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Nadal suda tinta china para ganar a Pouille

Logotipo de El Mundo El Mundo 03/10/2017 ALBERTO LAMBEA

Han pasado 22 días desde que Rafa Nadal alzara el US Open en su último encuentro oficial, obviando la exhibición de la Laver Cup en Praga, y Lucas Pouille no se presentaba como el rival más fácil para la vuelta al cole. Fue un dolor de cabeza. El francés le traía malos recuerdos de su último enfrentamiento en octavos del US Open de 2016, cuando le ganó un chico rebelde con la gorra hacia atrás y la lengua hacia fuera. En primera ronda del ATP 500 de Pekín, Nadal tiró de épica para remontar un partido que se puso casi imposible, 4-6, 7-6(6) y 7-5 en dos horas y media. En el tie-break del segundo set tuvo que levantar hasta dos bolas de partido, o mejor dicho, las echó por tierra el propio Pouille. Pero el número uno estuvo ahí, remando, a la espera de un bajón del galo que únicamente llegó al final. Esto sólo lo hace Nadal.

Allí donde logró por primera vez el número uno del mundo, el ganador de 16 grandes volvió. En los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 tocó techo, rompiendo el dominio de Roger Federer y, por primera vez desde aquello, el español ha pisado como líder del ránking la capital china. Delante tuvo a un tenista que puso al más grande contra las cuerdas.Y es que Pouille cumplió su objetivo en muchos momentos: Rafa se sintió incómodo.

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Mentalmente, una roca

Valiente, temerario a veces, jugando puntos cortos, infalible con el saque... Siguió paso a paso su plan, que necesita un ingrediente principal para funcionar. Si Pouille mantiene el acierto, se la juega y le sale bien, es casi invencible. Si está fallón, y sale cruz, no tiene ninguna opción. Pero le salió cara y pareció indestructible. Bolas a la línea, ángulos imposibles y misiles desde el fondo. Un repertorio admirable. Hasta el tercer set no consiguió el español equilibrar fuerzas primero, y sumar juegos de forma más sencilla después. Ahora, Kachanov o Wu se encontrarán en su camino.

Menos mal que el francés no venía en su mejor momento. Con dos torneos menores en la mochila este año, los ATP 250 de Stuttgart y Budapest, a sus 23 años ya se le exigía un paso más. Y no lo ha dado en 2017. Las semifinales de Montecarlo y los octavos del US Open en grandes torneos de este curso son escaso botín para un jugador llamado a ser más que el 23º del ránking. Esta vez, mentalmente fue una roca. Poco o nada le pesó que en el desempate del segundo set desperdiciara dos bolas de partido, erradas ambas desde la red con dos golpes sencillos desde la red. Aún se estará preguntando cómo le han remontado.

El quinto juego no trajo los primeros problemas, porque la dificultad ya se veía venir antes, pero sí se materializó ahí. El galo rompió en ese momento el saque de Nadal, que pese a levantar una bola de set con 3-5, no pudo evitar el set en contra en el siguiente turno.

Pouille, siempre por delante en el 'tie-break'

Se seguía jugando al ritmo insoportable que ofrecía el francés. Si parecía imposible mantener ese nivel durante más de una hora, él lo estaba consiguiendo. En el octavo juego del segundo set, al fin Nadal logró sus primeras opciones de rotura en todo el partido. Antes tuvo que levantar una con 1-1, y aunque esta vez tuviera tres a su favor, dio igual. Pouille se puso el mono de trabajo y las neutralizó todas. Sin más oportunidades para cambiar la dinámica, llegó el emocionante 'tie-break' resuelto a favor de Rafa. Y eso que siempre fue por detrás: 1-3, 3-5 y 4-6, ahí tuvo el partido el tenista diestro. Se le escapó.

La manga definitiva tampoco fue sencilla para Nadal, que se complicó con una doble falta en el quinto juego. Ahí Pouille entregó el encuentro, ya que de nuevo erró una derecha en la red, más sencilla aún que la del desempate anterior. El número uno se labró tres bolas de rotura con 5-5 y terminó alzando los brazos donde hace nueve años llegó a lo más alto. Hoy, sigue mirando desde arriba a los demás.

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