale”.

NTD: ¿Le ha puesto limitaciones al proceso creativo al trabajar dentro del ámbito del museo?
Max: No, no son limitaciones al proceso creativo, son limitaciones en cuanto al tema, es decir, voy a centrarme en el tema del Bosco y lo que da de sí directamente. Es una autoimposición mía, me parecía que era lo adecuado en este caso.

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