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Palabras encadenadas

Notodo Notodo 13/04/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "Palabras encadenadas" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Palabras encadenadas"

"¿Quién quiere jugar conmigo a las palabras encadenadaaaaass...?", espeta un demenciado Francisco Boira a la maniatada Cristina Alcázar en los bajos del Teatro Lara. Qué miedo da (y cómo se disfruta) el ver a un actor metido hasta las trancas en un papel tan retorcido como el de Boira (y sufrido como el de Alcázar al comienzo de la función) en el juego de las Palabras encadenadas imaginado por Jordi Galcerán y dirigido por Juan Pedro Campoy, que lleva desde hace unos meses haciéndoselas pasar canutas a los espectadores.

Laura es secuestrada por Ramón. Y Ramón le propone jugar a las palabras encadenadas. Si él gana, le dejará marcharse. Si pierde, le sacará un ojo. Muy bonito todo. Pero más bonito todavía es cuando se sabe que a ambos les une algo más que la casualidad (como no podía ser de otra manera). Palabras encadenadas es un juego macabro ideado por el prolífico Jordi Galcerán, un ejemplo perfecto (y hasta paródico) de los thrillers de psicópatas tan de boga en los años 90 (genero por el que siento especial debilidad, debo añadir) versión patria. Un ejercicio claustrofóbico que consigue sumergir al espectador en su enfermizo y violento universo. Pocas veces he visto escenas tan gráficas y realistas de violencia en escena (realistas como que se meten unas leches finas, vamos) y uno debe ir preparado.

Preparado para enfrentarse a un texto lleno de más giros que el repertorio entero del Ballet Nacional de Cuba, guiados por dos actores que son dos bestias pardas de la naturaleza. Cristina Alcázar está fantástica como esa secuestrada que resulta no ser tan mosquita muerta como parecía. Completamente creíble, Alcázar se va creciendo hasta alcanzar cotas geniales hacia el final de la función. Pero es Fran Boira el que tiene un bombón de personaje que le permite desplegar un auténtico repertorio de pequeños detalles de gran actor, llenos de sentido y que insuflan a su personaje de un innegable poder fascinador. Este psicópata que pone Boira sobre la escena es una de las interpretaciones más brutales que se pueden ver en este momento en la cartelera. Bravo, bravo y bravo, porque no es nada fácil (aunque lo parezca) llenar este personaje como lo hace el protagonista de La mala educación y MBIG.

Pero es que Palabras encadenadas, además de un ejercicio claustrofóbico y enfermizo, esconde en su interior una impagable comedia absurda que consigue canalizar y sacar a la superficie las risas nerviosas del público. Cierto es que las vueltas pueden ser un poco previsibles, pero la función está tan bien llevada que ni te importa. Y otro asunto: el tema puede ser algo duro si no se va avisado. Pero si a uno le gustan este tipo de historias, disfrutará (si se puede utilizar la expresión para una función como ésta) como un enano de este juego macabro. Venga: "¿Quién quiere jugar a las palabras encadenadaaaaaassss...?"

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