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Norah Jones

Logotipo de Notodo Notodo 08/11/2016 Adriana Martín
Imagen principal del artículo "Norah Jones" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Norah Jones"

Hace casi 15 años que Come Away With Me (2002) escaló hasta lo más alto de las listas de éxito y que una veinteañera llamada Norah Jones arrasaba con algo que no era ni jazz,ni pop ni country, en la 45 edición de los Grammy. Desde entonces esta reservada neoyorkina no ha parado de añadir dimensiones a su carrera.

¿Algo que demostrar?
Seis álbumes lleva ya en total, alguna que otra película, y más colaboraciones con todo tipo de músicos de prestigio de las que es concebible recordar. Y en todo este tiempo, no parece que sepa hacerlo mal: tiene un estilo propio dentro de jazz, del que nunca acaba de separarse, pero cuyos límites parece no cansarse de explorar.

Ya sea con sus proyectos paralelos, como el supergrupo de amantes del country The Little Willies; o con Foreverly (2013), el delicado experimento folk que desarrolló con el líder de Green Day hace unos años; o en sus trabajos en solitario, Jones siempre añade algo nuevo a su fórmula particular. Ya sea la fusión entre jazz y country de sus primeros discos, el glamuroso giro al pop que se concedió bajo la producción de Danger Mouse en Little Broken Hearts (2012), o el regreso al jazz clásico en este Day Breaks que nos ocupa ahora.


A por la reconquista del público jazz
Si bien personalmente considero que la cúspide de la carrera de Jones está en Little Broken Hearts, la recepción de Day Breaks ha sido mucho más cálida. Sin duda, para los puristas del jazz, su anterior álbum en solitario estaba absolutamente fuera de lugar, mientras que el presente cuenta con una colección de canciones propias en la más limpia tradición del piano-jazz y algunas versiones, como la del Don't Be Denied de Neil Young que hace las veces de single de presentación del disco, que permiten la entrada de otros aires algo más pop y emocionales en el LP.

El resultado es un trabajo cálido, sosegado al cual no parece sobrarle ni un minuto. Si bien es algo más emocional y romántico en su segunda mitad, Day Breaks ofrece un sonido homogéneo con un impresionante trabajo instrumental.


¿La segunda parte de Come Away With Me?
Mucho se está comparando Day Breaks con Come Away With Me; aunque las diferencias entre estos están muy relacionadas con la madurez de Norah Jones como artista. No se puede negar que alguno de los momentos más emblemáticos de este nuevo disco, como Carry On, no habrían desentonado en Feels Like Home, pero hay diferencias que destacar entre la Norah Jones de hace diez años y la de ahora.

Para empezar, había pocos cortes en Come Away With Me en cuya composición interviniera Jones, cuando aquí firma ocho de los doce temas. También hay un equilibrio mucho más logrado entre la melosa calidez con el que la voz de Norah despierta una incontestable sensación de intimidad; y el brillo de los músicos que la acompañan, que se marcan tremendos solos en Day Breaks, Peace, Once I Had Laugh o en el cierre instrumental del álbum.

El conjunto fluye, sereno y sensual, como la sugerente línea de bajo de Sleeping Wild o la casi imperceptible voz de la estadounidense en la versión de Fleurette Adraicane (African Flower) de Duke Ellington. Se nos ofrecen casi 50 minutos de jazz para todos los públicos, delicada y orgánica belleza que nos recuerda, una vez más, que el de Norah Jones es uno de los nombres más indiscutibles de la música de nuestro tiempo.

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