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No es mujer para competir

El Mundo El Mundo 10/06/2014 LUCÍA MÉNDEZ

Susana Díaz llegó a donde está sin competir con nadie. Sin primarias fue elegida presidenta de la Junta de Andalucía y sin alternativa fue proclamada secretaria general del PSOE andaluz en un Congreso de aclamación. José Antonio Griñán pilotó la operación y ella se hizo rápidamente con el cargo.

Pero la competición con dos chavales como Eduardo Madina y Pedro Sánchez no es el plan que más le apetecía ni el futuro que se había trazado para hacerse con el liderazgo socialista. La campaña para captar el voto de los militantes la obligaba a echarse a la carretera para recorrer las agrupaciones. Como si fuera una aspirante más y no la presidenta de Andalucía.

Además la incompatibilidad entre su cargo institucional y la secretaría general del PSOE era más que evidente. La líder andaluza tiene una posición muy fuerte en el partido y la competición la habría debilitado.

Ahora bien, todo eso ya se sabía el 25 de mayo por la noche. ¿A qué ha venido entonces la gran superproducción que ha rodado el PSOE ante una ciudadanía perpleja por las pasiones desatadas en la pantalla? Durante quince días, se han sucedido los movimientos, las maniobras, las declaraciones abiertas, los pronunciamientos privados, han salido de la hornacina los espíritus familiares de González, Bono, Zapatero, la mayoría de los barones han apostado por una mujer que les ha acabado dando calabazas.

Probablemente cada uno de los protagonistas tiene su propia hipótesis sobre la deriva en la que ha entrado el PSOE. Esta que sigue es una de tantas. Susana Díaz pactó con Rubalcaba la convocatoria de un Congreso extraordinario tras la debacle de las europeas. Un congreso tradicional se entiende, con sus votos por delegación y sus reglas orgánicas. Andalucía estaba dispuesta a tomar el mando del partido. Ni Díaz ni Rubalcaba querían adelantar las primarias, una operación a corazón abierto que les dio pánico.

Carme Chacón, Eduardo Madina y Pedro Sánchez salieron respondones pidiendo más democracia. En cuestión de horas, la ex ministra dio un paso atrás después de comprobar que la solución iba a ser orgánica porque nadie quería otra cosa.

Madina y Sánchez, más pragmáticos, se conformaron con un militante un voto, solución que les ofreció Rubalcaba, que tras el shock inicial recuperó su legendaria habilidad con el teléfono para pilotar a un tiempo la sucesión de la Corona y la del PSOE.

En algún momento de la película, Rubalcaba se la jugó a Susana Díaz y la federación andaluza observó juego poco limpio en Madina. La presidenta andaluza se dejó querer, el deseado Eduardo guardó silencio velando sus armas de caballero blanco y Pedro Sánchez mantuvo el pulso.

La situación después de la batalla es peor que la del 25 de mayo por la noche. Susana Díaz no informó al todavía secretario general de su renuncia a la competición. Mal rollo. La federación más poderosa del PSOE, la que tiene más militantes, está molesta con el primer aspirante a dirigir el partido, Eduardo Madina.

La mayoría de los barones y los veteranos se han quedado con un palmo de narices. Carme Chacón, que encabeza las preferencias de los ciudadanos según todos los sondeos, está fuera de juego. Susana Díaz, que encabeza el único poder orgánico socialista capaz de ganar elecciones, se ha puesto de lado a la espera de mejor ocasión.

Queda claro que el todavía secretario general del PSOE es capaz de sostener a la Corona española pero no de evitar que su partido vaya a la deriva.

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