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Obama no descarta “ninguna opción” para frenar a los yihadistas en Irak

EL PAÍS EL PAÍS 12/06/2014 Marc Bassets
El presidente Obama durante la reunión bilateral este jueves con el primer ministro australiano en la Casa Blanca. © MANDEL NGAN El presidente Obama durante la reunión bilateral este jueves con el primer ministro australiano en la Casa Blanca.

La Casa Blanca examina todas las opciones para frenar el avance de los yihadistas en Irak, incluida una intervención armada con drones —aviones pilotados a distancia— o aviones de guerra.

La escalada de violencia ha desconcertado al presidente Barack Obama, embarcado en una estrategia de repliegue en Oriente Medio desde que en 2009 llegó al poder con la promesa de terminar con las guerras de la década pasada. Y ha obligado a Estados Unidos a ocuparse de una guerra que preferiría olvidar.

Obama llegó al poder en 2009 con la bandera de su oposición a la invasión de Irak en 2003. Desde finales de 2011, no quedan militares norteamericanos en el país árabe. Pero la guerra no acabó con la marcha de EE UU. Y ahora puede obligar a EE UU a regresar.

“No descarto nada porque nos jugamos mucho a la hora de asegurarnos de que estos yihadistas no se asientan ni en Irak ni en Siria”, dijo el jueves Obama en la Casa Blanca, tras una reunión con el primer ministro australiano, Tony Abbott. El presidente de EE UU añadió que el equipo de seguridad nacional del Gobierno de EE UU “estudia todas las opciones”.

El Gobierno iraquí pidió hace unas semanas a EE UU ayuda en forma de ataques aéreos, según la prensa norteamericana, pero hasta ahora la opción preferida de Obama era reforzar la ayuda militar con la venta de aviones, helicópteros y armas.

Lo que los americanos dejaron fue un estado iraquí incapaz de funcionar por sí solo. Ahora aquello se desmorona"

John McCain, senador republicano

La violencia de los últimos días coloca al presidente en un dilema: o abstenerse de intervenir y permitir una escalada que deja en entredicho su decisión de abandonar Irak en 2011, o enviar aviones o drones y reavivar las imágenes de una intervención a la que él se opuso, que dividió a EE UU, y que encendió el anteamericanismo en el resto del mundo.

“Durante años, el presidente Obama se ha atribuido el mérito de ‘acabar guerras’ cuando, en realidad, estaba sacando a Estados Unidos de guerras que estaban lejos de haber acabado”, escribe The Washington Post en un editorial.

Irak expone los límites de la doctrina Obama: la idea, que el presidente formuló en un discurso en West Point (Nueva York) hace dos semanas, de que EE UU puede liderar el mundo sin necesidad de resolver con intervenciones militares los problemas de otros países. Quienes en EE UU se oponían a la retirada completa en 2011 ven ahora reivindicada su posición.

“Lo que los americanos dejaron fue un estado iraquí incapaz de funcionar por sí solo. Ahora aquello se desmorona. Este es el legado de la guerra americana en Irak”, dijo en un discurso ante el Senado el republicano John McCain, senador por Arizona y rival del demócrata Obama en las elecciones presidenciales de 2008. McCain exigió a Obama que despida todo su equipo de seguridad nacional y recupere al general retirado David Petraeus, artífice de la estabilización de Irak en 2007 y caído en desgracia por una relación extramatrimonial.

La escalada en Irak es un mal augurio para Afganistán, la otra guerra en un país lejano y musulmán que EE UU lanzó tras los atentados de 2001. Obama anunció en mayo la retirada completa del país centroasiático a finales de 2016, pero el riesgo de que el Afganistán postamericano se parezca al Irak postamericano —dividido, corrupto, violento— puede reabrir el debate sobre el calendario.

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