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"Me asusta que sectores progresistas hablen de estupideces como no vacunar a los niños"

El Confidencial El Confidencial 19/09/2016 Sergio Ferrer

Goyo Jiménez (Melilla, 1970) es un humorista español famoso por su participación en El Club de la Comedia, 5hombres.com y por ser experto en asuntos americanos. Menos conocida es su faceta de divulgador científico, que le ha llevado a desarrollar espectáculos como ‘Evoluzión’ y a colaborar con la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) en charlas científicas para los más jóvenes. Este martes a las 23:30 se estrena en La 2 como presentador de ‘Órbita Laika. La nueva generación’, la última temporada del programa de divulgación y que prescinde del equipo original. Doce capítulos que contarán con la presencia de Eva Hache, Berto Romero, Pedro Duque y Jane Goodall.

Hablamos con Jiménez largo y tendido por teléfono aprovechando un descanso en su gira. Se considera "de letras", pero enseguida deja patente una enorme cultura científica. Acaba de releer un libro del primatólogo Frans de Waal y aboga por una divulgación que, ante todo, sirva para conseguir una sociedad menos oscura y más humana.

Pregunta: ¿De dónde sale este interés por la ciencia?

Respuesta: Hace unos años revisité ‘Cosmos’ de Carl Sagan, me empezó a llamar la atención la ciencia y comencé a introducirla en mis actuaciones. A raíz de eso me llamaron para presentar los monólogos de humor científico de Famelab y a partir del contacto con la FECYT me propusieron presentar este programa. He llegado hasta aquí por un viaje de puro azar.

P.: Con ‘Evoluzión’ conseguiste un monólogo tan divertido como educativo. Me sorprendió su final, una reflexión muy profunda de la muerte.

R.: La idea era transmitir optimismo, jugar con la muerte para hacer un ‘carpe diem’. Al final del ‘show’ la gente se me acerca: un chaval que me dijo que le había hecho reflexionar, unos padres con una hija terminal que me dieron las gracias, un hombre con ELA… Que no se haya descubierto cómo curar la ELA es algo que no me permite vivir tranquilo. Hay que trabajar por una sociedad cuyas prioridades sean esas. Si tenemos los recursos, la inteligencia y la capacidad no sé cómo podemos distraernos con otras mierdas mientras nuestros congéneres sufren. Mira la polémica con las células madre, que podrían curar muchas enfermedades y a estas alturas todavía hay gente discutiendo el punto de vista moral. Hay gente sufriendo, explíqueles a ellos si es moral o no.

P.: ¿Es ese el fin último de la divulgación para ti?

R.: A veces me da la sensación de que estamos involucionado, y lo que me preocupa no es tener más o menos conocimientos científicos sino el modelo de sociedad que construimos. Me asusta el futuro si no entendemos que las sociedades que no apuesten por la investigación y el conocimiento se van a quedar atrás. Me interesa la divulgación para transmitir a la gente la necesidad de un cambio en este país en ese sentido. Los políticos hacen lo que sus votantes les exigen, y si les piden que se invierta más en ciencia se invertirá más, pero porque lo solicitan los ciudadanos, no los científicos.

P.: Me parece increíble que puedas tratar estos temas con humor.

R.: El humor debe ser entretenido, pero si encima tiene contenido y además es hermoso, eso es a lo máximo a lo que puedo aspirar. La clave está en conocer el asunto pero no perder la visión infantil. ¿Sabes eso de cuando el dedo señala a la luna el sabio mira la luna y el tonto mira el dedonbsp;Pues yo sigo mirando el dedo. Por ejemplo, en un monólogo hablo con Siri y hago que responda como si me entendiera para hacer dudar a la gente: vale, sí, soy una herramienta, pero tú quién eres que te crees tan listo. Quién te dice que no eres la herramienta de otro poder demiúrgico. Muchas veces olvidamos que no somos más que moho cósmico. Igual la vida sólo es eso: moho que surge de una piedra.

P.: Ha habido un ‘boom’ de programas científicos, pero han sido maltratados: 'ADN Max' fue cancelado y 'Órbita Laika' acabó a las 23:30, con el consecuente cabreo de sus creadores.

