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Nadal conquista su noveno Roland Garros ante Djokovic

La Vanguardia La Vanguardia 08/06/2014 Roberto Rodríguez

Rafael Nadal Parera se ha convertido en leyenda del tenis al lograr su noveno título de Roland Garros tras derrotar en la final a Novak Djokovic (3-6, 7-5, 6-2 y 6-4). En la madre de todos los partidos, en un encuentro con la eternidad, Nadal, como siempre ha hecho en los momentos importantes, no falló e hizo lo que nadie había logrado antes. Con una exhibición de talento, fuerza, determinación y humildad, el mallorquín se hizo con su Grand Slam número catorce, igualó a Pete Sampras y se convirtió en mito en una tarde irrepetible que será recordada para siempre.

Desde que en aquel 2005 conquistara Roland Garros por primera vez casi siendo un adolescente, Nadal nunca ha dejado de fallar a su cita llevándose a sus vitrinas al menos un Gran Slam. Sólo Robin Soderling le alejó en una ocasión del triunfo en su casa, en lo que supone ya el mayor dominio de un tenista sobre una superficie en un torneo grande. En una Philippe Chatrier a rebosar, en esta ocasión añadió a su palmarés un récord inigualable cuyo mérito es mayor al haberlo alcanzado ante uno de los mejores tenista del momento y el mayor rival de su toda su carrera deportiva, Novak Djokovic.

Por primera vez en su carrera 'Nole' perdió una final tras imponerse en el primer set. Nadie había logrado derrotar al monstruo serbio cuando se adelantaba en marcador. Pero en París los imposibles están sólo al alcance de Rafael Nadal, capaz de voltear el marcador ante el tenista más en forma del momento, de darle una clase magistral con su derecha, y de cerrar el encuentro más importante de su carrera con una lesión de espalda que le impedía sacar con potencia.

De nuevo la garra y la fuerza del mallorquín surgieron en los últimos juegos del cuarto set, en los que parecía que acariciaba la victoria, esa de la que la merma física le alejaba de manera constante. Tras ponerse con 4-2 en el marcador a su favor, tuvo que asimilar que su rival reapareciese en el partido y que los dolores se agudizasen. El serbio igualó el encuentro con un break. Nadal sabía que estaba ante su momento, su físico no aguantaría un set más. Y ahí apareció el deportista que ha enamorado a millones de personas. Dejó a un lado los nervios y fue a por el triunfo sin dudas, con la determinación de quien se sabe el mejor. La quiso más y la logró de nuevo de manera heroica. Djokovic, desubicado, se deshizo como un azucarillo en manos de Nadal en el último juego. Incapaz de asimilar la presión emocional del momento regaló el partido con una doble falta (6-4).

El partido fue desde la primera a la última bola una batalla sin tregua en la que ambos pelearon por ser dominadores en cada juego, por enseñarle a su rival su poderío para intimidar cuanto antes. Djokovic se apoyó en su saque y golpeó contra el revés de Nadal de manera constante. El mallorquín intentó desesperar al serbio cambiando la altura y la velocidad de sus bolas y dominando con su derecha desde el fondo de la pista.

Los juegos fueron de dominio claro de los sacadores hasta el séptimo, en el que Nadal comenzó a inquietar a su rival. Pero el serbio logró salvar la papeleta y lanzar su ataque. En el octavo juego llegaron los problemas para el mallorquín. Las prisas, mezcladas con la agresividad, pasaron factura a su derecha. Eso y la fortuna en la red le dieron dos bolas de break al serbio. 

Pero Nadal, que nunca ha dejado de mejorar, encontró su saque en los momentos oportunos para recuperar esas dos bolas. El nivel aumentaba en cada golpe, uno se defendía con fiereza, el otro no se daba por vencido. Ahí se abalanzó Nadal, con una confianza extrema en cada uno de sus golpes, pero su derecha se fue profunda y Nole logró el break.

