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Ni móviles, ni teclados, ni bolígrafos: renace la pluma

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 Berta G. de Vega
© Proporcionado por elmundo.es

Mientras la voz de Siri se perfeccionaba en el

móvil

, los pulgares se nos hacían más ágiles en los mensajes y los correos electrónicos nos colapsaban los buzones a diario, ha ocurrido algo paradójico: las ventas de plumas estilográficas no ha dejado de aumentar, por paradójico que parezca. Con sus plumines, sus cartuchos de tinta, sus iniciales grabadas, su caligrafía más esmerada.

El auge lo lidera la tradición japonesa. Porque si hay una marca que ha simbolizado este retorno ha sido Nakaya, con sus artesanos recuperados de la jubilación dando capas de laca, diseñando flores, olas y kimonos para unas plumas con un precio medio de 3.000 euros y que se revalorizan en cuanto se muere uno de los maestros del maki-e, como se conoce su técnica.

En España hay unos testigos privilegiados de este renacer estilográfico: todo el equipo de Iguana Sell. José Gómez Zorrilla y su socio fundaron la empresa en pleno inicio de la crisis. Los balances caían en picado y ellos montaron un pequeño negocio de venta on line, que recibió un empujón importante cuando les encargaron vender un stock de plumas DuPont.

José no era muy aficionado a las plumas, las usó de adolescente, llegaron los pilot y se acabó lo de cambiar cartuchos de tinta. Trayectoria habitual. Pero no, había una corriente submarina de aficionados más allá de los que las seguían comprando como regalo a médicos o para firmas en el notario.

Esa corriente suele salir a la luz en el Madrid Pen Show: «Se ha convertido en el evento más importante de Europa. Durante dos días, pasan por allí casi 2.000 personas», explica Gómez Zorrilla. La afición explica que en ciudades como Málaga siga existiendo una tienda con el nombre de El Sanatorio Estilográfico o que haya clubes que queden para destripar los secretos de un plumín.

Gómez Zorrilla se ha acabado por aficionar, claro. A las plumas, las tintas, los papeles. Tanto que hace unos tres años decidieron abrir una tienda física en Madrid, en lo que había sido la sede de un club de bridge. «Vendemos casi todo on line y el 80% al extranjero, pero en el local tocan los papeles, las tintas, los plumines y se encuentran. Nos han venido a ver clientes de Australia cuando estaban de paso por aquí», explica.

También Gómez Zorrilla va cambiando de plumas. Ahora, suele llevar una Lamy de 20 euros. El abanico es amplio. El perfil del público de este boom, también.

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