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Oblak salva al Atlético más impotente

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/09/2017 EDUARDO J. CASTELAO

Fue una hora y media de impotencia pura y dura. Fue una hora y media donde se pudo observar, como pocas veces, las miserias del Atlético, un grupo lanzado tras las victorias en San Mamés y ante el Sevilla pero frenado en seco por el Chelsea primero y por el Leganés después. Y claro, una cosa es que el Chelsea te pase por encima y otra cosa es que el Leganés te impida generar una sola ocasión de gol.

[0-0: Narración y estadística]

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El partido, horrible de principio a fin, deja tocado al Atlético. Por los dos puntos que deja ir. Por la imagen, lamentable. Y por un gesto, sentar a Griezmann a falta de casi media hora con empate a cero para meter un lateral, de esos que hacen temblar un vestuario. Quedará en nada, pues ahí manda Simeone y no hay duelos que valgan, pero fue la guinda a una noche espeluznante, honor en cambio para el equipo de Garitano, ordenado, esforzado e impecable en su propuesta. ¡Ah! Y pudo ser peor para el Atlético, que se entregó de nuevo a Oblak.

Debió pensar Simeone que, si a su equipo se le indigesta un sistema con tres centrales, lo mismo le iba a ocurrir a su rival si quien lo ponía en marcha era el Atlético. Y el caso es que nunca lo sabremos pues el partido fue el que fue, el que se intuía, con tres, con cuatro o con ocho centrales que hubiera puesto cada entrenador. Ante un equipo cerrado, compacto, solidario, el Atlético se las ve y se las desea para encontrar los caminos al gol. No ya el gol, que eso es mucho pedir desde hace tres temporadas, sino las sendas que llevan a él. Pero el caso es que sí, que iniciaron los rojiblancos con Giménez, Savic y Godín, con cinco en el centro (Saúl por su lado, Correa por el suyo) y Vietto de nuevo como delantero centro. Precisamente el argentino la tuvo antes de cumplirse el primer minuto, en el córner casi inicial.

Insufrible letargo

El balón le cayó del cielo y entre pararla y tirar no supo qué hacer. Total que el balón le dio en el muslo y la ocasión se perdió. Fue en ese momento, primer minuto, cuando la noche entró en un letargo insufrible para el espectador. Garitano ha construido un Leganés con pinta de andar cómodo en Primera División. Al igual que se sabía que el Atlético sufriría para encontrar opciones, era obvio que el Leganés se iba a atrincherar en su campo e iba a buscar la velocidad de Beauvue, que fue el único incordio -escaso, la verdad- para los famosos tres centrales en toda la primera parte.

No pasó absolutamente nada durante media hora -si acaso, y siendo generosos, un disparo del delantero francés del 'Lega'- hasta un balón atrás de Correa que encontró la zurda poderosa de Saúl y los no menos poderosos guantes de Cuéllar. Y desde ahí hasta el descanso, nada. Nada de nada. Nada de nada de nada. Griezmann, atrapado en el atasco monumental que era el último tercio del campo, anduvo como contra el Chelsea, desaparecido, así que el Atlético no encontraba la manera de olvidar el duelo de Champions que tan tocado le dejó.

En la segunda parte el despropósito fue a más. La entrada de El Zhar en los locales provocó lo que le faltaba al sainete: que Oblak se convirtiera en el mejor jugador rojiblanco. Y mientras eso sucedía, Simeone empezó sus cambios. Unos cambios que... Bueno, unos cambios. Viendo que nadie encontraba un pase entre líneas y que nadie regateaba metió a un regateador (Carrasco) pero quitó al que ya estaba en el campo (Correa). Después entró Fernando Torres por Vietto. Y, por último, a falta de casi media hora, con empate a cero en el marcador, entró Vrsaljko -lateral derecho para jugar en el lateral izquierdo- por Griezmann. Sí, por Griezmann.

¿Cambió algo? Nada de nada. Ni una idea, ni un pase arriesgado, ni un intento de nada. El único plan consistía en balones frontales, ahora de Gabi, ahora de Thomas, ahora directamente de Godín o de Savic. Un despropósito. Ni las jugadas a balón parado. Nada. Bueno sí, una cosa. Oblak. Porque de no haber sido por el esloveno, que hizo otra parada bíblica a El Zhar y una última en un centro, el desastre hubiese sido mayor. Hubiese sido inmenso.

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