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No Participación

Notodo Notodo 19/09/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "No Participación" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "No Participación"

El músico Jordi Savall rechazaba en 2012 el Premio Nacional de Música. No pudo aceptarlo para “no traicionar sus principios y sus convicciones más íntimas”, puesto que la distinción procedía de la principal institución del Estado responsable del “dramático desinterés y de la incompetencia en la defensa y la promoción del arte y de sus creadores”. Todos recordamos asimismo la polémica suscitada a partir del rechazo del Premio Nacional de Artes Plásticas de España por parte de Santiago Sierra, un premio concedido para más inri “por su obra crítica, que reflexiona sobre la explotación y la exclusión de las personas, y genera un debate sobre las estructuras de poder”. En su carta de rechazo, Sierra aducía que no se identificaba con un estado que participa en guerras dementes, que dona alegremente el dinero común a la banca y empeñado en el desmontaje del estado de bienestar en beneficio de una minoría internacional y local.

La carta de Sierra, sumada a las cartas de rechazo de artistas como como Jo Baer, Marcel Broodthaers, Jean Toche, Helena Keeffe, Dan Wasil, Leina Bocar, The International Strike of Artists, Gustav Metzger, Art Strike 1990-1993 o Ladies Invitational Deadbeat Society ente muchísmos otros artistas o colectivos artísticos internacionales, dan forma a un proyecto comisariado por la historiadora del arte neoyorquina Lauren van Haaften-Schick, que pretende poner –nunca mejor dicho- las cartas sobre la mesa acerca de la auténtica oleada mundial de protestas públicas contra eventos y premios artísticos de gran importancia. Y es que no parece muy probable que haya habido un contagio a través de neurotoxinas a lo M. Night Shyamalan que ocasione que todos los artistas se comporten igual. Parece más bien como si los creadores más perspicaces se hubieran ido dando cuenta poco a poco, de que ciertos premios instrumentalizan el prestigio del premiado en beneficio del Estado.


No Participación consiste pues, en una colección de cartas escritas por artistas para rechazar la invitación a participar en eventos culturales por razones éticas o políticas. Pero es también una reflexión sobre arte y mano de obra; un archivo de riesgos y rupturas con lo establecido, fruto de una exhaustiva investigación histórica que plantea entre otras, cuestiones como la falta de pago de los honorarios de los artistas, la negación de la propiedad de los derechos, la censura o la incertidumbre sobre las fuentes de financiación de los eventos culturales.

En este momento de reconsideración y agitación de las artes, No Participación se alza como una extraña exposición que nada tiene que ver con la estética, pero mucho con una reflexión acerca de nuestros modos habituales de producción y del marcado del que formamos parte, y nos lleva a preguntarnos si esta no participación como estrategia podría realmente tener un papel relevante en la transposición del lugar que ocupan el arte y los artistas, o en otras palabras si lo que un artista rechaza es más importante que aquello que acepta.






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