Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Noche de las tríbadas

Logotipo de Notodo Notodo 05/12/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Noche de las tríbadas" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Noche de las tríbadas"

Con una Manuela Paso desatada, pelucón agitado y escoba en ristre a ritmo de banda de metal sueco comienza La noche de las tríbadas, lo último de Miguel del Arco. Una adaptación de la pieza de Per Olov Enquist escrita en los años 70 (y ampliamente representada internacionalmente) que, ubicada en 1889, parte de una base real para ficcionar un encuentro entre el famoso dramaturgo August Strindberg y su ex-mujer Siri cuando ya estaban en pleno proceso de divorcio, ubicándose en el teatro de Strindberg (que ella dirige) y en el ensayo de una de sus obras: La más fuerte.

Strindberg siempre había procurado, sin mucho éxito, que Siri encontrara su lugar en el teatro, pero la postrera generosidad del maestro al nombrarla directora tiene también una contrapartida interesada: forzar a Siri a que vuelva a su lado con los niños y poder así recomponer la familia que tanto añora. Pero (y aquí se desata el drama) cuando aparece Marie, la partenaire de su mujer en la función, resulta que también es la amante de la misma; y es que el dramaturgo la tiene atravesada desde una fatídica noche en que se destapó la caja de los truenos. El cuarto personaje en discordia es un pobre actor que acude al ensayo pero no consigue que le tomen en serio en ningún momento.

El caso es que del Arco empieza con hardcore y continúa en alto. Pero, como con este tipo de música, si uno no tiene el día el tono puede acabar por hacerse algo monótono y piensa que el concierto podía haber durado menos. Pero esto, como todo, es subjetivo.



Del Arco ubica la acción en un escenario presidido por una enorme muro de cajas. Un vestuario de época choca con ese comienzo musical del que hemos hablado y los improperios que se lanzan desde el minuto uno, también, oscilando así las sensaciones entre una obra de época y otra actual sin aclararse. Del Arco decide que la función comience bien arriba. Tal vez demasiado, y le pasa factura. Quizás es la adaptación o esa intensidad en la dirección de actores desde el primer momento (lo que impide llegar a picos de emoción porque no ha habido valles), pero el caso es que no (me) llega a funcionar la función. Fascinado por ese momento inicial algo aislado del resto de la función, el subidón se pasa con un torrente de "hostias", "joder", "me cago en dios", "me cago en su puta madre", etc, vomitados por los personajes que puede resultar un poco excéntrico.

Y si la decisión de Del Arco de mover a sus actores por todo el patio de butacas para fomentar la cercanía (tiene pinta de funcionar como un tiro este texto en plan teatro de cámara) es muy interesante, también es incómoda para los espectadores de mitad del patio de butacas para atrás, dado que casi no se ve a los intérpretes cuando bajan del escenario (y lo hacen muy a menudo). Los deslumbrantes (en sentido literal y figurado) flashbacks de esa noche en que el protagonista descubrió a las tríbadas (lesbianas, para aclararnos) son estéticamente potentes pero polémicos en cuanto a gustos también.

En lo que no hay lugar a discusión ni a gustos es que labor de sus protagonistas es impecable. Daniel Pérez Prada está sencillamente genial como ese pobre actor que es un cero a la izquierda y consigue algunos de los momentos más divertidos de la función insuflándole aire fresco. Míriam Montilla regala su serena y sólida presencia, sobre todo en sus escuchas. Jesús Noguero demuestra otra vez más su despliegue interpretativo y resulta perfecto como ese misógino Strindberg lleno de rencor. Y Manuela Paso… ¿qué decir de ella? Que es una bestia escénica, sus registros son ilimitados y resulta tan emocionante cuando tiene que serlo que divertida en el momento necesario. Carcajadas con su maravilloso manejo de la ironía en los momentos en que se lanzan al ensayo.

El texto de Pero Olov Enquist pone sobre las tablas la misoginia extrema del autor de textos tan femeninos como La señorita Julia (confrontando arte y realidad) y la pone delante de unas mujeres fuertes y seguras que ganan la partida. Lo que pasa es que ya no debería hacer falta representar textos que hablen sobre enfrentamientos de este tipo. La noche de las tríbadas tiene aun así momentos brillantes e interpretaciones por las que sigue mereciendo la pena acercarse al teatro y escuchar un poco de metal sueco.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon