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Monta un Zara en casa: esta impresora 3D española fabrica tu propia ropa

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 03/10/2016 Cristina Sánchez

A Gerard Rubio le invadió el espíritu ‘maker’ cuando descubrió las impresoras 3D hace ya unos cuantos años. Con ayuda de otro compañero amante del ‘cacharreo’, se pusieron manos a la obra para construir la suya propia. Aprendió también por entonces el rudimentario funcionamiento de las máquinas tricotosas en la Escuela Superior de Diseño ESDi en Sabadell. Le asombró saber que seguían dependiendo de las viejas tarjetas perforadas y que utilizarlas era "muy sacrificado", una labor casi manual. Así que al espíritu se sumó una idea.

"Me chocaba pensar que no hubiera ninguna herramienta que te permitiera hacer prendas de ropa a partir de archivos digitales como es posible hoy con las impresoras 3D. Decidí hacer la máquina análoga en el mundo textil", explica Rubio a Teknautas. Si las grandes y carísimas máquinas de tejer industriales eran sofisticadas, ¿no se podía crear una versión doméstica para fabricar nuestra ropa en la era del ‘do it yourself’? Este barcelonés decidió desarrollar "una máquina automática asequible para la gente normal" y se marcó una meta aún mayor: "Democratizar el mundo textil".

Dio el primer paso en su misión con su proyecto fin de grado. Presentó Open Knit, una suerte de impresora 3D de código abierto alimentada con hilos. El invento tuvo más éxito de lo que esperaba. Subió un vídeo a Vimeo, vistiendo con sus divertidas prendas de colores a los maniquíes de Mango o Zara, que despertó el interés de medios y ‘makers’. Así que hace unos meses creó Kniterate para que sus máquinas no se queden en un simple proyecto.

De Londres a Shenzhen…

Pasar a ser el CEO de una ‘startup’ no ha sido un cambio fácil para Gerard. Ha estudiado Dirección Cinematográfica y Diseño Audiovisual y se ha curtido en el mundo del arte interactivo. Invitó a los turistas y vecinos de Barcelona a ser su propio ‘souvenir’ hace un tiempo —les escaneaba e imprimía en 3D una réplica de sí mismos— y participó en la creación de la primera orquesta ‘wearable’ en la que ropa provista de sensores emitía sonidos. “Esos inicios como precarios nos permitieron adquirir un montón de conocimientos, también nos dieron mucha libertad”, rememora Rubio. La escasez de recursos para lanzar sus proyectos le obligó a aprender electrónica tirando de imaginación.

"Al ver el interés que estaba generando Open Knit, la impresora de ropa, me planteé la idea de por qué no llevar esto más allá". Este artista vio que emprender la caminata era difícil en España, así que cofundó Kniterate en Londres hace unos meses junto a Triambak Saxena, un biólogo al que conocía desde el instituto y que se encarga del desarrollo empresarial, y a Tom Catling, un astrofísico británico que se ha convertido en un experto de la fabricación textil.

Hace unos meses, recibieron el apoyo de la aceleradora de ‘hardware’ HAX, ubicada en Shenzhen. Con la financiación que han conseguido (100.000 dólares, unos 90.000 euros) y todo lo que han aprendido trabajando en el Silicon Valley chino de la electrónica, han podido perfeccionar su máquina. "Ir a Shenzhen fue un poco como profesionalizar la empresa. Adquirimos conocimientos a todos los niveles", apunta Rubio. "Poco a poco, sin darnos cuenta, nos fuimos decantando por una máquina más profesional, más duradera y con unas características superiores". 

