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Otro país, otro mundo

EL PAÍS EL PAÍS 19/06/2014 Vera Gutiérrez Calvo, José Precedo
La policía reprime una manifestación pro amnistía en 1976, en Barcelona. © Manuel Armengol Cervera La policía reprime una manifestación pro amnistía en 1976, en Barcelona.

Casi cuatro décadas. Un país distinto. La España ante la que Juan Carlos I fue proclamado rey, el 22 de noviembre de 1975, vivía aún bajo un régimen dictatorial y católico. No conocía Internet, ni los teléfonos móviles. En aquella España, con muchos ciudadanos aún exiliados, no había casi inmigrantes, el divorcio no era legal y la mitad de la población, las mujeres, estaba absolutamente ausente de los centros de poder. Felipe VI es, desde hoy, jefe de Estado de un país diferente. Una sociedad que ha dado pasos de gigante en muchos aspectos pero que ahora afronta una crisis económica, territorial y de confianza en las instituciones de dimensión aún desconocida.

EL PAÍS ha planteado un juego de espejos entre la España de 1976, la que encaró Juan Carlos I, y la de 2014 en la que reinará Felipe VI. Los datos —la mayoría extraídos del Instituto Nacional de Estadística— no pueden ser comparados de forma exacta porque la metodología ha cambiado mucho. Pero sirven de aproximación para seguir el cambio de un país a caballo entre dos siglos.

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España cambia en casi todo. Fuente: INE y elaboración propia.

El mapa político. En 1975 solo había en España un partido legal, Falange Española Tradicionalista. Y no se celebraban elecciones propiamente dichas —democráticas— desde hacía cuatro décadas. Juan Carlos I fue proclamado ante las Cortes franquistas, un pseudo-Parlamento que ni era sede de la soberanía ni ejercía el poder legislativo de forma autónoma. La inmensa mayoría de los procuradores lo eran por razón de su cargo en el régimen (miembros de altos tribunales civiles o militares, alcaldes, rectores, representantes de colegios profesionales) o habían sido designados por Franco; solo una mínima parte, los procuradores de familia, habían sido elegidos en los últimos años de la dictadura por los cabezas de familia en los municipios.

No es fácil conocer la composición exacta de las Cortes franquistas, porque esta variaba continuamente. La foto puede hacerse, sin embargo, tomando como referencia la votación de la Ley para la Reforma Política en noviembre de 1976, que supuso la sentencia de muerte del régimen: había en aquel momento 531 procuradores; solo siete eran mujeres: el 1%. El perfil político de las Cortes franquistas que aplaudieron la proclamación de Don Juan Carlos era prácticamente monocolor.

Felipe VI, por el contrario, será proclamado jefe del Estado ante un Parlamento democrático, con presencia de 17 partidos distintos y casi un 40% de mujeres. España, además, sale de un reciente terremoto político: las elecciones europeas han alumbrado un panorama en el que, por primera vez en democracia, el bipartidismo PP-PSOE se desploma; e irrumpe con fuerza un partido nuevo, Podemos, que propugna el fin de “la casta” política.

Del Movimiento a la Constitución. En 1975, Don Juan Carlos, designado por Franco, juró respetar las Leyes Fundamentales del Movimiento, aunque más tarde las traicionaría; su hijo tampoco ha sido elegido por el pueblo, pero jurará una ley muy distinta, la Constitución, y lo hace en democracia. Aun así, su proclamación ha dado lugar a un debate público sobre la forma de Estado —monarquía o república— impensable hace 39 años.

La incertidumbre en 1975 era el propio Don Juan Carlos: qué haría el Rey una vez investido, qué ocurriría con el régimen. Hoy, el principal frente político —excepción hecha de la crisis económica, que lo abarca todo— es Cataluña: hasta dónde llegará el desafío independentista y cómo lo afrontará el Estado.

Pesetas, euros. La resaca de la crisis del petróleo que multiplicó por cinco el precio del barril desde 1973 desató una ola inflacionista que desembocó en las estanterías de los comercios. Los precios se han disparado en cuatro décadas un 1.000%. Solo en 1976 se inflaron un 17%. Las 615.200 personas inscritas en aquellos primeros registros de paro —un 2% de desempleo— han engordado hasta los 5.9333.300 parados de 2014, el 25,9% de la población activa. El salario mínimo era entonces de 11.400 pesetas mensuales y el billete de mayor valor era el verde, de 1.000 pesetas.

En economía, durante el reinado de don Juan Carlos ha cambiado todo: España ha mudado pesetas por euros al integrarse en la eurozona y ha perdido la capacidad para fijar los tipos de interés, que hoy son competencia del Banco Central Europeo. El sueldo más bajo que permite la ley en 2014 por una jornada de ocho horas es de 645,3 euros al mes (107.313 pesetas). Hay billetes de 500 euros —cuyo uso se ha restringido para evitar el fraude— y los pagos a través de dispositivos electrónicos se ha generalizado. La transformación radical de estas décadas trasciende a la macroeconomía y se ha dejado notar en los bolsillos de las familias.

El bollo de pan de kilo, elemento imprescindible de aquella cesta de la compra, costaba 45 pesetas. La reducción de miembros de las familias ha derivado el consumo hacia barras más pequeñas. El kilo de pan sale ahora a unos 2,10 euros (350 pesetas).

Ir al cine costaba 55 pesetas. Tiburón, la película más vista en el primer año de mandato real, recaudó 272.363.261 pesetas. Hoy por una entrada se pagan 7,29 euros (1.212 pesetas). Y en las pantallas arrasa la comedia Ocho apellidos vascos, que ha recaudado 53 millones de euros.

