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Mehta se va, el Palau se muere

El Mundo El Mundo 17/06/2014 RUBÉN AMÓN

Los clamores y las flores sepultaron anteanoche a Zubin Mehta en el foso y el escenario del Palau de les Arts. Era la manera de corresponder su memorable versión de 'Turandot' (Puccini) y de exorcizar el trauma de la despedida. Se marcha Mehta después de siete años en Valencia, como antaño lo hizo Lorin Maazel, así es que el sueño melómano y megalómano de Francisco Camps se desmorona como el Walhalla wagneriano.

No es una simple metáfora. El 'dinosaurio' que creó Santiago Calatrava se resiente de la decadencia de la fachada. Aparece desnuda y desconchada, simbolizando la agonía de un proyecto ambicioso que degenera por su propio gigantismo y porque el presidente Fabra se resiste a heredarlo.

La paradoja de este fin de semana en Valencia consiste en que el Palau muere por todo lo alto. Mehta ofició 'Turandot' el domingo como dirigió con estremecimiento'La forza del destino' el sábado, otorgando a la ópera de Verdi un valor profético sobre el crepúsculo valenciano: su final estaba en su embrión a cuenta de la opulencia y de la visión cortoplacista.

Tensión

Se vivieron estos días en el Palau funciones de enorme tensión y hasta de connotaciones asamblearias. Los espectadores tanto aclamaban al maestro Mehta como vituperaban a las autoridades, aunque el presidente Fabra y la alcaldesa Barberá eludieron el escarnio porque comparecieron el sábado con la 'protección' de la Reina. La recibieron con grandes ovaciones, pero el entusiasmo hacia Doña Sofía no contradijo que los espectadores increparan al propio Fabra, en cuyo programa autonómico la ópera de Valencia representa unas connotaciones superfluas. Tanto es así que el presupuesto aún provisional para la próxima temporada se limita a 2,6 millones euros, la décima parte que en 2007. Nada que ver con el dinero del Teatro Real -42 millones- ni con los números del Liceo (41 millones). De hecho, la contribución del ministerio de Cultura a Valencia no rebasa los 400.000 euros cuando aporta casi nueve millones al Real y cerca de seis millones al teatro barcelonés.

El vacío

© Proporcionado por elmundo.es

La consejera de Cultura de la Generalitat valenciana ha promovido el nombramiento de un nuevo director musical y ha urgido a encontrarlo de inmediato, acaso ignorando la agenda sobrecargada de los maestros y el mensaje que traslada a los profesionales la marcha de Mehta. Oficialmente, se justifica su salida por sus elevados honorarios, pero Mehta atribuye su renuncia a la ausencia de un compromiso político. Los tiempos de gloria en que llegó a realizarse un premonitorio 'Anillo del nibelungo' contrastan ahora con el desapego de la Administración, con más razón cuando la obra señera de Calatrava exhibe su propia fatalidad. No hay dinero ni para corregir los problemas de acústica de la sala sinfónica, de forma que el Palau se expone a convertirse en un teatro marginal. La prueba está en que la sobreintendente, Helga Schmidt, sólo considera garantizado su futuro hasta el mes de mayo, un síntoma de la precariedad y de la provisionalidad con que el presidente Fabra gestiona la herencia de Camps en materia de proyectos descomunales.

La orquesta

Las funciones de 'La forza del destino y de Turandot' han demostrado que la orquesta titular del Palau de les Arts es la mejor agrupación española y que puede competir en el foso con las principales estructuras occidentales. O que podía, puesto que el recorte del presupuesto, los correspondientes EREs y la inestabilidad del propio teatro han reducido la plantilla a 54 profesores titulares. Varios de ellos han decidido marcharse en beneficio de orquestas más seguras, de tal manera que la crisis valenciana podría implicar el desmantelamiento de la sala de máquinas, toda vez que el gran hecho diferencial del Palau era su orquesta y su capacidad de atracción de las grandes batutas, incluidas las de Mehta, Maazel, Chailly o Gergiev.

El adiós

Zubin Mehta no se descompuso entre tantas flores y ovaciones. Las agradeció juntando las manos, diciendo sin decir Namasté, un saludo tradicional de la cultura india que tanto vale para aludir al hola como para significar el adiós. Y adiós ha sido lo que ha dicho Mehta. Adiós por la puerta grande. Valencia lo necesitaba más de cuanto él necesitaba Valencia, pero esta falta de correspondencia no deteriora la proyección artística e internacional que Mehta ha aportado a sus siete años en el Palau de les Arts. Impresiona que la despedida haya sido con la escena triunfal de 'Turandot', pero más impresiona el aspecto del Palau deteriorándose como el presagio del 'Crepúsculo de los dioses wagneriano'.

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