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Paesa, el 'superespía' español que resucitó tras engañar a ETA y a Roldán

ABC ABC 27/05/2016 César Cervera

Francisco Paesa Y Dewi Sukarno © Diario ABC Francisco Paesa Y Dewi Sukarno Llega a sus últimos días el rodaje de la película «El hombre de las mil caras», dirigida por Alberto Rodríguez («La isla minima»), sobre la huida de Luis Roldán, ex director general de la Guardia Civil, y su relación con el ex agente Francisco Paesa, un personaje tan controvertido como misterioso.

¿Era un espía, un banquero, un «playboy» o un vendedor de armas...? Sobre Francisco Paesa «Paco» (Madrid, 11 de abril de 1936) se conocen realmente pocos datos fiables. Ni siquiera es seguro su nombre (¿Alberto Seoane o Paesa Abad?); y ni si está vivo o muerto. Este antiguo agente de los servicios secretos españoles desarrolló su carrera profesional en la época más farragosa de Felipe González y se ocupó de algunos de los asuntos en los que nadie quería mancharse las manos. El tiempo le convirtió en un funambulista del poder, tan capaz de lidiar con dictadores como de engañar a corruptos y terroristas.

Antes de espía había sido banquero y, en sus orígenes, había trabajado para el dictador guineano Macías en el Banco Nacional de Guinea. Su asociación con el dictador terminó cuando Macías le acusó de intentar robarle. Y algo de cierto debía haber en aquellas acusaciones porque, nada más trasladarse a Suiza, compró el Commerce Bank por un millón de francos suizos, sin que quedara clara la procedencia del dinero.

«El hombre de las mil caras»

En cualquier caso, su carrera como banquero estuvo en todo momento manchada por acusaciones de estafa, fraude y falsificación, así como por sus estrechos vínculos con paraísos fiscales. Tras zambullirse en las cloacas financieras de Europa, la Interpol le detuvo en Bélgica, en octubre de 1976. Para entonces estaba considerado todo un «playboy» debido a su romance con Dewi Sukarno, viuda del ex presidente de Indonesia. Al salir de la cárcel se vinculó con el tráfico de armas y, junto al francés Georges Starckmann, trataron de vender material bélico al régimen iraní de Jomeini.

La Justicia española e internacional buscaba desesperadamente el modo de derribar al traficante. Lo que tal vez desconocían en ese momento es que «el hombre de las mil caras» trabajaba desde hace años en misiones para los servicios secretos españoles gracias a sus contactos a nivel internacional y a su capacidad para ejercer de diplomático en nombre de exóticos países. De hecho, ser representante de Santo Tomé y Príncipe ante los organismos internacionales con sede en Ginebra le otorgó inmunidad diplomática ante las repetidas acometidas judiciales.

En los mentideros del Estado, Paesa quedó asociado a la operación Sokoa, llevada a cabo el 5 de noviembre de 1986, cuando la Policía francesa –tras recibir la información de la Policía Española– se presentó en la cooperativa Sokoa y halló un enorme zulo de ETA, con documentación, listado de pagadores del impuesto revolucionario y un impresionante arsenal de armas. La operación fue posible gracias a que Paese vendió a la banda terrorista dos misiles SAM-7, en los que se hallaban ocultos localizadores de origen estadounidense.

Pero incluso un hombre escurridizo puede quedar atorado en el peor momento. Su vida como banquero y espía le llevó a ser director del Banco Nacional de Guinea, diplomático de Santo Tomé y Príncipe, traficante de armas con ETA, galerista de arte, fundador de bancos, empresario fantasma en Panamá y las islas Vírgenes, e incluso protegido de la Stasi (el órgano de inteligencia de la República Democrática Alemana); le llevó a sobrevivir a todo aquello, pero no al confuso laberinto de los GAL. La investigación periodística terminó salpicando al espía, y sacando a la luz los pocos datos fiables que se tienen de él.