Los primeros ejemplares de EL PAÍS, fundado en mayo de 1976, salieron a la calle con un precio de 10 pesetas. En los quioscos se vende hoy por 1,30 euros (216 pesetas). El coche más vendido aquel año fue el Seat 124. Se vendieron 43.171 unidades de este modelo que anunciaba entonces “114 caballos de potencia, servofreno a depresión y dirección de tornillo sin fin”. Durante aquel ejercicio se fabricaron en España 640.938 modelos de las distintas marcas. Un tercio de las familias aparcaba un vehículo ante su vivienda. En 2014 otro Seat, el Ibiza, lidera la venta de utilitarios.

Más jubilados, más universitarios. La ley del divorcio, la incorporación de la mujer al mercado laboral, la universalización de la educación y la sanidad públicas, la extensión de la educación superior y los cambios profundos en las relaciones sociales y el modelo familiar han dado lugar a un país nuevo, con ventajas y problemas distintos a los de 1975. En cuatro décadas España ha crecido en 11 millones de habitantes, hasta alcanzar los 46,7 millones actuales. Y se ha envejecido: los mayores de 65 años no llegaban entonces al 10% y suman hoy el 18%; la tasa de natalidad duplicaba la actual. Cuando Don Juan Carlos inició su mandato la población crecía un 10 por mil anualmente; ahora decrece casi un 2 por mil (con datos de 2012).

Había en aquella España un 9,8% de analfabetos en el total de la población (12% entre las mujeres). Hoy quienes no saben leer ni escribir apenas llegan al 2% de los mayores de 16 años. Uno de cada cuatro españoles en esa franja de edad son titulados superiores, y miles de estudiantes participan cada año en programas como el Erasmus (mermado ahora por la crisis).

En este tiempo España se ha convertido en un país de inmigración... y en los últimos años también, de nuevo, de emigración. Es muy difícil comparar datos porque en 1975 no existía el padrón municipal. Las tablas históricas del INE solo reflejan que en 1976 residían en España (se entiende que legalmente) 159.924 extranjeros; el 60% de ellos, europeos. Hoy, en España hay cinco millones de habitantes de origen extranjero, el 10,7% de la población.

La crisis económica ha dado lugar al fenómeno inverso: el de quienes dejan España para buscar trabajo en el extranjero. Durante los seis primeros meses de 2013 se fueron 259.227 personas, aunque la inmensa mayoría (219.537) eran extranjeros que, después de unos años aquí, han decidido probar suerte en un país con menos paro. Las tablas históricas del INE reflejan que en 1976 dejaron España 12.124 ciudadanos (además del grueso de 97.279 que viajaban a Francia para trabajar en la temporada del campo).

El Estado aconfesional. El peso de la Iglesia católica en la vida pública era evidente en 1975 —el Rey juró ante la Cámara “por Dios y sobre los santos evangelios”—. De ahí se pasó a un Estado aconfesional con plena libertad religiosa. En 2009, por primera vez, hubo más bodas por lo civil (94.993) que religiosas (80.174). Y a eso se añadió, en 2005, una de las leyes que más conflicto generó entre el Gobierno, entonces del PSOE, y la jerarquía eclesiástica: la ley del matrimonio homosexual. En nueve años se han celebrado cerca de 25.000 bodas gays. La aconfesionalidad del Estado, sin embargo, sigue siendo incompleta en la práctica: los funerales de Estado se celebran en catedrales y con misa, en muchos colegios sigue habiendo crucifijos sobre la pizarra, la asignatura de religión cuenta para obtener becas, y la Iglesia católica tiene una financiación específica a través del impuesto de la renta.

En 1976 la población penitenciaria sumaba 9.937 personas y el delito tipo era el robo de bolsos por el método del tirón. En 2013 había 67.404 reclusos. España es, junto a Reino Unido, el país de la UE con más tasa de población reclusa, pese a estar a la cola en criminalidad, según Eurostat.

Ocio de ayer y hoy. En las radios hacía fortuna hace cuatro décadas el Ramito de Violetas de Cecilia, y Bruce Springsteen inauguraba página en la historia del rock con su disco Born to run. La tele única —solo dos canales, públicos, frente a las decenas de canales privados que existen hoy— contribuía a fabricar mitos patrios. Félix Rodríguez de la Fuente sentaba a medio país ante la pantalla cuando sonaba la sintonía de El hombre y la tierra. Ángel Nieto había ganado media docena de campenatos del mundo. Y las estrellas del Real Madrid, campeón de liga en 1976, acariciaban sueldos anuales de 20 millones de pesetas. A años luz de los 15 millones de euros (2.500 millones de pesetas) que ingresan hoy los ídolos del campeonato.La selección española de fútbol ha tocado la gloria con un campeonato mundial y dos eurocopas.

Los niños de ayer se entretenían con clicks de Famobil, su juguete preferido de entonces. Hoy, las consolas han tomado los cuartos de la clase media.

El contexto internacional. España pidió pronto su adhesión a la Comunidad Económica Europea, en 1977, pero tuvo que esperar nueve años. La caída del muro de Berlín aún no se adivinaba. Los periódicos aludían a una incipiente guerra en Camboya que desembocaría en el genocidio de los jemeres rojos. Y al estallido de un nuevo conflicto sangriento entre Etiopía y Somalia.

Felipe VI se encuentra con un mundo con una única potencia dominante, EE UU, que empieza a verse cuestionada por un puñado de potencias emergentes encabezadas por China, al tiempo que Rusia intenta recuperar su influencia. Los grupos yihadistas se han convertido en una amenaza a la estabilidad mundial. América Latina ha avanzado hacia la democracia. El conflicto árabe-israelí sigue sin apagarse.

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