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Nuevas dudas del vínculo entre la grasa y la enfermedad cardiaca

ABC News ABC News 19/03/2014 N. r. c.
Nuevas dudas del vínculo entre la grasa y la enfermedad cardiaca © ABC Nuevas dudas del vínculo entre la grasa y la enfermedad cardiaca

Los amantes del queso, el bacon y la mantequilla están de enhorabuena. Un nuevo estudio científico insiste en desmitificar los efectos perniciosos de la salud cardiovascular de estos productos ricos en grasa saturada. Tras hacer un largo y exhaustivo análisis con más de medio millón de individuos, no muestra evidencias claras de que comer esta grasa con tan mala fama se eleven los ataques al corazón y otros problemas cardiacos.

El trabajo, que se publica en la revista «Annals of Internal Medicine», no es el primero que intenta convertir en ángel a uno de los demonios de la mesa. Es más, se suma a un creciente cuerpo de investigación que está intentando cambiar la mala fama de las grasas saturadas.

Durante décadas los médicos han insistido hasta la saciedad en la importancia de cambiar las grasas malas de la carne roja o derivados lácteos por otras más sanas como las de los frutos secos, aceites vegetales o pescado. Sin embargo, la nueva investigación no ha encontrado que las personas que comen más grasa saturada tiene más problemas de corazón que los que comen menos.

La conclusión se ha obtenido tras estudiar casi 80 estudios con más de 500.000 personas implicadas. No solo se miraba lo que comían sino sus niveles de ácidos grasos en sangre. Los investigadores sí encontraron un vínculo peligroso entre las llamadas grasas «trans», presentes por ejemplo en la bollería industrial o en muchos platos precocinados. Estas sí dañaban el corazón, pero no vieron riesgo en las grasas saturadas o beneficios de las consideradas grasas saludables como el aceite vegetal.

El epidemiólogo Rajiv Chowdhury, autor de este estudio, cree que las grasas saturadas no parecen el principal problema de nuestra dieta. Como ya han hecho otros cardiólogos, Chowdhury apunta directamente al exceso de harinas refinadas y a los azúcares, como los verdaderos demonios de nuestra dieta.

¿Se debe interpretar este estudio como una luz verde para comer sin reparos grasas animales? «No, la clavede todo consejo nutricional está en la dosis equilibrada y el sentido común», señala José Ordovás, catedrático de la Universidad de Tufts (EE.UU.). A Ordovás no le impresionan las conclusiones que ya se habían visto en otros trabajos, sino la magnitud del análisis con varios estudios. «Se han sumado todas las piezas del puzle para obtener el cuadro final. Hasta ahora hemos malinterpretado el significado de cada pieza y de ahí la confusión que existe en el campo de la nutrición. Pero no olvidemos que cada individuo es diferente y lo que le va bien a uno no tiene porque irle bien a otro. No importa que hablemos de grasa saturada, o poliinsaturada o cualquier otro nutriente, nuestro genoma es el que define los beneficios».

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