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Neofascismo en el "así no" de Puigdemont al Rey

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 05/10/2017 Antonio Casado

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se mantiene fuera de la ley y de la realidad, según doctrina oficial de Moncloa. Su desafío al Estado también es desde anoche un jaque al Rey: “Así no”. Una calculada réplica al 'así no' de Felipe VI, que 24 horas antes le hizo culpable de dividir a los catalanes, vulnerar el orden constitucional y menospreciar los sentimientos “que nos unen y unirán siempre”.

No acusa recibo del emplazamiento de la Corona para que las autoridades del Estado restablezcan la legalidad atropellada y garanticen el funcionamiento de las instituciones. A Puigdemont le entró por un oído y le salió por el otro. Anoche confirmó que se dispone a culminar “lo que otros pueblos han hecho y seguirán haciendo”, en referencia a una declaración de la república independiente de Cataluña en los próximos días. Erre que erre. Cabalgando sobre los cuentos que mecen la cuna de los catalanes y dando lecciones de democracia al Rey.

De la corriente informativa de ayer tomo las reacciones que, cada vez con menos reparos, apuntan hacia el linaje neofascista del separatismo catalán. Por un lado, la sobrevenida declaración de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que distingue entre la España democrática y la “dictadura de pensamiento único” oculta tras el “así no” de Puigdemont al Rey. Y por otro, las comentadísimas declaraciones de un antecesor de Santamaría en el mismo cargo.

Prefascismo y golpismo. Son las dos pedradas virales del exvicepresidente del Gobierno Alfonso Guerra contra la absurda pretensión nacionalista de proclamar la república independiente de Cataluña. Quien necesite elementos de prueba, por si fuera una enormidad comparable a la idea maledicente del Estado represor, venteada estos días por los agitadores del 'procés', solo tiene que tantear el calibre político y moral de sus costaleros. En el interior, el exetarra Arnaldo Otegi. En el exterior, Nicolás Maduro y líderes neofascistas europeos como el británico Farage, el holandés Wilders y el austriaco Strache.

El clarinazo verbal del veterano dirigente socialista tampoco llega desasistido de contraste. Basta aplicar a hechos verificables la plantilla de los célebres principios enunciados y aplicados por Goebbels, el famoso ministro de Propaganda en la Alemania nazi, donde se perseguía a los judíos como en la Cataluña confiscada por el nacionalismo se odia a los 'españoles' y a los 'malos catalanes'.

Dichos principios hablan de enemigo único, exageración, unanimidad, verosimilitud, etc. Esenciados en uno. El así llamado de 'orquestación', que dio lugar a su famoso mantra sobre la mentira repetida que se acaba convirtiendo en verdad y que hoy por hoy se potencia en las llamadas redes sociales.

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, durante su respuesta al mensaje institucional del Rey. (Reuters) © Reuters El presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, durante su respuesta al mensaje institucional del Rey. (Reuters)

En dicha plantilla encaja el fascismo posmoderno de Puigdemont, Junqueras, Forcadell, Sánchez (ANC) y Cuixart (OC). Vive en el señalamiento y acoso al discrepante, el adoctrinamiento de niños (en el franquismo se llamaba Formación del Espíritu Nacional), la configuración del enemigo común (españoles), la segregación de los malos catalanes, los 'ochocientos' heridos del 1 de octubre, el pasotismo político de los Mossos, los pueblos con más votos que habitantes, el hostigamiento a periodistas o medios que no marcan el paso alegre hacia la Cataluña una, grande y libre (pocas diferencias con la famosa prensa del Movimiento de los viejos tiempos), las amenazas a los hoteleros, la estigmatización de policías nacionales y guardias civiles, la quema de banderas de España, ay.

Continuará.

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