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Merkel no cede con el déficit

El Mundo El Mundo 18/06/2014 ROSALÍA SÁNCHEZ
© Proporcionado por elmundo.es

Merkel rechazó explícitamente la posibilidad de flexibilizar los plazos de reducción del déficit público que establece el Pacto de Estabilidad, después de que el primer ministro italiano, el socialdemócrata Matteo Renzi, haya incluido esta exigencia en su pliego de condiciones para apoyar al candidato conservador a la presidencia de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker.

«No hay ninguna necesidad de modificar el Pacto de Estabilidad, porque el Pacto establece la necesaria flexibilidad para superar los problemas», insistía la canciller alemana, al tiempo que se esforzaba por convencer a la prensa de Berlín de que los miembros de la gran coalición «estamos completamente de acuerdo» al respecto.

Unas horas antes, sin embargo, el número dos de su Gobierno y presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Sigmar Gabriel, había concedido una entrevista en la que pedía más tiempo para los países del sur en su proceso de reducción del déficit. «Me gustaría ver más honestidad en ese debate... Si los alemanes están en una mejor posición que otros países hoy es porque llevaron a cabo un duro programa de reformas con Gerhard Schröder (...) pero nosotros también necesitamos nuestro tiempo para reducir el déficit», argumentaba Gabriel en las antípodas de Merkel.

La denominada «flexibilización» del Pacto de Estabilidad, exigida por Renzi y apoyada por el francés Hollande, supone toda una revolución de la política económica impulsada por Bruselas en la última década e incluiría la prolongación de los plazos concedidos para situar el déficit por debajo del 3% del PIB o para reducir la deuda, así como la exención de ciertas inversiones en el cómputo de ese déficit público. Concretamente, contempla un cambio contable que permita que la inversión pública en crecimiento y empleo financiada con deuda no compute como déficit presupuestario. Todo ello, sumado a una política europea de inmigración diferente y un debate sobre el reparto de competencias, compondría el precio que Renzi ha puesto al nombramiento de Junker, al que Merkel defiende como candidato de su propio partido europeo, pero que está dispuesta a sacrificar en virtud del contenido de la próxima legislatura europea.

En la negociación que tendrá lugar en el próximo Consejo Europeo, jugará un papel fundamental el factor tiempo. Merkel ha hecho saber al resto de líderes europeos que es partidaria de «avanzar rápidamente para nombrar a Juncker» porque «cuanto más dure el debate, más tóxico se va a volver, especialmente en los tabloides británicos». La opinión pública alemana también presiona en ese sentido. El premier británico David Cameron, sin embargo, juega en su estrategia de negociación con la posibilidad de retrasar todos los nombramientos hasta el otoño para negociar un paquete más favorable. Cameron, sin embargo, pierde por momentos protagonismo a favor de Renzi, convertido en la cabeza visible de la oposición a Merkel en el ruedo europeo.

El primer ministro británico, John Major, reconoció ayer los trazos victoriosos de la estrategia de Renzi y afirmó sobre Juncker: «No creo que sea el candidato adecuado, pero es concebible, por las razones equivocadas, que Europa pueda elegir al candidato equivocado». Nadie ha preguntado a Juncker, por cierto, qué opina él de todo esto.

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