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Nuevas formas de ir y venir

EL PAÍS EL PAÍS 26/04/2014 Andrea Nogueira Calvar

El incremento del precio de la gasolina, los atascos por doquier, el impacto de las emisiones de CO2 sobre la atmósfera y, sobre todo, la necesidad de ahorro son, entre otros, los inconvenientes que llevaron al sector del automóvil a marcar hace dos años sus peores resultados desde 1986. La idea de tener un coche propio ya no es una prioridad para los jóvenes consumidores, que relegan el automóvil a un segundo nivel en su escala de necesidades. La aglomeración de gente y la incertidumbre ante huelgas o averías en los transportes colectivos también han creado recelo en los usuarios de estos medios. Pero el ciudadano no puede dejar de moverse. Cada día se realizan ocho millones de desplazamientos en el área metropolitana de Madrid. Para enfrentar estas cifras y siguiendo las nuevas demandas, en los últimos años han eclosionado una serie de alternativas al transporte convencional más económicas y ecológicas.

Una de las opciones más conocidas y asentadas en España es Blablacar. A través de esta página web un millón de usuarios europeos viajan mensualmente compartiendo coche. La capital está entre los destinos y los puntos de origen más recurrentes del país. Madrid-Valencia es el trayecto estrella. En España la empresa crece tres veces más rápido que en el resto de países en los que está presente, un total de 12. Una encuesta realizada por la empresa muestra que los clientes confían en su familia un 4,7, en una escala del 1 al 5. La seguridad que depositan en un miembro de la comunidad del portal se establece en 4,2.

Parte del encanto de hacer un viaje con desconocidos es justamente esto, la propia experiencia del trayecto. El 96% de las opiniones registradas en la web sobre conductores y pasajeros son positivas. Pero hacer nuevos amigos es más un hecho colateral que una motivación. El cofundador de la empresa y director en España, Vincent Rosso, reconoce que el 85% de los viajeros utiliza la página para ahorrar dinero. “La crisis nos ha lanzado mensajes de austeridad que nos han calado y hemos cambiado el chip”, señala Rosso. Su fórmula de éxito es muy sencilla: precio del trayecto —gasolina más peajes— entre el número de viajeros. Llegar hasta la costa valenciana puede salir por 17 euros, unos nueve menos que en transporte público.

El bolsillo es importante, pero estas empresas ofrecen un plus inmaterial. El 70% de las personas que requiere este servicio lo hacen para cuidar del medio ambiente y consumir de manera responsable. Blablacar estima que han ahorrado 700.000 toneladas de CO2 en sus cinco años de vida.

Esta forma de consumo colaborativo la lleva también a cabo el carsharing, un sistema de alquiler de coches por horas muy reciente en España. La empresa madrileña Bluemove, líder nacional de este sector, ha crecido un 300% desde su fundación en 2012. Ofrecen a los conductores la posibilidad de tener un vehículo en zonas céntricas de la ciudad. Para contratar el servicio hay que registrarse en una web, en la que se obtiene una tarjeta. A partir de ahí, siempre que se quiera reservar un coche solo hay que reservarlo a través de la aplicación.

“El ahorro económico y medioambiental reside en el uso eficiente del coche”, explica Jorge González-Iglesias, cofundador de la empresa. “El vehículo pasa a ser un servicio en vez de una propiedad por lo que realizas un uso más responsable de él. Valoras el trayecto que vas a recorrer y escoges el medio de transporte más adecuado. A veces es el coche, pero otras es el metro, el bus o caminar”. Por cada uno de estos vehículos desaparecen entre 15 y 20 particulares de las carreteras.

Lo que diferencia este servicio de un alquiler tradicional es la franja temporal de contrato —por horas— y su distribución —se encuentran repartidos por unos 120 puntos—, lo que facilita su accesibilidad. Una vez dado de alta, el usuario accede a los automóviles a través del geolocalizador de la aplicación. “En esencia se parece más al vehículo privado que al de alquiler”, puntualiza González-Iglesias.

