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'No te quejes del dolor de vivir...'

El Mundo El Mundo 12/06/2014 ANTONIO LUCAS

El silencio en el que ha caído el legado y la figura de Vicente Aleixandre (1898-1984) tiene algo de lección amarga. De todos los autores de la Generación del 27 fue el que más alentó a los jóvenes poetas de varias generaciones. Aleixandre, Premio Nobel de Literatura en 1977, fue faro de costa de la mejor poesía española de los años 50, 60 y 70. Su casa de la calle Velintonia (hoy lleva su nombre) fue la meta del paso trajinante de muchos poetas que comenzaron a afianzar sus voces al calor de las sugerencias y confidencias de Aleixandre. De Carlos Bousoño a Luis Antonio de Villena, de José Hierro a Pere Gimferrer, de Claudio Rodríguez a Luis Alberto de Cuenca, de Francisco Brines a Javier Lostalé.

Aquel fragor de gente que habitaba su mundo callado tiene una deuda con él, como la tienen tantos lectores que no lo son de entretiempo. Aleixandre es una de las figuras más injustamente olvidadas de la poesía española del siglo XX. Tiene algunos de los libros principales de los últimos 100 años. Por ejemplo, aquellos de primera época: 'Espadas como labios', 'Pasión de la tierra' y 'La destrucción o el amor'. A ese ciclo de finales de los años 20 y mediados de los 30 pertenece el poema inédito 'La vida', conservado hasta ahora en el archivo de Alejandro Sanz y al que ha tenido acceso ELMUNDO.

Es un poema largo, de galope surreal, elegíaco. El texto fue descartado de algunos de los libros iniciales de Aleixandre, aunque su calidad y alcance lo convierte un texto en sí mismo destacado.

El archivo total del poeta, sin embargo, lo conservan Ruth y Carlos Bousoño, reconocidos por el Tribunal Supremo como los legítimos propietarios de ese intenso legado que aloja buena parte de los manuscritos del poeta. Una sentencia considera acreditado que Ruth y Carlos Bousoño, demandados por una sobrina nieta del Premio Nobel, poseen los bienes desde el fallecimiento del autor de 'Ámbito' y durante más de 26 años porque así lo quisieron el poeta y su hermana.

Esta sentencia judicial ha sido la única noticia que, en demasiados años, ha tenido al gran poeta como protagonista. El resto ha sido el mutismo indiferente de los días, que de algún modo se va haciendo ley. Pero no siempre fue así. Aleixandre pertenece a la tribu de los maestros de la mejor poesía. No es de aquellos que sólo aspiran a deslumbrar por un momento a sus contemporáneos, sino de los que fijan la contemporaneidad. "La poesía es comunicación. Algo que sirve para hablar con los demás hombres", defendía.

Lanza las palabras más lejos que la vida

Y en su obra existe esa necesidad de decir, esa voluntad del hombre acogedor que no sólo extrema su emoción, sino que lanza las palabras más lejos que la vida. Pues más allá de la sensualidad sonora de su poesía, asoma una radicalidad estética y de pensamiento. La escritura del autor de 'Historia del corazón' tiene el pulso de una disidencia que no necesita artificios para afirmar esa voz que es verdadera expedición individual.

Aleixandre formó parte de la escudería de los afiliados a un surrealismo original que tiene mucho también de expresión de una disidencia. A ese momento pertenece el poema 'La vida'. Mantiene, de principio a fin, una voluntad telúrica donde la existencia es dolor, pero a la vez es exaltación y verdad, un fragor que no renuncia a una conciencia de oscuridad.

© Proporcionado por elmundo.es

El hombre que escribió aquellos versos mantenía aún ráfagas de joven rebelde. De una rebeldía hacia dentro, intelectual, lírica (deudora de Rimbaud, de Lautréamont, de las teoría de Freud). Pero en cualquier caso, poderosa en su obra, que iniciaba el galope. Para entonces, Aleixandre no era aún ese hombre enfermo a plazo fijo (real o imaginario; o un poco ambas opciones) en que se convirtió hacia 1932, optando por una existencia yacente. En esa postura levantó otros libros excepcionales: 'Sombra del paraíso' (1944), 'En un vasto dominio' (1962) y su testimonio de vejez, 'Poemas de la consumación' (1968), entre otros.

Pero, principalmente, en su obra está aunada la actitud del hombre revelador, del hombre en silencio, del generoso impulsor de autores nuevos; el poeta plural y de acorde auténtico, defensor del pálpito de las palabras libres desde la poesía pura, el surrealismo, la poesía intimista, la poesía social ('En un vasto dominio') y el neoirracionalismo.

Un referente injustamente traspapelado, heterodoxo, rebelde y sabedor de que "olvidar es morir". Y él no lo merece.

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