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No soy Dean Moriarty

Notodo Notodo 16/11/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "No soy Dean Moriarty" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "No soy Dean Moriarty"

"La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas."
En el camino. Jack Kerouac
Esta frase (la primera que aparece en internet en un búsqueda random cualquiera, no voy a ir de guay) define a la perfección la fascinación que se siente por los personajes de una de esas pequeñas grandes funciones que pueblan el off de la cartelera madrileña: No soy Dean Moriarty, en la Sala Tú. La función, escrita por Joan Yago y dirigida por Gerard Iravedra, parte de la mítica novela de Jack Kerouac para ubicarnos en un bar cualquiera con dos jóvenes cualesquiera trabajando como camareros que prefieren (o no tienen otra cosa más que poder hacer) soñar a cumplir sus sueños. Se embarcan así en una recreación de la novela del máximo representante de la Generación Beat en la que se creen Sal Paradise y Dean Moriarty. Un juego dual y vertiginoso entre la ficción del viaje y la aventura y la realidad anclada a un presente inmóvil y soñador.

No soy dean Moriarty es una función con alma, que consigue casi de forma mágica hacer viajar al espectador por esos parajes americanos de la Ruta 66 y a la vez sentir ternura por esos personajes aprisionados en la incapacidad de vivir sus sueños de aventura. Fernando Tielve y Ferrán Vilajosana son los encargados de dar cuerpo y voz a estos personajes y superan el reto con nota y pasión. Tielve transmite ternura y admiración a partes iguales. Y si bien a algunos le podrá parecer algo histriónica la interpretación de Vilajosana (ese alter ego de Dean Moriarty) que por momentos recuerda a Jim Carrey (ojo, que no es un insulto sino todo lo contrario esto) "consigue arder", en palabras de Kerouac. Como la función, que arde también con esta historia de amistad de gente loca por vivir y por hablar pero de sueños sin realizar.

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