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Nazis en el banquillo más de 70 años después

ABC ABC 11/02/2016
Prisioneros en Auschwitz © Diario ABC Prisioneros en Auschwitz

Angela Orosz nació con apenas un kilo de peso, incapaz de emitir un llanto, en un barracón de Auschwitz. Fue uno de los pocos bebés que sobrevivieron milagrosamente al horror nazi. Setenta y un años más tarde, se dispone a testificar ante la justicia alemana para «mantener en vida» la memoria de las víctimas del Holocausto. Será en el juicio que a partir de hoy se abre en Detmold contra Reinhold Hanning, un antiguo guarda de las SS de Auschwitz que hoy tiene 94 años. El 29 de febrero se sentará en el banquillo de Neubrandenburg otro exguardia del campo de exterminio, Hubert Zafke, de 95 años, y a partir del 13 de abril en Hanau, otro antiguo miembro de las SS que hoy cuenta con 93 años.

«No me importa que sean viejos», dice Orosz sobre los acusados. «Sabían que niños, hombres y mujeres eran asesinados cuando llegaban a Auschwitz. Sentían el olor de carne quemada que salía de los hornos crematorios».

Más de 71 años después de la liberación del campo por el Ejército Rojo, «cada sobreviviente lleva consigo su Auschwitz», señaló a la prensa ayer Thomas Walther, uno de los abogados de las cuarenta partes civiles llegadas de los Estados Unidos, Canadá, Israel y el Reino Unido.

Tres de ellos, los alemanes Leon Schwarzbaum, Erna de Vries y Justin Sonder, se presentarán este jueves y mañana viernes en los juzgados de Detmold, tras la lectura de la acusación contra Reinhold Hanning, cuyo juicio se prolongará al menos hasta el 20 de mayo.

El antiguo vigilante del campo de exterminio, cuyo estado de salud no permite más que dos horas de audiencia al día, responde por «complicidad» en la muerte de al menos 170.000 personas entre enero de 1943 y junio de 1944. Se enfrenta a entre 3 y 15 años de prisión, una pena simbólica dada su edad.

«La edad no tiene para mí ninguna importancia», subraya desde hace años el fiscal de Dortmund Andreas Brendel, que ejercerá la acusación contra Hanning, porque Alemania «debe a las víctimas y a sus familiares» perseguir hasta el final los crímenes del Tercer Reich.

Se trata de hacer justicia in extremis, según Christoph Heubner, vicepresidente del Comité Internacional Auschwitz. De los 6.500 miembros de las SS del campo que sobrevivieron a la guerra, menos de 50 han sido condenados, tras el clima vivido durante años en Alemania por las ganas de pasar página y la fuerte presencia de antiguos nazis en la magistratura.

«Este proceso habría debido celebrarse hace 40 ó 50 años. Pero incluso ahora, no es tarde», estimaba la víspera de la audiencia Justin Sonder, de 90 años, que perdió a 22 miembros de su familia durante el régimen nazi y fue deportado con 17 años.

«Incluso 71 años después de la liberación de Auschwitz, las heridas de los sobrevivientes están aún abiertas. A muchos de ellos les persiguen aún las horribles experiencias que ellos y sus allegados tuvieron que soportar», señaló a la AFP Ronald Lauder, presidente del Congreso Mundial Judío.

Pieza del engranaje de muerte

Reinhold Hanning, un joven obrero que entró en las Waffen SS en julio de 1940, tenía poco más de 20 años entonces. Fue miembro de las Totenkopf, una unidad de las SS cuya insignia era una calavera, y trabajó en el campo principal de Auschwitz desde 1942 a 1944. Las guardias que realizó lo implican, según la fiscalía, en la muerte de al menos 170.000 personas entre enero y junio de 1943, entre ellas mujeres y niños enviados a las cámaras de gas a su llegada a Birkenau, así como muertos en ejecuciones sumarias y en selecciones «secundarias», en las que eran eliminados los que eran demasiado débiles para seguir trabajando.

Los fiscales están convencidos de que el entonces sargento de las SS tuvo conocimiento de los asesinatos y que era consciente de que el sistema de exterminio sólo podía funcionar si las víctimas eran vigiladas por personas como él.

El acusado reconoció en la antesala del juicio que cumplió guardias en el campo, pero negó que hubiese participado en el asesinato de personas. Nunca ha discutido públicamente su pasado.

«Sin estas personas y su apoyo activo al Holocausto (...), el asesinato de 1,1 millones de personas en unos pocos años no habría sido posible, y muchos miembros de mi familia podrían seguir viviendo», dijo a la AFP Angela Orosz, jubilada canadiense de origen húngaro.

Contra estos acusados tardíamente, que han vivido tranquilamente en Alemania desde la guerra, no existe ninguna prueba de actos criminales precisos. Se les acusa de ser piezas en el «funcionamiento interno» del exterminio. A diferencia de juicios anteriores, el procesamiento ya no se limita a los asesinatos en las cámaras de gas, sino que incluye ejecuciones sumarias y «exterminio por las condiciones de vida» en el campo de prisioneros.

Su juicio se enmarca en una serie de procesos abiertos esta década contra otros guardias de Auschwitz. A finales de mes será juzgado Hubert Zafke, un antiguo miembro del servicio sanitario de Auschwitz-Birkenau, de 95 años. Se le acusa de haber sido guardia en Birkenau durante la llegada de 14 convoyes a finales del verano de 1944, de los que 3.681 ocupantes fueron enviados inmediatamente a las cámaras de gas. Entre ellos se encontraban Anna Frank y su familia.

A mediados de abril se espera la apertura del proceso a Ernst Tremmel, un ex guardia del campo de 93 años y en Kiel, en el norte del país, una mujer de 92 años, Helma Kisser, que trabajó como radiotelegrafista de la jefatura de Auschwitz se enfrenta a cargos por complicidad en el asesinato sistemático de judíos.

Aunque haya pasado tanto tiempo, los juicios contra los últimos nazis «deben celebrarse», según Orosz. «Parece que el mundo olvida deprisa, y cuando oigo que el antisemitismo y el extremismo progresan de nuevo en Europa, entro en cólera».

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