La última novedad de la empresa estará en la calle el próximo lunes: el coche de barrio. Esta iniciativa permite a los vecinos de una zona adquirir un vehículo que ya tendrá instalada la tecnología necesaria para que el coche se pueda compartir con el resto del vecindario. El intercambio se hará de manera inmediata gracias también a una aplicación móvil, sin necesidad de entregar las llaves del coche. Se basa en la adquisición por parte de un “vecino conector” de este tipo de vehículos a través de un contrato de renting de entre 50 y 150 euros al mes. Luego, el resto de usuarios le ayuda a pagar una parte de esta cuota o contribuyen a pagar los gastos que genere el vehiculo: gasolina, reparaciones, impuestos...

Otro modo de distribuir gastos y minimizar emisiones es Join Up taxi. Con esta aplicación se puede convenir con la comunidad día, trayecto y hora para compartir taxi”. De los 9.000 trayectos que han gestionado desde 2012, un 25% ha sido con este sistema. Los recorridos más solicitados para este servicio son los que tienen como destino un punto de confluencia habitual, como un aeropuerto, una estación de tren o algún evento social.

Un grupo de viajeros que comparten coche particular. © Kike Para Un grupo de viajeros que comparten coche particular.

Los fundadores Alberto López y Elena Peyró, ambos ingenieros de Caminos, trabajaban en obras de alta velocidad y conocían los problemas de movilidad en las grandes ciudades. “Creíamos que lo más inteligente era el consumo colaborativo y decidimos dejar nuestros empleos”, explica Peyró. Lanzaron la aplicación hace año y medio y ya están presentes en las principales ciudades del país. Más de mil taxistas están registrados y las descargas rondan las 17.000. Mucha gente joven no solo lo usa por el ahorro “sino porque les parece divertido”, comenta la ingeniera. La aplicación crea una comunidad muy participativa y “el que prueba repite”, asegura Peyró.

Para los desplazamientos cortos se impone otra moda más económica y sin inconvenientes para el medio ambiente: la bicicleta. El servicio público todavía no ha desembarcado en la ciudad —se prevé para el próximo mes— y para sustituir su carencia han surgido empresas de alquiler como Mobeo. “Somos un concesionario de bicis diseñadas y pensadas como transporte urbano. Una asesoría”, puntualiza Álvaro Ventura, uno de dueños de la empresa.

Además de poder alquilar por horas o semanas, venden bicicletas adecuada al estilo de vida de cada cliente. Tienen en cuenta la capacidad de almacenaje de su casa, si tiene ascensor, qué uso va a darle, o cuál le resulta más cómoda. “La gente compra bicis pesadas, con accesorios que no les hacen falta y que aumentan las posibilidades de robo. Nosotros le ofrecemos la que más le conviene”, apunta Ventura.

Las más recomendadas son las plegables, muy adecuadas para montar en el metro o en el autobús. Tratan de promover un trasporte intermodal, combinando la bici con otros medios. El boom llega de la mano del modelo eléctrico, que permite un uso más flexible. Un 60% de sus clientes son mayores de 65 años interesados por esta novedad, que les permite volver a pedalear sin miedo a enfrentarse a una cuesta arriba.

La última alternativa que se ha apeado en Madrid es el power walking, el entrenamiento de moda en ciudades como Nueva York. Gran parte de los viajes que se producen en la almendra central no superan los cinco kilómetros. “Hemos hecho una prueba”, explica María Álvarez, promotoras de esta tendencia a través de la plataforma Ephimera: “En el centro, los viajes caminado no son mucho más largos que en el metro, solo unos 10 minutos de media. Pues hagámoslos paseando”. El power walking no es más que poner en valor el trayecto entre dos puntos.

El ahorro económico es evidente, Álvarez lleva tres meses sin usar el abono de transportes. Pero es más que eso. Se trata de tener un rato de descanso, de valorar el tiempo de desplazamiento, de descubrir la ciudad alternando vías y de hacer ejercicio. Sustituir un desplazamiento rodado por una caminata ayuda a mantenerse en forma y “te hace cambiar el modo de pensar”, asegura Álvarez.

Más allá del transporte público y del particular existe una autentica red alternativa. Tendencias con puntos comunes en favor de la economía colaborativa, el consumo responsable y el cuidado del medio ambiente. Quienes los practican buscan reformar el pensamiento para descongestionar los sistemas de movilidad habituales y crear un nuevo tejido económico y social.

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