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Mundial 2014: Un 'maracanazo' infinito

La Vanguardia La Vanguardia 11/06/2014 Juan B. Martínez

El día que debuta el Mundial 2014 y que se estrena Brasil, mañana 12 de junio, es el día de los enamorados en la patria del fútbol. Pero el de los desdichados -al menos para los brasileños- siempre será el 16 de julio de 1950, la fecha que quedó marcada por el maracanazo, la victoria de Uruguay ante los anfitriones que celebraban el título antes de jugarlo. ¿Qué queda de aquel recuerdo ante el torneo que ahora empieza? ¿Los fantasmas viven o están definitivamente enterrados?

Willy E. Frey, de 71 años, tenía 7 cuando ocurrió lo inexplicable. "Lo recuerdo muy bien -explica este veterano seguidor a La Vanguardia-. Entonces vivía en Río de Janeiro y sólo oír el nombre de Maracaná los niños abrían los ojos admirados. Era una palabra mágica y perder aquel partido fue terrible. Lo escuché por la radio, apenas si había llegado la televisión a Brasil. Fue una tremenda decepción, mayor de lo que supondría ahora si se repite para los brasileños porque entonces significó una vergüenza. Éramos un gran país y caer ante un país tan pequeño como Uruguay dolió. Ahora soy poco optimista con Brasil, con este gobierno que tenemos...", señala, y recuerda a continuación que su hijo estudió en Barcelona.

Parecida opinión tiene Gerson Barbosa, encargado de un quiosco de prensa en el Largo Frederico F. de Oliveira, en el centro de Curitiba. "Yo no había nacido, pero en mi familia ese partido se comentó siempre. Entonces había un espíritu más deportivo, ahora se piensa demasiado en el dinero, que es lo que manda. Si se repitiera ahora creo que la gente estaría triste pero no tanto como entonces porque hay más conocimiento, no sólo exis-te el fútbol y hay una conciencia de que otros equipos también pueden ganar, se sabe valorar a los demás. Brasil lo tiene todo para salir campeón, incluido un entrenador que parece hecho para ser seleccionador porque con los clubs no funciona", explica este quiosquero, que se define como torcedor, pero no como un fanático.

Más lo es Francisco Alice, enfrascado en plena tertulia futbolística a las puertas del Café Avenida, con otros aficionados que peinan canas. "Tenía 4 años cuando Uruguay nos ganó y sé más de aquel día por lo que me han explicado que por lo que recuerdo directamente. Me dijeron que se hizo el silencio en mi casa, que se apagó la radio y no se oía nada. Creo que la sociedad brasileña ya ha superado el maracanazo, ya no tenemos ese miedo, aunque, claro, si preguntas a gente de más de 80 años te puede decir otra cosa", apunta, antes de torcer el morro cuando se le menta al seleccionador brasileño, Luiz Felipe Scolari. "No creo mucho en las opciones de la seleçao, no me gusta Felipao, lo veo muy cansado y demasiado proteccionista y defensivo. Creo más en España, que pienso que tiene un buen elenco de jugadores".

Más optimista es Osvaldo Fabro, dueño de una tienda de moda masculina en la plaza Osorio curitibana, sobre todo porque ve más prudencia que en 1950. "Había un clima de euforia brutal en Brasil entonces. Estaba Maracaná, que se había inaugurado sólo para eso y con el objetivo de ser campeones del mundo. Todos lo daban por hecho y en la calle también. Mejor nos hubiera ido si nos hubiéramos tapado la boca. Por fortuna en ese sentido ahora no hay tanta euforia. Yo creo que los padres ya no les hablan a sus niños del maracanazo, un poco porque han pasado muchos años y un poco por superstición, hay cosas de las que es mejor no hablar, pero mis padres siempre lo recordaban", asegura antes de romper una lanza a favor de la seleçao. "No sé si Brasil quedará campeón, pero sí que tiene al técnico con más carisma posible, el que más ilusión despierta en todos los grupos de edad e incluso entre las mujeres". Una impresión que refrenda una encuesta de la Folha de São Paulo, que da a Felipao mayor cuota de apoyo popular que la que tuvieron los últimos técnicos brasileños en los mundiales.

Pero si los aficionados, al menos los abordados, creen que el maracanazo es el pasado y que no hay que tener miedo, más temerosos son los profesionales. En este sentido Scolari, en la granja Comary, la aislada concentración de la selección brasileña, ha prohibido a sus futbolistas que se refieran a ese episodio maldito de la historia y que se resistan cuando se les pregunte por ello. Incluso ha trabajado intensamente con la psicóloga del equipo sobre este asunto.

En cambio, Uruguay supone la otra cara de la moneda. Los anuncios de los patrocinadores de la selección charrúa han puesto énfasis en el mayor éxito del equipo y los jugadores fueron despedidos en el aeropuerto de Montevideo por un hombre disfrazado de fantasma, el fantasma, lógicamente, de Maracaná. A pecho descubierto sólo Pelé ha dicho en Brasil que espera una reedición de la final del 50. "Sería la hora de la venganza definitiva". Habría fantasmas hasta con cadenas.

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