Raúl Nieves y Gerard Rubio con su impresora 3D de madera en 2009. (Gerard Rubio) © Proporcionado por El Confidencial Raúl Nieves y Gerard Rubio con su impresora 3D de madera en 2009. (Gerard Rubio)

El prototipo con el que llegaron a HAX era ‘low cost’: estaba fabricado a partir de piezas impresas en 3D o de madera. Poco a poco, las han reemplazado por otras de acero o plásticos más resistentes. Por ello, la máquina final, que acaba de regresar a Machines Room, el espacio para ‘makers’ en Londres donde le están dando los últimos retoques, no será finalmente ‘open source’. Sería difícil que alguien llegara fabricar por su cuenta este laborioso invento.

Pese a ello, el proyecto sigue hundiendo sus raíces en el universo de la impresión 3D, gracias al que se ha creado una auténtica comunidad de entusiastas que comparten los diseños de sus creaciones a través de páginas como Thingiverse. "Está muy inspirado en el mundo de las impresoras 3D, en todo ese ecosistema de ‘tenemos la máquina, tenemos el programa que genera archivos y hay una red social donde se pueden compartir esos archivos’", señala Rubio.

La máquina de tejer Kniterate. (Gerard Rubio) © Proporcionado por El Confidencial La máquina de tejer Kniterate. (Gerard Rubio)

Además de trabajar desarrollando la impresora de ropa, han creado una plataforma ‘online’ gratuita: quien lo desee puede diseñar sus propias prendas fácilmente a través de plantillas o incluso empezar de cero. Además, al ser un proyecto colaborativo, otros pueden disfrutar de los diseños.

“[Se trata de] ofrecer a la gente nuevas opciones a nivel de consumo y también generar nuevos lazos sociales a través de compartir este tipo de archivos y que la gente desarrolle un poco más su creatividad”. El movimiento ‘hazlo tú mismo’ ha llegado a la moda —la 'startup' española We are Knitters triunfa enseñando a la gente a tejer por internet— y la máquina de Rubio es una novedosa vuelta de tuerca.

… y a Kickstarter

Ahora bien, ¿tendremos esta máquina en nuestra propia casa para tejer nuestros jerséis y bufandas? Rubio estima que cada una costará entre 3.000 y 5.000 euros, por lo que de momento planean venderlas a escuelas de diseño, estudios de moda, universidades, ‘fablabs’, talleres o pequeños negocios como tiendas ‘online’, así como a los particulares más entusiastas.

"Por un lado, tenemos la gente que lo necesita, esta gente que está desarrollando ropa", explica el CEO de Kniterate. "Y luego está la gente más creativa, más inquieta, más ‘maker’ que tiene más inquietudes sobre cómo se hacen las cosas y que quieren crear cosas, más concienciada con la producción local". El usuario que no pueda comprarse una, sigue teniendo la posibilidad de llevar un atuendo personalizado: podrá pedir a Kniterate o al establecimiento más cercano que le impriman la vestimenta.

La idea no solo ha gustado en la meca del ‘hardware’ china. Recientemente la presentaron en el Maker Faire Bay Area de California, uno de los festivales para artesanos digitales más importantes de los que se celebran en ciudades de todo el mundo. "Ir allí y conocer a cientos de personas estuvo muy bien, recibimos muy buen ‘feedback’, aprendimos un montón sobre cómo la gente quería la máquina y con unas cuantas personas seguimos en contacto".

Su próxima zancada será lanzar, antes de que acabe el año, una campaña en Kickstarter, aunque no descartan tampoco recaudar fondos a través de rondas de financiación para comenzar la producción de las primeras cien máquinas.

La máquina tarda dos horas en imprimir una bufanda. (Gerard Rubio) © Proporcionado por El Confidencial La máquina tarda dos horas en imprimir una bufanda. (Gerard Rubio)

"Ahora estamos empezando a recoger los frutos, que son como las piezas de ropa que salen", bromea Gerard. Tal vez, dentro de un tiempo, también nos animemos a recoger una prenda exclusiva de una de las máquinas de Kniterate. Como la habremos diseñado nosotros, y sabremos cómo se ha fabricado, disfrutaremos mucho más de llevarla encima. 

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