R.: Es la pelea de siempre, nadie dijo que fuese fácil y no me voy a rasgar las vestiduras, porque sabía dónde me metía. Hubo un ‘boom’ similar de monólogos y el tiempo dejó a quienes de verdad amaban el trabajo y aquí pasará lo mismo. Mejor a las 23:30 que nunca, lo que hay que aspirar es a interesar a tanta gente que más adelante estemos en otra hora. Lo malo de un programa de divulgación científica es que es difícil medir su éxito. Es como la Nasa, que sin ella no tendríamos mucha de la tecnología actual, pero en su momento algunos pensaban que despilfarraba el dinero.

P.: ¿A quién veremos en esta nueva temporada de 'Órbita Laika'?

R.: En el primer capítulo tenemos a Stephen Hawking.

P.: ¿Has dicho Stephen Hawking?

R.: Es una entrevista grabada en Cambridge, ya quisiéramos tenerlo en el plató. También hablamos con Jill Tarter, Jane Goodall y el refugio de primates Rainfer, con los que quiero colaborar para recaudar fondos. ¡Y Pedro Duque nos visita, tío! Lo que es un astronauta para los americanos y lo que es para los españoles… Me fascina conocer a alguien que ha salido al espacio con este coco y ese sentido del humor. Encima llega con su hijo y te dice que es fan tuyo y quiere conocerte. Me cago en la leche, yo soy el hijo de un astronauta y no quiero conocer a nadie más que a mi padre.

P.: ¿Crees que en España no tratamos a Pedro Duque como merece?

R.: El inconsciente colectivo español es incapaz de generar héroes porque vivimos en un país de tragicomedia. No tenemos tragedia pura porque inmediatamente hacemos una broma. Tendemos a despedazar y deconstruir. No ha habido héroes porque dudamos de ellos, cuando en EEUU te cogen a un genocida como el general Custer y con su ficción y su épica lo convierten en un héroe. Aquí somos los primeros en dudar de nosotros y a veces hay que entender que no hay héroes puros y que por encima de todo importan los méritos de esa persona. Está muy bien recibir al equipo de fútbol en el aeropuerto cuando gana, pero también estaría muy bien recibir a un cirujano que transplanta el rostro a otra persona, o a un físico que viene del CERN, o a un astronauta. Deberíamos sacar pecho como sociedad de eso. Para eso debe estar este programa: no se trata sólo de divulgar la ciencia sino cambiar el modelo de sociedad. La televisión pública debe ayudar a construir una sociedad que aprecie una serie de logros que no sean los de siempre.

P.: ¿El problema de España es que apoyamos más a nuestros deportistas que a nuestros investigadores?

R.: El problema es que se están generando dos tipos de ciudadanos: a los que les interesa el conocimiento y a los que no. Esa generación de ninis a los que no hemos conseguido motivar y a la que me gustaría incentivar.

P.: Quizá no deba preocuparnos que la ciencia y el conocimiento interesen a todo el mundo...

R.: ¡Pero si es lo más apasionante!. Yo creo que la evolución es una escalera que debemos subir para entender el universo. El progreso no es comer mejor ni vivir más tiempo sino conseguir una capacidad de comprensión del cosmos más alta. Ese es el sentido de la vida: la especie que consiga desarrollar su capacidad de aprendizaje, de comunicación y de comprensión del cosmos será la que triunfe. No la que se imponga o destruya a otras, sino la que se entienda a sí misma y entienda el entorno en el que vive. Joder, si a alguien no le interesa esto es porque no se le ha incentivado bien, porque es sobrecogedor. Es un problema de contarlo mal, no de que a la gente no le interese.

P.: ¿Y cómo hacemos para contarlo bien?

R.: Hay que volver a eso de enseñar deleitando, pero también decirle a la gente que lo que la ciencia explica es el cómo, no el por qué, ni el para qué, ni la casuística, ni la teleología. Eso es lo apasionante de la ciencia, que nos da pistas para que nosotros seamos detectives e intentemos resolver el caso.

P.: ¿Explicar el para qué es responsabilidad de científicos y divulgadores?

R.: Utilizar la ciencia para elucubrar es lo que puede interesar al gran público, y los científicos deben mojarse más y arriesgarse a teorizar, que es con lo que yo jugué en ‘Evoluzión’. Todos queremos entender el sentido de nuestra existencia, ‘The Meaning of Life’ que decían los Monty Python. Echo de menos que los científicos se pringuen en estos temas, acerca de en qué afecta mi conocimiento científico al conjunto de creencias, de valores, al sentido de la vida.

