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No lo entiendes

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 RAFAEL LATORRE

"No lo entiendes", oponen al jurista, al economista y al reportero. "No lo entiendes", grita el adolescente y el veterano; el hispanista inglés, el diputado charnego, el erasmus holandés, el universitario gallego y el gerundense que hunde sus raíces tan profundo en la tierra que llega a sentir los latidos de la nación. Lo mismo el intelectual que el tuitero, Juncker que Serrat, catalán que foráneo, el que se atreve a aventurarse en el laberinto dialéctico de rebatir las falacias identitarias, siempre termina en un callejón sin salida, frente a un muro erigido por tres palabras: "No lo entiendes".

En el "no lo entiendes" se unen el independentismo y el tercerismo, el rupturista y el reformador, cualquiera menos el que se muestre partidario de la igualdad ante la ley, que ese está en un plano cognoscitivo que le impide interpretar los rugidos de la patria.

© Proporcionado por elmundo.es

Te dicen que no lo entiendes como si Barcelona fuera un asentamiento de Cidonia y como si las tribulaciones fiscales de una comunidad rica fueran los arcanos de una civilización extinguida. Como si Europa no hubiera asistido en su historia a la forja de tantas identidades excluyentes y como si el procés llevara al que lo apoya o tolera a un estadio superior de la consciencia.

El "no lo entiendes" es la habitación del pánico del nacionalista. El lugar a donde huir del incómodo asedio de los argumentos racionales. Porque, además, si un efecto benéfico ha tenido la actual catarsis es que hasta los más melifluos han empezado a llamarle a la verdad, verdad y a la mentira, mentira; que es el primer paso imprescindible para desactivar un discurso político.

"No lo entiendes" sitúa "lo que está ocurriendo", que es el otro abracadabra del procés, en un lugar mágico, envuelto en el misterio, como esas experiencias religiosas que son cuidadosamente resguardadas de los profanos.

"No lo entiendes" es una fórmula tajante y necesaria, porque si dijeran «lo entiendes mal» tendrían que explicarlo y ahí es donde empiezan los problemas. Lo que le ocurrió a esa imprudente diputada del PdeCat, Míriam Nogueras, que se atrevió a ejercitar la esgrima intelectual y en el fragor de la tertulia de Ferreras dijo: "Somos diferentes y no pasa nada. Ni mejores ni peores, somos diferentes". Cuando levantas la costra festiva y retiras todas la supuraciones del discurso nacionalista, llegas a esto, la idea enquistada, el origen de la infección: somos diferentes. Me voy a condenar al infierno por esta comparación pero al igual que el Concierto para violín de Beethoven se construye sobre tres golpes de timbal, la célula mínima sobre la que el nacionalismo edifica su discurso son esas seis sílabas.

Todo lo demás es solo una consecuencia de estos seis golpes del timbal supremacista -so mos di fe ren tes- que resuenan de forma ya casi imperceptible pero latente en cada una de las manifestaciones del independentismo. En la arenga del Tardá más joseantoniano a los jóvenes parteros de la patria nueva, por ejemplo: "Tenemos el compromiso de parir la República y los jóvenes tenéis que construir sus paredes maestras. Si no lo hacéis estaríais cometiendo un delito de traición a las generaciones que no se han rendido y estaríais cometiendo un delito de traición a la tierra".

¿Son éstas las "dinámicas subterráneas" que los cerriles legalistas éramos incapaces de entender? Yo creo que sí, que son éstas. Y es verdad, nunca se entendieron bien y prueba de ello son los complejos que siempre han acompañado a los que defienden una Constitución moderna y democrática frente a una ideología tan reaccionaria y excluyente, residuo romántico del siglo XIX.

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