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No sin mi capazo

El Mundo El Mundo 17/06/2014 CRISTINA GALAFATE

Una tarde de aburrimiento se convirtió en una auténtica aventura empresarial para Mónica Martínez, más conocida como Monuchi entre familiares, amigos y ahora también clientes. Su primer capazo personalizado surgió casi sin querer. "Un día de verano, en la casa de campo familiar, mi madre tenía un capazo colgado en un perchero, se me ocurrió decorarlo y así empezó todo".

La creatividad de esta emprendedora unida a su gran pasión por el 'handmade', hicieron el resto. "Al principio utilizaba mucho material reciclado: camisas viejas, manteles que ya no usaba...". Así hacía que cada capazo fuera distinto, que no hubiera dos iguales. Y empezaron a lloverle los pedidos. "Me encanta ir de mercadillos, todas las semanas acudo en busca de telas nuevas".

Una vez en el taller, busca la combinación perfecta y a invertir horas. "Coso a mano al capazo y le doy un toque moderno gracias a las flores, puntillas o manteles de ganchillo. La verdad es que no tengo un patrón a elegir, al estar hechos a mano, cada capazo tiene una medida diferente".

Así, Monuchi vive rodeada de capazos las 24 horas, sobre todo cuando llega el verano, su temporada alta. Sin embargo, aunque este accesorio sea hoy un verdadero 'must' en las playas, siempre ha estado de moda. "Yo recuerdo a mi abuela ir al mercado a comprar con él bajo el brazo".

En opinión de esta artesana, también es un complemento de lo más socorrido. Ya no se utilizan sólo para ir a comprar o para meter la toalla, las gafas de sol y el protector. "Valen para cualquier ocasión".

A gusto de todos

¿Su valor añadido? La exclusividad. "En mi en forma de catálogo puedes escoger tu combinación preferida, desde el tamaño del capazo, el color y tamaño de las asas, hasta la tela". Incluso, los hay a juego para madre e hija. "Me gustó la idea, porque muchas niñas tienen a sus madres como referentes y copian su estilo. ¡Monuchi no iba a ser menos!".

© Proporcionado por elmundo.es

Los capazos de Monuchi se pueden encontrar en varios puntos de venta en Gandia, como PR by Pascal Renolt, Adana complementos y Lalola Gandia, además de en su, por un precio desde los 35 euros. "Internet me ha ayudado a darme a conocer, igual que las redes sociales, juegan un papel muy importante".

Lo más gratificante, sin duda, ver sus creaciones bajo el brazo de mujeres que van caminando por la calle. "Ahí te das cuenta de que todo el trabajo y el esfuerzo que has invertido han valido la pena". Pero la cosa no queda aquí. A Mónica le encantaría ampliar en un futuro sus líneas de negocio. "Quiero crear otros complementos y también tengo en proyecto Migari & Monuchi junto a mi hermana".

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