De los Gal a Luis Roldán

El 11 de noviembre de 1988 el Juzgado Central de Instrucción número 5 dictó un auto acordando la detención de Francisco Paesa Sánchez, en el marco del sumario seguido contra los ex policías José Amedo y Michel Domínguez, por el atentado de los GAL que costó la vida a Juan Carlos García Goena.

Paesa esquivó en los siguientes años a la Policía española y a la orden de detención internacional que pesaba contra él. Pese al empeño del Juzgado número 5, del que era titular el Juez Garzón, nunca fue detenido y sus cuentas en Suiza permanecieron intactas. Y no es que la ubicación de Paese fuera precisamente un misterio. En 1990, la Interpol suiza anunció que Paesa había sido nombrado embajador de Santo Tomé y Príncipe ante la Organización de Naciones Unidas (ONU). Su condición de diplomático le daba inmunidad. Es más, el Gobierno español siguió en contacto con él y le pidió ayuda durante la fuga de Luis Roldán Ibáñez.

Como Director General de la Guardia Civil, Roldán desarrolló «una incesante actividad delictiva amparado en su cargo público, con la finalidad de enriquecerse ilícitamente», según señala la sentencia del Caso Roldán. Al iniciarse las diligencias judiciales por sus actividades delictivas, Luis Roldán se fugó de España en 1994. Sin embargo, con la mediación de Paesa se logró su regreso a España, con vistas a ser juzgado. Roldán llegó supuestamente desde Laos, en una extraña y confusa sucesión de hechos para ocultar que, en realidad, nunca abandonó París.

Paesa habría pasado por un buen servidor del Estado, y de hecho fue recompensado como tal (con 300 millones de pesetas), salvo por el hecho de que Roldán le acusó de quedarse con el dinero que él había malversado: 11.8 millones de euros. Pero también en este caso la causa quedó en nada. Investigado por esconder el patrimonio de Luis Roldán, la causa fue archivada el 18 de marzo de 2004 por prescripción y anulada la orden de busca y captura.

Y al sexto año... resucitó

Antes de que sus delitos prescribieran, Paesa permaneció prudentemente alejado de España y orquestó su truco más teatral: fingió su muerte a causa de un paro cardíaco. En el verano de 1998, se le dio por muerto en Tailandia (con una esquela publicada en «El País») y sus familiares celebraron en su memoria varias misas gregorianas. La farsa duró seis años, hasta que en noviembre de 2004 aparecieron fotografías suyas en Luxemburgo, donde hacía su vida utilizando un pasaporte argentino a nombre de Francisco P. Sánchez. «El certificado de defunción de Paesa está firmado por un testigo tailandés que no existe», había apuntado ABC muchos años antes.

Cuando ya no le quedaban dudas a nadie de que estaba vivo y coleando, Paese fue detenido a finales de 2011 en el aeropuerto de Lungi (Sierra Leona), ante la sospecha de estar participando en una operación de tráfico de drogas. El ex agente secreto permaneció retenido tres días, pero fue puesto en libertad al no pesar sobre él ninguna orden de búsqueda internacional.

Desde entonces, de nuevo: el silencio. Hasta que la filtración de miles de datos de clientes del bufete Mossack Fonseca, los llamados Papeles de Panamá, han sacado a la luz que Paese no aguantó muerto mucho tiempo en lo que respecta a la actividad bancaria. Dos semanas después de la fecha de su esquela, el espía registró en las Islas Vírgenes Británicas la empresa Regus Assets, donde figura un único director, Francisco P. Sánchez.

Francisco P. Sánchez creó más de seis empresas y operó a través de ellas en los sectores inmobiliarios y de comunicaciones de Marruecos. Pero el fantasma no estaba solo. Beatriz García Paesa, su sobrina, abogada y persona de confianza, fue quien administró las empresas, y la misma persona que le escondió durante su fuga en Luxemburgo.

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