En el noveno Nadal reaccionó con contundencia y presionó al máximo. El serbio respondía temeroso con una dejada extraña y varios golpes sin la agresividad que acostumbra, y el mallorquín se hizo con dos bolas para recuperar el break. Pero tal y como había hecho Nadal, Djokovic sacó su mejor repertorio de saques para cerrar el primer set de forma fulminante (3-6).

El serbio había ganado el set, pero las sensaciones de igualdad eran totales. Nadal se iba a su banco encabritado pero con una confianza renovada en su tenis. Quizás incluso sorprendido de que con su gran nivel no le alcanzase para ganar. El partido amenazaba con ser largo y el mallorquín empezó a dosificarse. Administraba sus esfuerzos y sus golpes de maestro, pero siempre mostrando confianza en su tenis.

A mitad del segundo set el juez de silla apareció en el partido para crear polémica. Pascal María vio fuera una bola que le hubiese dado el break y el mallorquín estalló. El enfado, más que justificado, transformó a Nadal en una máquina de buscar ángulos con la derecha y borró del mapa al serbio.

Lo más difícil estaba hecho, pero quedaba consolidar el break. Y ahí aparecieron los primeros problemas en el saque para el mallorquín. Siempre con segundos, Nadal veía como el trabajo del juego anterior se iba al limbo. En los momentos importantes estaba siendo mejor Djokovic, que recuperaba la igualdad.

Ambos tenistas bajaron el ritmo, que no la tensión. Los puntos eran casi siempre dominados por los sacadores y los restos pasaron a un segundo plano. Nadal era el que más intimidaba, pero no lograría asestar el golpe definitivo para llevarse el set hasta el duodécimo (7-5). El mallorquín igualaba el partido y mandaba un mensaje directo a la mente del serbio. El asalto a París iba a ser una tarea imposible.

El tercer set comenzó con un Nadal en plenitud, buscando las líneas con gran valentía. Djokovic, colorado como un tomate, no forzaba y veía como su rival le pasaba por encima. El mallorquín era un vendaval, el serbio guardaba la ropa. Un break y muchos golpes ganadores pusieron en órbita al de Manacor, que sin embargo no se fiaba de Nole y le observaba con el rabillo del ojo en cada punto.

El bajón físico o mental del serbio era evidente. Su irregularidad le iba condenando poco a poco ante un Nadal más constante, que incluso comenzaba a sacar con una potencia desconocida en él. El lenguaje corporal de ‘Nole’ era de depresión, pero nadie sabía si era real o un cuento de los que acostumbra.

Y resultó ser un bajón momentáneo. En el séptimo juego Djokovic volvió a poner en problemas a Nadal y alargó más de veinte minutos la agonía del mallorquín para lograr el quinto juego. Llegó incluso a montar el show tirando la raqueta contra la arcilla. Pero su ‘espectáculo’ no tuvo el efecto esperado y Nadal ganó su saque y cerró el set al resto, para remontar y ponerse por delante en el partido (6-2).

De menos a más, Nadal había logrado hacer mortal a Djokovic tras un inicio de mucho desgaste. Al serbio sólo le quedaba la épica, el imposible de lograr la victoria ante el mejor de la historia en tierra a cinco sets y en su casa, la tierra de París.

La tensión dio paso al cansancio en ambos tenistas. Nadal comenzaba a inclinarse tras cada punto, quien sabe si buscando aire o dolorido de su espalda. Exhaustos y nerviosos tanto Nadal como Djokovic avanzaban como podían en el partido hasta que el mallorquín sacó fuerzas de flaqueza para lograr un break en el sexto juego.

Nadal avistaba la victoria, pero de lejos todavía. Djokovic no encontraba sus golpes ganadores, pero seguía siendo un hueso durísimo. Y sobre todo porque Nadal bajó su nivel físico demasiado. Tanto fue así que el serbio logró devolver la rotura e igualar el set (4-4). El nivel emocional del partido se elevó de repente ante lo que todos intuían que podía suceder. La victoria se acercaba. Nadal peleaba contra la historia del tenis, contra el rival más fuerte posible y contra sí mismo. Derribó todos los muros y se convirtió rey de la tierra de París para siempre.

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