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Normandía, Stalingrado y el principio del fin

El Mundo El Mundo 07/06/2014 EUGENIO BREGOLAT
© Proporcionado por elmundo.es

Este viernes se ha conmemorado considerado a menudo,con la ayuda de Hollywood, el principio del fin de la II Guerra Mundial. Admitida su gran importancia tanto para el desenlace de la guerra como para la definición del orden mundial resultante, hay que situarlo en su debida perspectiva histórica. El verdadero principio del fin de la supremacía militar alemana y, por tanto, el punto de inflexión de la guerra misma,fue Stalingrado.Con el general von Paulus al frente, 91.000 soldados alemanes iniciaron el 2 de febrero de 1943 un largo cautiverio (sólo 5.000 de ellos volverían a casa). Las bajas totales del Eje en los seis meses que duró la operación de Stalingrado se acercaron al medio millón. Si hasta entonces Alemania no había conocido mas que victorias, desde entonces cosechó únicamente derrotas. Alemania inició en Stalingrado una retirada que sólo concluyó con la bandera soviética ondeando en lo alto del Reichstag en Berlín. La contribución soviética fue la más decisiva en la derrota de Hitler, como lo había sido la rusa en la de Napoleón, en el siglo XIX.En frase de Churchill, "la URSS arrancó los testículos a la máquina de guerra de la Alemania nazi".

La URSS se pasó tres años,desde la invasión alemana, en junio de 1941, hasta el desembarco de Normandía, pidiendo a EEUU y al Reino Unido la apertura de un segundo frente que aliviara la presión alemana. Inútilmente. Cierto es que cuando, con anterioridad, Alemania había ocupado casi toda Europa, Stalin no sólo no se opuso, sino que se alió con Hitler para repartirse Polonia. EEUU, por otra parte, contribuyó de forma significativa a la victoria soviética con los envíos de material militar, al amparo de la Ley de Préstamos y Arriendos, y de alimentos.

Gran Bretaña resistió con bizarría, pero ella sola no podía derrotar a Alemania. Las tropas norteamericanas y británicas, dirigidas por Eisenhower, desembarcaron en Marruecos y Argelia en noviembre de 1942,el mismo mes que el VI Ejército de Paulus ,la mejor unidad alemana, era cercado en Stalingrado por las fuerzas de Zhukov. A partir del Norte de África, EEUU y Gran Bretaña invadieron Sicilia. Patton y Motgomery dirigían las tropas respectivas, bajo el mando supremo de Eisenhower. La operación fue un ensayo del futuro desembarco de Normandía. El primer soldado norteamericano que puso su pié en Europa lo hizo, pues, en Sicilia el 10 de julio de 1943. Una semana antes había empezado la batalla de Kursk, donde Hitler perdió definitivamente sus posibilidades en el frente del Este. el desembarco de Normandía, dos años más tarde, la guerra en Europa estaba ya decidida. Esa operación aceleró el fin de la guerra. Pero eso es lo de menos. Lo decisivo fue que impidió que el Ejército Rojo llegara a Lisboa, salvando a Europa occidental del comunismo. Y esto los europeos nunca lo podremos agradecer lo suficiente a EEUU. No es menos cierto que en Europa se jugaba la suerte del mundo, y que evitando que cayera en manos de Stalin, EEUU se ayudaron también a si mismos.

La URSS pagó un enorme precio en sangre: 27 millones de muertos, cifra canónica, al ser la que dieron tanto Yeltsin como Clinton en la Plaza Roja de Moscú el 9 de mayo de 1995, con motivo del 50 aniversario de la victoria aliada en la II Guerra Mundial (acompañaba yo a nuestro Presidente, Felipe González,en aquella ocasión). El número total de muertos en la guerra fue de 50 millones, de ellos 6 millones de alemanes y medio millón de estadounidenses. Bien se cobró Stalin el inmenso sacrificio de su pueblo, al convertir a los países de media Europa en colonias soviéticas.

Una apostilla sobre Gorbachov enmendó la fechoría geopolítica de Stalin dejando que los países de Europa oriental eligieran su destino. The Economist lo saludó como "Zar liberador". Pero la benévola actitud de Gorbachov obtuvo como respuesta la ampliación de la OTAN hacia el Este, en contra de la promesas que EEUU y Alemania le habían hecho. Y eso, más el propósito de algunos de seguir ampliando la OTAN a ciertas ex repúblicas soviéticas, más allá de las bálticas, como Georgia o Ucrania, ha llevado a la reacción conocida de George Kennan, universalmente reconocido como el principal estratega de la política exterior norteamericana desde que, en 1945,concibió la doctrina de la "contención" de la URSS,consideró la inclusión en la OTAN de los países del ex Pacto de Varsovia y de los bálticos como el error más importante de la política exterior norteamericana en toda la postguerra fría. Se tuvo muy en cuenta otro error, el de la Conferencia de Versalles, a la hora de la reunificación de Alemania, evitando que ésta saliera de nuevo frustrada. Pero no se aplicó la lección al proceso de desistimiento soviético que permitió la reunificación alemana,le extinción del Pacto de Varsovia y el desmantelamiento de la URSS. La falta de generosidad con que ésta fue tratada, pese a sus enormes concesiones, sumió la relación entre Occidente y Rusia en la precariedad y la desconfianza que desembocaron en los sucesos de Ucrania de los últimos meses.

Eugenio Bregolat fue consejero comercial en la delegación comercial de España en la URSS (1974-78) y primer embajador de España en Rusia (1992-97).

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