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Objet. Writers' Room

Notodo Notodo 07/06/2016 José Angel Sanz
Imagen principal del artículo "Objet. Writers' Room" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Objet. Writers' Room"

Todos tenemos cerca a alguien que está harto de Hollywood. De sus reboots, sus spin-off, sus remakes o sus interminables sagas. Cada nueva aventura de Spiderman, ahora con otro actor en la piel de Peter Parker, les da la razón. Existe, sin embargo, un antídoto ante tanto hartazgo. El mejor contra esa justificada queja por la falta de ideas de la industria estadounidense. Está en la pequeña pantalla. A todo aquél que se pase de lastimero se le pueden nombrar al menos 10 series paridas en suelo ‘yankee’ que merecen, por sí solas, la redención y el perdón de las productoras y, sobre todo, de esa vilipendiada figura que es el guionista. Los Soprano, Breaking Bad, Madmen, The Wire, Juego de Tronos o True Detective, es sabido, merecen figurar con letras de oro en la historia de la ficción, y quizá también en el de la literatura.

Sin el talentazo de los David Chase, Vince Gilligan, Matthew Weiner, André y Maria Jacquemetton o Nic Pizzolatto, no solo nos habríamos perdido a la mejor generación de series de la historia, sino que nunca habríamos conocido a personajes tan inolvidables que han marcado un antes y un después en la historia de nuestras vidas. Que es como decir que todo sería diferente, también en un resto del mundo televisivo, en una periferia como es la del panorama televisivo español, a la que siempre terminan por llegar los ecos de lo que se realiza en aquél lado del mundo, aunque sea años después.

Si, desde el punto de vista del público, Hollywood es comparable a un nirvana de grandes trabajos cinematográficos, cuánto no lo será para los guionistas patrios, que tienen delante un lugar al que mirar cuando quieran aprender y mejorar. Fue lo que debieron plantearse Teresa de Rosendo y Josep Gatell, ambos curtidos trabajadores en España de diálogos para series, ocurrencias puestas en boca de presentadores y otras labores en la sombra que ejerce en el día a día el guionista. Los dos decidieron hacer el petate y partir en busca de aventuras en la meca del cine. Y esto es lo que nos encontramos en Objetivo Writers’ Room, sus andanzas en Los Angeles en busca de las claves de tanto trabajo tan bien hecho.


Con ellos aprendemos qué es y para qué sirve la figura del ‘showrunner’, el responsable último de supervisar todas las áreas de escritura y producción de una serie y alguien que no tiene equivalente en España. Es solo una de las pequeñas-grandes diferencias con nuestra forma de trabajar. Junto a Teresa y Josep, quienes, por cierto, han narrado sus andanzas en su propio blog, aprendemos que los personajes están siempre en el centro y son los que hacen crecer cada trama. O descubrimos al script coordinator, también sin equivalente en nuestros pagos, una figura equivalente a la de un tipógrafo que se encarga de poner en papel lo que los guionistas hablan y discuten sobre cada ficción. Porque ellos, en contra de cualquier creencia popular, no son los que escriben.

Entrevistas con autores de series como The Newsroom (incluida la forma de trabajar de Aaron Sorkin), The Bridge o Seinfeld. Los cástings de guionistas. O la planificación, calendario en mano, la elaboración de la escaleta, el guion, la producción y la posproducción de cada capítulo. Cientos de datos combinados con divertidas anécdotas hacen de Objetivo Writers’ Room un libro suculento y generoso.

Merece especial atención, para el gremio, el capítulo dedicado a describir el funcionamiento del sindicato de guionistas, el Writers Guild of America (WGA), en el que están dados de alta casi 20.000 de ellos. Libro de aventuras, diario de ruta y guía de ayuda para el que quiera probar la aventura americana, incluye hasta un gráfico juguetón para todos los guionistas que quieran probar suerte en semejante viaje. Imprescindible para los que vivan o quieran vivir del arte del guion y también para cualquier aficionado al mundo de la ficción.

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