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Obama defiende un liderazgo multilateral y pacífico de Estados Unidos

EL PAÍS EL PAÍS 28/05/2014 Marc Bassets

Estados Unidos seguirá siendo durante décadas la indiscutible primera potencia y “la nación indispensable”, dijo este miércoles el presidente Barack Obama, pero el liderazgo mundial no se basará en la fuerza militar ni en acciones unilaterales sino en la diplomacia y la cooperación.

En un discurso en la academia militar de West Point (Nueva York), templo del militarismo norteamericano, Obama formuló una teoría sobre el papel de EE UU en el mundo y una política exterior que, en los últimos meses, ha provocado dudas en su país y entre los aliados sobre su influencia real. El repliegue dictado por el presidente tras más de una década de guerras en Irak y Afganistán ha dejado espacio a potencias emergentes y viejos rivales. En Asia, la pujante China no esconde sus ambiciones regionales; en Europa, Rusia se ha anexionado una parte de otro país soberano, Ucrania; en Siria, los titubeos de la Casa Blanca han permitido que continúe una guerra que, en tres años, ha dejado más de 150.000 muertos.

Barack Obama, durante su discurso en la academia de West Point. © reuters Barack Obama, durante su discurso en la academia de West Point.

Obama intentó disipar estas dudas en el discurso de graduación de la academia militar. Explicó que la hegemonía de EE UU no puede tener como único componente su poderío militar. Subrayó que la mayor amenaza no son otros estados sino grupos terroristas y que combatirlos no exige despliegues de ejércitos sino operaciones con otros países o acciones con comandos o aviones sin piloto. Y argumentó que es la existencia de unas instituciones internacionales fuertes y el respeto de la legalidad internacional lo que refuerza la influencia de EE UU.

“América siempre deberá liderar en la escena mundial. Si no lo hacemos nosotros, nadie más lo hará. Las fuerzas armadas en las que vosotros habéis ingresado son, y siempre serán, la espina dorsal de este liderazgo”, dijo Obama a los cadetes. “Pero la acción militar de EE UU no puede ser el único, ni el principal, componente de nuestro liderazgo en todas las instancias”.

En términos prácticos, la doctrina que Obama presentó en West Point significa, por ejemplo, que EE UU no intervendrá militarmente en Siria y, cómo máximo, prestará ayuda a los rebeldes moderados en forma de entrenamiento militar. También implica que, tras la retirada en 2011 de Irak y tras anunciar el martes que a finales de 2016 no quedarán tropas norteamericanas en Afganistán, el foco se desplazará a la lucha antiterrorista en Oriente Medio y África. Uno de los pocos anuncios concretos en el discurso fue la petición al Congreso para que cree un fondo de 5.000 millones de dólares para preparar a otros países para combatir el terrorismo.

El presidente de EE UU buscó un punto medio entre las dos tendencias que, como un péndulo, han marcado la política exterior de su país: el aislacionismo y el intervencionismo; la realpolitik que ve el mundo en función de los intereses nacionales y el idealismo que pretende exportar los valores de democracia y derechos humanos, aunque sea a golpe de misil. La respuesta de Obama es un típico ejercicio ‘obamiano’ de equilibrismo: liderar, sí, pero junto a otros aliados y sin sobrecargar con misiones a las fuerzas armadas; replegarse, también, pero sin perder influencia.

El aislacionismo, dijo Obama, “no es una opción”. El intervencionismo irreflexivo —“la voluntad de lanzarnos a aventuras militares sin pensar en las consecuencias—, tampoco. La cuestión no es si EE UU liderará el mundo, sino cómo. Estos matices reflejan las dudas de la opinión pública norteamericana, reacia al intervencionismo pero inquieta por la imagen de debilidad internacional de su comandante en jefe.

El presidente explicó que sólo en casos de amenaza directa a los intereses y la seguridad de EE UU contemplará una intervención unilateral al estilo de la invasión de Iraq en 2003, decidida por su antecesor, George W. Bush. Sin amenaza directa, el “umbral” para intervenir será más exigente y en todo caso EE UU nunca lo hará en solitario. El ejemplo aquí es la intervención en Libia en 2011.

Con una Al Qaeda “descentralizada”, con franquicias en varios países y sin Osama bin Laden —muerto por fuerzas de EE UU en 2011—, “las posibilidades de ataques a gran escala al estilo 11-S se ha reducido”. La amenaza ahora afecta a personal norteamericano en otros países, como ocurrió con el ataque en Bengazi (Libia) en 2012, o contra civiles, como el centro comercial de Nairobi (Kenia) en 2013. Esto exige colaborar con los poderes locales. África es el nuevo escenario de la guerra contra Al Qaeda y grupos afines.

La otra pata de la doctrina Obama es la diplomacia. El presidente mencionó las sanciones de EE UU y la UE contra Rusia y la celebración, el domingo, de elecciones en Ucrania, como un ejemplo de este método. Otro ejemplo son las negociaciones nucleares con Irán.

“Esto es el liderazgo americano. Esta es la fuerza americana. En ambos casos, construimos coaliciones para responder a un desafío específico”, dijo. “Creo en el excepcionalismo americano con cada fibra de mi ser. Pero lo que nos hace excepcionales no es nuestra capacidad de vulnerar las normas internacionales y el respeto de la ley, sino nuestra voluntad de afirmarlos a través de nuestras acciones”.

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