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Miroslav Tichý

Notodo Notodo 28/07/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Miroslav Tichý" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Miroslav Tichý"

Vivió quince años de fama y casi setenta de soledad. Durante muchos años permaneció al margen de la sociedad centrado en su trabajo y perseguido por el régimen comunista, que le internó en numerosas ocasiones en centros psiquiátricos y en prisión. Hablamos del fotógrafo vagabundo (¿o quizá deberíamos denominarlo antifotógrafo?) Miroslav Tichý. El artista checo estudió en la Escuela de Bellas Artes de Praga y tras huir de la policía checoslovaca, vivió como un indigente realizando unos cien retratos diarios de las mujeres de su pueblo con cámaras que él mismo construía con latas de conserva, paquetes de tabaco, cartones, gomas de calzoncillos, cristales de gafas viejas, trozos de plexiglás pulidos con ceniza de cigarrillos… y que cada noche revelaba en su chabola en una ampliadora fabricada a mano.

Paseándose cada día con su larga barba y sus harapos, fotografiaba de manera compulsiva a las transeúntes con estas cámaras construidas con deshechos, y por ello era considerado por sus vecinos como el loco de Kyjov. Pero su locura robaba a lo voyeur las promesas de la lejana mujer desconocida que no están al alcance de un loco. Su disparatada cámara las sobreexponía, manchaba y rayaba para finalmente pintar a mano los marcos y paspartús y obtener como por arte de magia imágenes de una belleza casi onírica, a caballo entre la pintura y la fotografía y que le llevaron a exponer en prestigiosas instituciones como el Centro Pompidou de París.


Pero lo cierto es que Miroslav Tichý nunca quiso ver ninguna de estas exposiciones ni aceptó otros ingresos que no fueran su casi insignificante pensión. No le interesaba recibir dinero por sus fotografías; lo que sí hizo fue reflejar los cambios sociales de aquellos años en Europa a través de sus imágenes callejeras. Su obra es un retrato íntimo de su ciudad y al mismo tiempo, una representación universal y atemporal de la mujer, a la que retrató en distintas actitudes y edades. Su fotografía tiene ese encanto de lo imperfecto, lo antiguo y lo artesanal mezclados con una mirada tremendamente inquietante y directamente vinculada al soporte fotográfico para crear su magia mediante una atmósfera romántica, misteriosa y pictórica.

"Si quieres ser famoso tienes que hacer algo y hacerlo peor que cualquier persona del mundo entero", decía Tichý en el documental sobre su vida Tarzan Retired, que se proyecta también en esta muestra. Un documental que desvela una delicada obra surgida de la más dura de las vidas. Y es que este Diógenes de nuestro tiempo, desde su vida de ermitaño y sin salir jamás de su ciudad natal, comprendió perfectamente el principio último del arte: crear aquello que no está. Y lo hizo desde la nada. Sus fotografías son creación pura, y este hecho es el que lo sitúa como uno de los principales transgresores de la historia contemporánea actual de la fotografía.








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