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O se está al balón o a la revolución

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 JAIME RODRÍGUEZ

No sabe Piqué las veces que en Madrid se le ha defendido en los últimos años. Lo hacían antimadridistas como él y también algunos madridistas. La frescura, la presunta inteligencia y el discurso fuera del carril futbolero aliñaban sus opiniones y también sus virales travesuras. Hasta aficionados (y presidentes) de otros equipos envidiaban no tener a un tipo así en sus filas, gran central, comprometido, tan parecido a cualquier hincha y tan puñetero con el máximo rival.

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De hecho, hasta la canción que este verano le dedicó su chica se cantó mucho en los territorios opresores. Hay que reconocerle que

el «contigo empezó todo»

era ingenioso, aunque rompiera los códigos de los profesionales, al meterse con la vida privada de un compañero. Costó un poco más tragar con su respeto ante las insultantes pitadas al himno en las finales de Copa, agarrado a la libertad de expresión que ahora vocea contra él en Las Rozas y que seguramente vaya a ponerle muy fea la cosa en Alicante.

Sus lágrimas del domingo, sus insultos al Gobierno y sus retuits ya desde la concentración confirman que el fútbol en estos momentos no es su prioridad. OK. En la selección, a estas alturas, no se va a pedir a nadie carnets de patriota, qué cosas, pero al menos sí atención a la pelota. Y si Piqué no la tiene, sobra. Se hará un favor y el equipo lo agradecerá. Pero debe ser una decisión suya, no de la Federación, Lopetegui o el capitán. Debe ser él, porque bastantes mártires tiene ya su causa.

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