P.: ¿Y si esas cuestiones escapan del alcance de la ciencia?

R.: La física cósmica está cada vez más cerca de ser una cuestión de fe o esperanza que de raciocinio. Hace tiempo que el pensamiento ha sobrepasado nuestra capacidad de ir demostrando cosas: cada vez que se descubre algo nuevo del modelo estándar de la física se tardan tres décadas en confirmarlo. Se bromea sobre esto, pero determinados científicos han hablado sobre la posibilidad de que exista la otra vida. Cuando Hugh Everett habla de universos paralelos eso tiene connotaciones sobre nosotros. Ha afectado a nuestra cultura, piensa en ‘Stranger Things’ o ‘Fringe’, que juegan en torno a las realidades alternativas. Igual que hemos creado una nueva ficción a lo mejor es hora de generar un nuevo conjunto de creencias y tratar de definir qué es dios o dónde encaja la idea de dios en todo esto.

P.: Parece un objetivo muy elevado para la divulgación científica al uso.

R.: A mí no me preocupa tanto que la sociedad distinga la fuerza nuclear fuerte de la débil como que sepa que existen y que son responsables de ciertos comportamientos. Hay que dejarle claro a la gente de una vez que el ser mágico fantástico con barba no existe y que en caso de existir está en la fuerza nuclear. Eso es dios. Para mí lo que ha supuesto la ciencia es descubrir que las cosas son mucho más sencillas de lo que creemos y que es posible llegar a un consenso gracias a ella. ¿Estamos todos de acuerdo en que hay que invertir más en curar a la gente? Pues ya está. Además la ciencia que cura es toda: si no hubiéramos descubierto el electromagnetismo no tendríamos las terapias modernas.

(Paloma Mefer) © Proporcionado por El Confidencial (Paloma Mefer)

P.: ¿Continuará 'Orbitá Laika' tratando el problema de las pseudociencias?

R.: ¡Por supuesto! Esta mañana he visto a una grafóloga opinando sobre el carácter de la chica desaparecida en Galicia. ¿Por qué no hacerlo leyendo los posos del café? Me preocupa que a estas alturas de la civilización sigamos hablando de estupideces como no vacunar a los niños, la homeopatía y los chemtrails. Y lo que más me asusta es que lo hagan desde sectores pretendidamente progresistas.

P.: Escribí sobre el amor de cierta izquierda por las pseudociencias y no veas la que lié.

R.: Lo leí y estoy absolutamente de acuerdo. Tengo amigos actores, muy guays y muy hippies, que me dicen que a sus hijos les dan homeopatía. ¡Para eso que les den con un palo!. Prefieren pensar en la conspiración de las farmacéuticas y esas mierdas en lugar de molestarse en leer datos. Las verdades absolutas no existen pero la estadística se les acerca mucho, y en ciencia no se trata de tu opinión sino de hechos contrastados. Es la izquierda exquisita que decía Tom Wolfe, que se preocupa por los productos orgánicos y los transgénicos. Hablamos de gente que de repente es tan talibán como el fundamentalista cristiano más cerrado. Yo en uno de mis espectáculos le grito ‘¡imbécil!’ a un vaso y luego le tiro agua a un espectador y le digo: ya estás insultado homeopáticamente.

P.: ¿Por qué crees que pasa esto cuando disponemos de más información que nunca?

R.: El problema es que adquirimos el conocimiento a través de terceros, cuartos, quintos y sextos. Podemos acceder directamente a la fuente del conocimiento pero lo cogemos tergiversado. Ahí los comunicadores y los medios de comunicación tenemos una gran responsabilidad, por eso yo cuando hago un espectáculo tengo mucho miedo de decir estupideces y procuro enterarme de primera mano. Eso evitaría el bochornoso espectáculo de ver a una grafóloga opinando en la tele sobre el carácter de una desaparecida. Algo similar pasa con la alimentación, que preocupa a todo el mundo pero funcionamos a golpe de moda y de voceros en vez de sacar nuestras conclusiones a partir de una fuente fiable. No paramos de discutir sobre si los transgénicos o un trasvase de agua son buenos, en lugar de dejar que hablen los expertos.

P.: También está el problema de ese miedo innato que sentimos hacia lo nuevo.

