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'Octavio Paz estuvo mucho más lejos del poder de lo que se cree'

Logotipo de El Mundo El Mundo 31/05/2014 EUGENIA COPPEL

Octavio Paz resumió así su propia vida: "Conversaciones, retractaciones, excomuniones, reconciliaciones, apostasías, abjuraciones, zig-zag de las demonolatrías y las androlatrías, los embrujamientos y las desviaciones". Y Enrique Krauze (México, 1947), su amigo y colaborador en la revista 'Vuelta', se dio a la tarea de desmenuzar esa historia. A 100 años del nacimiento del Nobel mexicano, el historiador y ensayista publica la biografía 'Octavio Paz. El poeta y la revolución' (Debolsillo, 2014).

Criticó a Octavio Paz antes de acercarse a él. ¿Por qué cambió de opinión? Pertenecí a un grupo de jóvenes, a principios de los 70, que pensaba que los caminos de Paz empezaban a apartarse de la ortodoxia revolucionaria. Y lo criticamos por eso. Pero yo me separé muy pronto de esa corriente. Me convencí, basado en la lectura de sus libros, de que tenía razón. De que el liberalismo encarnaba una promesa, no de redención, sino de mejoramiento político y social mucho más tangible y humano, y con menos costos que el gran sueño de la revolución. Me acerqué a Paz por un acto de convencimiento intelectual y moral. Muchos se quedaron anclados en esas convicciones y muchos de quienes lo atacaron cambiaron muy tarde, sin reconocer su cambio ni su deuda con él.

¿Fue un intelectual incomprendido? Bastante, porque los interlocutores que él buscó siempre estaban en la tradición que él consideraba legítimamente suya: la tradición socialista. Son ellos a quienes le interesaba provocar, para construir juntos un liberalismo con vocación social o un socialismo con vocación liberal. Creo que ese sigue siendo el horizonte de nuestro tiempo y el diálogo necesario, pero muchos de mi generación no lo comprendieron en ese sentido. Lo que he tratado de hacer con este libro es imaginarme dentro de su circunstancia, dentro de los predicamentos de cada etapa, repensar lo que pensó, tratar de sentir lo que sentía, y recrear un ensayo biográfico. Espero que sea una contribución a la comprensión de Paz. .

"Siempre fue un hombre de izquierdas", dice usted. ¿Por qué se tiene la percepción contraria? Por la barbarie que afecta a un sector importante de la izquierda latinoamericana. Porque si ser de derecha quiere decir no estar de acuerdo con Stalin ni con Castro, entonces cualquier liberal es de derecha. Porque esa izquierda ortodoxa o radical usa la palabra derecha como calumnia y descalificación. Esos son los que construyeron esa imagen de Octavio Paz, los que se negaron a dialogar con él. Y sin duda, los que se empobrecieron fueron ellos.

¿Cuándo se desilusionó el poeta del pensamiento marxista? Es un doble movimiento. Hay una lenta erosión a través de las décadas, pero la ruptura total viene en 1974 con la lectura de 'Archipiélago Gulag'. Entonces se le revela toda la atroz realidad del régimen opresivo de la Unión Soviética. Paz dedicó sus últimos años a combatir esa ilusión, que seguía envenenando tantas conciencias juveniles.

¿De qué manera está presente la revolución en este periodo? Siempre fue una inquietud en él. Había sido revolucionario de joven, su padre era un zapatista, su abuelo fue un revolucionario liberal. Con esa genealogía no es sorprendente que hasta el final de sus días tuviera una llama de pasión revolucionaria, pero atemperada siempre por una convicción democrática y liberal muy sólida.

¿Cuál fue su relación con el poder en esta última etapa de su vida? Mucho más lejana de lo que se cree. Conocer a un presidente y estar de acuerdo con algunas de sus políticas no significa servir a ese presidente. Siempre mantuvo una distancia de los presidentes en turno, contra lo que se dice.

"Pareciera que Octavio nunca encontró la Paz inscrita en su apellido". ¿Cuáles fueron sus guerras? Muchas. La guerra entre el romántico revolucionario y el liberal desencantado. Y hubo guerras más íntimas sobre las que no hablo en el libro, porque no hay elementos todavía para poder recobrar en toda su complejidad esa historia personal de Paz.

¿Cree que la correspondencia con Carlos Fuentes, recién abierta, podría añadir un capítulo valioso a su biografía? No conozco ese archivo. Debe de ser muy interesante lo que hay, pero al parecer es más reducido del que uno imaginaba. Y no creo que contenga grandes revelaciones sino la historia de una amistad que duró mucho tiempo y que luego se fue resquebrajando.

¿Qué más falta investigar sobre el poeta? Falta muchísimo. Para construir una biografía 'a la inglesa' de Octavio Paz no tenemos los elementos ni remotamente. Eso no quiere decir que no las habrá. Este año saldrán magníficos libros de Cristopher Domínguez y Guillermo Sheridan. Bienvenidos todos. Serán grandes aportaciones para esa biografía que probablemente escriba alguien ya de otra generación.

¿Qué aprendió de Paz cuando trabajó con él en la revista 'Vuelta'? Era un editor de cepa, le venía de su abuelo y de su padre. En la sangre llevaba la tinta de la imprenta. Era muy riguroso y tenía una gran pasión por defender ideas, era muy inspirador. Y sabía bien que expresar una pasión en un libro tarda mucho, y expresar una pasión intelectual en un periódico se acaba muy pronto. Las revistas tienen el tempo adecuado, por eso le gustaba tanto hacerlas. Fueron sus trincheras para participar en la vida pública de México.

¿La revista 'Letras libres' es algo similar para usted? A mi me gustaría que alguna vez, dentro de muchos años, se diga que 'Letras Libres' ha recogido la tradición de 'Vuelta', de Octavio Paz. Pero nunca hemos navegado con esa bandera porque en la literatura y en la edición literaria no existen las herencias. Las herencias se conquistan.

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