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Merkel, ante el reto de lograr un nuevo consenso para gobernar

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 elmundo.es

LA VICTORIA por cuarta vez consecutiva de Angela Merkel en las elecciones legislativas celebradas ayer es una buena noticia, no sólo para los ciudadanos alemanes, que han premiado una excelente gestión económica, sino para la UE, que esperaba la ratificación en las urnas de la candidata democristiana para revitalizar el eje franco-alemán y emprender un periodo de reformas comunitarias. En unos comicios con una alta participación (75%), el electorado alemán ha votado con buen criterio a una líder que sin el carisma de otros cancilleres históricos ha logrado en 12 años sacar al país de la recesión y convertirlo en el auténtico motor económico de Europa.

No obstante, los votantes han enviado un claro mensaje tanto a Merkel, que ha bajado un 8,2% en porcentaje de voto con respecto a 2013 situándose en el 33,5%, como a los socialdemócratas, que han perdido el 4,9% del apoyo que obtuvieron en los anteriores comicios, logrando sólo el 21% de los sufragios. Pese al periodo de prosperidad y estabilidad vivido por el país gracias a la gran coalición entre los principales partidos, ésta no podrá reeditarse. El propio Martin Schulz anunció, poco después de conocerse los sondeos a pie de urna, que no repetirá el pacto con la derecha, poco valorado por su electores. A Merkel le queda por tanto la difícil tarea de formar gobierno con los liberales de Christian Lindner, que han regresado a la cámara de representantes con el 10,5% de los votos, y con los Verdes (9,5%), dispuestos a un entendimiento con la canciller facilitado por el freno puesto en esta legislatura al desarrollo de la energía nuclear. Un difícil equilibrio que pondrá a prueba la capacidad negociadora de Merkel, que cuenta con el hándicap añadido de tener que hacerlo en el parlamento más fragmentado de la historia del país. Alemania no puede permitirse tener un gobierno débil, ya que precisamente ha sido la estabilidad lograda en la anterior legislatura la que ha posibilitado el desarrollo económico y que Merkel sea la líder indiscutible de la UE.

De los seis grupos que estarán presentes en el parlamento federal, el que más inquietud causa en la opinión pública alemana y en la comunidad internacional es Alternativa para Alemania (AfD), la formación de extrema derecha que obtiene por primera vez presencia en el Bundestag, tras haber recibido el apoyo del 13% del electorado y haberse convertido en la tercera fuerza política del país. Aun así, con ser alarmante, a pocos ha extrañado esta espectacular subida, ya que AfD tiene representación en 13 de los 16 estados federales.

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Desde la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial es la primera vez que un partido ultraderechista entra en la Cámara Baja. Si a ello le añadimos la subida de la Izquierda, que ha obtenido el 9% de los votos, nos encontramos con que más de uno de cada cinco votantes ha optado por partidos populistas de uno u otro signo. Es el resultado de las políticas aplicadas por la gran coalición que por su propia naturaleza pactista ha dejado sin representación a los votantes situados a la extrema derecha y a la extrema izquierda del espectro electoral. Pero también es la consecuencia de que una parte de la población no ha percibido los beneficios de la recuperación. Porque si es cierto que el paro se ha reducido a mínimos, no lo es menos que en parte ha sido posible gracias a la precarización de los empleos. La introducción de los minijobs ha provocado que aumente el número de trabajadores en riesgo de pobreza, que muchos de ellos estén condenados al pluriempleo y que los mayores de 65 años hayan perdido capacidad adquisitiva de manera preocupante.

Pero sobre todo, el ascenso de la extrema derecha está estrechamente vinculado a la política de inmigración aplicada por Merkel, que se quedó prácticamente sola entre el resto de líderes europeos en su iniciativa de acogida a refugiados e inmigrantes. La lenta y difícil integración de los más de un millón de personas llegadas al país ha tenido como consecuencia inmediata el aumento de la xenofobia y el racismo, sentimientos que ha sabido capitalizar perfectamente la AfD, en detrimento del electorado más conservador de la CDU, que además puede haber castigado a Merkel por la legalización del matrimonio homosexual, algo que no estaba en el programa democristiano y ante lo que tuvo que ceder ante sus socios de Gobierno.

Si finalmente Merkel llega a un acuerdo con los liberales y los Verdes, estará obligada a ceder en cuestiones como el Brexit o las políticas de solidaridad con los países del sur, poniendo en peligro el consenso dentro la Unión Europea.

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