R.: Me imagino en la Antigua Mesopotamia cuando dijeron "oye, ¿has visto este invento egipcio, el papiro?, y un mesopotámico contesta "quita, a mí me sacas de la tablilla de barro… a mí me gusta el tacto de la arcilla húmeda y la escritura cuneiforme". Es miedo por desconocimiento al cambio. Las especies que se adaptan antes son las que tienen la combinación adecuada de curiosidad y respeto: no es bueno ni ser demasiado temerario ni demasiado conservador. Hay que mirar siempre con optimismo porque como especie hemos podido adaptarnos a lo nuevo, esa capacidad está en nosotros, sólo hay que saber encontrarla. Si no damos antes un coletazo hacia miedos como los fundamentalismos, que es uno de mis grandes temores.

P.: En ese sentido me dijo una vez Miquel Barceló que tan tontos no somos: creamos la bomba atómica hace 70 años y aquí seguimos.

R.: Correcto [ríe]. Vivimos unos tiempos de cinismo que deben agotarse. El cinismo en determinado grado es necesario, yo entiendo el de Sócrates pero no el de Diógenes, porque apartarse de la sociedad y renunciar a todo no lleva a avanzar. Entiendo dudar de la moral, la fe, el conjunto de valores, las instituciones, las autoridades… Ponerlo todo en solfa. Eso es el conocimiento, hacerse preguntas. Pero llega un momento en el que hay que dejar de ser cínico y volver a ser optimistas. La lección que debemos aprender estos días es que no éramos tan guays, pero tampoco podemos salir con la sensación de que somos una mierda pinchada en un palo porque no es verdad. Este país ha fabricado un exoesqueleto que permitirá moverse a niños que no podían hacerlo. Es cuestión de apostar por eso: en vez de criticar cosas en Twitter ponernos de verdad y hacer el esfuerzo o apoyar a quien lo hace. Pero somos de destruir, tenemos esa vocación cainita y destructora pero creo que es el momento de empezar a tener fe.

P.: Suena optimista, ¿quizá demasiado?

R.: En el nuevo espectáculo, para acabar, cojo a un adolescente de entre el público y le digo: “Yo creo en ti”. Los jóvenes siempre reciben el mensaje de que dónde van con sus ideas si la vida les va a dar de hostias. Yo creo que quizá esta sea por fin la generación que nos cierre la boca a todos los mayores y haga de este un mundo mejor, ¿por qué no? No es energía barata de ‘coach’, hay que empezar por algún lado y lo fácil es destruir.

P.: ¿Qué papel tiene la ciencia en ese mundo mejor?

R.: La utopía de una Humanidad más unida puede venir a través de la democratización de la ciencia. Que la mayor parte de la gente entendiera la ciencia nos quitaría mucho oscurantismo. Decía Sócrates que el malo no es sino la ignorancia del bien: yo lo resumiría en que el mal es ignorancia. Si conoces, serás menos malo. La ciencia puede ser liberadora porque es igual aquí y en China: puedo tener una fe y un conjunto de creencias muy diferentes de los chinos pero las matemáticas nos unen. Por eso cuando intentamos comunicarnos con civilizaciones alienígenas mandamos mensajes matemáticos que puedan entender aunque no sepan lo que es el fútbol. Ellos se lo pierden.

P.: ¿Veremos un nuevo ‘Evoluzión’?

R.: En mi nuevo espectáculo uno de los asuntos que trato es la inteligencia artificial y el futuro de la tecnología. Me interesa mucho saber cómo estaremos en cincuenta años cuando la pléyade de tareas que todavía hace nuestro cerebro deje hacerlas gracias la tecnología. O qué pasará si conseguimos unirnos a la red y tener nuestra memoria en la nube. El problema es que la democracia me parece el máximo reparto del conocimiento, pero ahora mismo hay un mundo en el que tenemos drones y otro en el que se labra con bueyes. En ese sentido corremos el riesgo de que una parte del planeta quede aislada de la otra. 

P.: Lo siento pero tengo que preguntarlo: ¿qué podemos aprender de los americanos?

R.: Hace mucho, en la pelea con los rusos, comprendieron que sólo desarrollando un modelo de sociedad interesada en la ciencia y la tecnología podrían liderar el mundo. Todo ese programa de llevar la ciencia al gran público y atraer investigadores de otros países… Tenemos que aprender de ellos que sin ciencia y sin conocimiento no somos nada.

Goyo Jiménez. (Paloma Mefer) © Externa Goyo Jiménez. (Paloma Mefer)
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