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Miedo y tristeza

Logotipo de El Mundo El Mundo 02/10/2017 LUCÍA MÉNDEZ

Día triste para España. El 1-O pasará a la Historia con toda seguridad. No sabemos si será el punto y aparte del «proceso», o el comienzo de algo peor. «España se rompe» fue una pancarta que el PP puso en circulación contra Zapatero y que habitualmente utilizamos políticos, periodistas y humoristas en tono de chanza. Quién sabe si después del 1-O habrá que empezar a tomársela en serio. Quién sabe si no es que España se rompa, sino que ya se ha roto y no habíamos caído en la cuenta. Y con un Gobierno del PP para más señas.

Al caer la tarde del aciago 1-O, el presidente del Gobierno de España dijo lo mismo que había dicho el día anterior, la semana anterior, el mes anterior, el año anterior y el 9-N. No ha habido referéndum. El Estado lo ha impedido. El 1-O sólo ha sido «escenificación». Dando por bueno su argumento, la «escenificación» del 1-O mostró una España que no nos gusta. Una España en la que no podemos reconocernos. Una España que da miedo y un poco de vergüenza, al comprobar hasta dónde hemos llegado sin que nadie haya sido capaz de evitarlo.

Si la rebelión catalana tiene como hecho diferencial una intensa emocionalidad, con total desprecio a las leyes y a las normas de la democracia representativa, el Estado ha hecho un pan como unas tortas. Las cargas policiales lograron cerrar un puñado de colegios electorales, pero a cambio han proporcionado al movimiento independentista unas imágenes que valen su precio en oro en el mercado de la «escenificación» sentimental. Esa zanja imaginaria que separa sentimentalmente a muchos catalanes del resto de los españoles se ha visto ensanchada, veremos si de forma irreversible. Si el nacionalismo es victimista por su propia naturaleza, ahora ya tiene víctimas con sangre en la cara y lágrimas en los ojos. Imágenes que son pasto de todos los medios internacionales. Asombro mundial porque el asunto es tan difícil de entender fuera como dentro de España.

El Gobierno sostiene que las Fuerzas de Seguridad actuaron de forma proporcional. La palabra «proporcional» no significa lo mismo para un jefe de los antidisturbios que para los ciudadanos que ven las imágenes por televisión o en las redes sociales. Todos los políticos españoles tenían miedo a lo que pasaría el 1-O. Un miedo ahora sabemos que justificado. Un miedo que no se les borró de la cara en las comparecencias públicas que protagonizaron al final de la jornada.

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Había miedo y estupor en el rostro impenetrable de Rajoy. Había miedo y gravedad en la cara de Pedro Sánchez. Ambos se escondieron de las preguntas de los periodistas quién sabe si porque no tenían respuestas. Sólo discursos. Había miedo y enfado en el rostro de Pablo Iglesias. Había miedo e incertidumbre en el gesto de Albert Rivera.

Rajoy auguró que hoy regresará la «normalidad institucional». Que Santa Lucía le conserve la vista. Porque hasta el artículo 155 hubiera sido mejor que este funesto 1-O.

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