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Opinión: Sin solución a la vista

dw.com dw.com 14/07/2016 Philipp Bilsky

El Tribunal de La Haya tomó una decisión sobre la disputa del Mar de China Meridional. Pese a ello, una solución pacífica al conflicto es todavía algo que está en duda, opina Philipp Bilsky.

Al final el veredicto fue mucho más claro de lo que esperaba la mayoría de los expertos. Desde 2013 el Tribunal Permanente de Arbitraje de La Haya analizaba el caso de la disputa territorial en el Mar de China Meridional. Allí estaban la amplia expansión de las islas artificiales por parte de China, las protestas de los países vecinos como Filipinas, los choques entre barcos de pesca y barcos militares... Más de 4.000 páginas con evidencia pasaron por las manos de los jueces hasta que finalmente llegaron a un veredicto en un caso muy complejo.

Las principales conclusiones: contrariamente a lo que esperaban muchos analistas, el tribunal se ocupó también de las llamadas “líneas de nueve puntos”, con las que el Gobierno de Pekín justificaba sus reclamaciones en la región. El veredicto de La Haya es inequívoco: no existen bases legales para que el gigante asiático funde sus reclamaciones en la región.

Además, los jueces dejaron claro que China no puede reclamar derechos en las 200 millas en torno a las islas Spratly. Y, para terminar, que algunas de las islas artificiales afectan directamente la soberanía de Filipinas en su zona económica exclusiva. Conclusión: desde el punto de vista chino, el juicio planteó el peor escenario imaginable.

China no cederá

La pregunta ahora es qué viene. China reaccionó como se esperaba y aseguró que el veredicto era una “farsa política”, según palabras del ministro de Exteriores, Wang Yi. El presidente, Xi Jinping, dijo, por su parte, que su país no toleraría ninguna acción que se adoptara a partir de la decisión del tribunal de La Haya. La buena noticia es que también hubo voces moderadas. Xi aclaró que China estaba por la paz y la estabilidad de la región y que aspiraba a alcanzar una solución a través de negociaciones pacíficas. Y Filipinas, en su primera reacción, llamó a la moderación.

El problema: no está muy claro cómo podría alcanzarse un acuerdo. Que China dé marcha atrás y renuncie a sus reivindicaciones es, a la luz de lo declarado desde Pekín, algo totalmente improbable. Una solución al conflicto parece, horas tras conocerse el veredicto, algo muy lejano.


Autor: Philipp Bilsky

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