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Obiang no quiere caricaturas

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 02/10/2017
Artista internacional. Ramón Esono ha expuesto regularmente en el extranjero, en la feria Arco o en esta de Curitiba, en Brasil © Image LaVanguardia.com Artista internacional. Ramón Esono ha expuesto regularmente en el extranjero, en la feria Arco o en esta de Curitiba, en Brasil

Vestido con una camiseta amarilla rota y en calzoncillos azules, el presidente Teodoro Obiang se despierta una mañana sobre un colchón sucio, en el suelo de una chabola, y suelta un grito desgarrador: “¡Noooo!”. Obiang se ha convertido por arte de magia en un ciudadano guineano más y debe sufrir la miseria y el abuso de las autoridades. Adiós a una vida de lujo, lujuria e impunidad. Esa es la trama de La pesadilla de Obi, cómic publicado hace tres años por el dibujante y activista ecuatoguineano Ramón Esono, célebre por sus caricaturas y mensajes críticos con la dictadura de su país. La respuesta del Gobierno ha sido implacable.

El pasado 16 de septiembre, apenas dos semanas después de regresar a Guinea Ecuatorial tras seis años viviendo en el extranjero, Esono fue detenido en Malabo y enviado a la prisión de Black Beach, conocida como Guantánamo por las duras condiciones en las que viven los presos. Aunque en un primer momento la policía interrogó a Esono sobre sus caricaturas y le advirtió que podían ser consideradas calumnias contra el presidente, días después las autoridades apuntaron que se le acusa por blanqueo de dinero tras haber encontrado un millón de francos falsos (1.500 euros) en el coche que conducía el caricaturista, propiedad de su hermana. La familia y amigos del dibujante, quien ha ganado varios premios y ha expuesto en certámenes internacionales como Arco en Madrid, denuncian un montaje para castigar su posición política.

Varias organizaciones internacionales, entre ellas Amnistía Internacional o Human Rights Watch, han iniciado campañas para pedir la liberación del artista. Para HRW, la detención de Esono “es el último episodio de represalia del Gobierno contra los artistas que han utilizado su trabajo para criticar al régimen”.

Fuentes de la familia explicaron a este diario que Esono se encuentra en buen estado de salud, aunque admitieron que los ánimos decaen con el paso de los días. “Tenemos miedo de cómo va a terminar esto”, señalaron. La abogada del acusado, María Jesús Bikene, subraya que Esono aún no ha prestado declaración y no se conoce todavía la pena de prisión a la que se enfrenta.

La detención se produjo hace casi dos semanas cuando el artista salía del restaurante Alí Baba, en la capital del país, junto a dos ciudadanos españoles, el coordinador de la Cooperación Española en Guinea Ecuatorial y un profesor de la escuela María Cano, quienes también fueron esposados y llevados a comisaría, aunque fueron puestos en libertad horas después. Alfon, maestro del colegio y que prefiere no publicar su nombre completo, señala por teléfono que desde un primer momento quedó claro que iban a por Esono.

“Nos estaban esperando junto al coche”, recuerda. Amigo del artista desde hace una década y buen conocedor del país africano, donde vivió seis años, Alfon califica de “mentira inaceptable, burda y grosera” la acusación de falsificación de dinero. “No sólo su cómic, su mensaje y dibujos han llegado a muchos jóvenes por internet y las redes, y eso no se lo perdonan”.

La sensación de que Esono ha caído en una trampa sobrevuela en el entorno del dibujante. Tras vivir en Paraguay varios años y a punto de mudarse a El Salvador, Esono fue a la embajada de Guinea Ecuatorial en Madrid para renovarse el pasaporte. El embajador le indicó que debía viajar a Malabo para realizar esa gestión. “Él era el primero que sabía el riesgo que implicaba ese viaje”, explica su familia.

Para el escritor y periodista Donato Ndongo no hay duda de que la detención de Esono es una muestra de la represión de Obiang, en el poder desde 1979. “Es un acto de represión, a mí me intentaron hacer lo mismo, pero pude acogerme a asilo. Es un acto de represión de un señor que lleva 38 años engañando a la comunidad internacional con promesas de democracia que nunca llegan”. Según Human Rights Watch, los enormes ingresos por el petróleo de Guinea Ecuatorial –uno de los cinco mayores productores de oro negro de África Subsahariana– “financian los fastuosos estilos de la pequeña élite que rodea al presidente mientras que una gran parte de la población sigue viviendo en la pobreza”.

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