Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Pandilleros cada vez más jóvenes

EL PAÍS EL PAÍS 05/05/2014 F. Javier Barroso

Dos fines de semana seguidos: dos riñas tumultuarias —una en la estación de Nuevos Ministerios y otra en el distrito de Usera— con decenas de participantes y un total de 37 detenidos, 24 de ellos, menores. Dos broncas protagonizadas por bandas juveniles latinas que, aunque la policía considera hechos aislados, han dado pie a detectar que los nuevos integrantes son cada vez más jóvenes y que utilizan armas altamente lesivas, como machetes de grandes dimensiones. Más allá de los grupos clásicos hoy ya controlados y sin apenas actividad —los Latin King y los Ñetas— se han detectado nuevos grupos que, aunque aún son pequeños, están en estos momentos en fase de captación de nuevos chavales, según fuentes de la Brigada Provincial de Información de la policía.

La primera riña se registró la noche del sábado 19 de abril en la estación de Nuevos Ministerios, cuando se enfrentaron integrantes de dos bandas latinas radicalmente opuestas: los Dominican Don’t Play (DDP) y los Trinitarios. En aquella ocasión, no se produjeron heridos y todo quedo en carreras por el vestíbulo y los andenes de la línea 6. La policía decomisó seis machetes de grandes dimensiones y una pistola de aire comprimido con la que se amenazaron los contendientes. De los 22 detenidos, 14 eran menores.

El otro ataque se registró el viernes siguiente, el 25 de abril, en la calle de San Magín. A escasos metros de la comisaría de la Policía Nacional de Usera, unos jóvenes la emprendieron a golpes entre ellos. La llamada de un vecino permitió atajar el problema con rapidez y detener a 15 personas, de las que, en este caso, 10 eran menores. Se decomisó un machete y dos palos. “Lo que estamos viendo es que hay una nueva remesa de menores. De momento, no son agresiones graves gracias a la rápida intervención de los patrullas de la zona”, reconoce el inspector jefe encargado de las tribus urbanas, Ricardo Gabaldón. En ambas ocasiones, todos los detenidos han quedado en libertad con cargos, pendientes de prestar declaración cuando les citen los jueces. Los cargos que se les imputan son de poca trascendencia penal.

En la región hay cinco bandas latinas principales y algún grupúsculo emergente que intenta abrirse hueco. La más importante ha sido tradicionalmente la de los Latin King, pero hoy en día son solo el recuerdo. Resulta muy difícil encontrarlos. Si tradicionalmente se movían por Usera y Carabanchel, ahora son los menos activos. “Se les ha seguido muy de cerca y la mayoría de sus líderes están en prisión, cumpliendo condena”, explica el mando policial. Algo parecido le ha ocurrido a la eterna banda rival: los Ñetas.

Los que sí intentan hacerse con la hegemonía en la capital son los DDP. Asentados en Usera, Vallecas y Tetuán, se caracterizan por una gran movilidad geográfica. Tendrán unos 70 u 80 seguidores. “Este tipo de bandas suelen asignarse un territorio e intentan evitar la presencia de otros. Los demás lo saben y no suelen entrar en esas zonas”, reconocen mandos policiales.

El cuerpo de Ramiro David M. V., de 20 años, yace frente al número 9 de la calle de Tánger, en Puente de Vallecas, en 2012. © ALBERTO MARTÍN El cuerpo de Ramiro David M. V., de 20 años, yace frente al número 9 de la calle de Tánger, en Puente de Vallecas, en 2012.

Los que tienen un rango de actuación más amplio son los Trinitarios, que, junto a Carabanchel, están asentados en Leganés, Alcorcón y Fuenlabrada. Por último, los Forty Two se mueven por Tetuán y Alcorcón, según fuentes policiales. Tampoco sumarán más de 80 integrantes. “Todos ellos tienen ahora menor actividad porque están en la fase de captación de gente. A eso se ha unido que algunos pandilleros se han ido haciendo mayores y han abandonado estos grupos”, relatan fuentes de Información. “Entre los rivales se conocen, saben los nombres, donde se mueven y hasta qué hacen. Se tienen muy controlados”, añaden estas fuentes.

El rango de edad de los pandilleros oscila entre los 14 y los 23 años, aproximadamente. Un hecho que está constatando la policía es que cada vez son más jóvenes los integrantes de estos grupos violentos. “Hay un problema y es que, cuanto más jóvenes sean, más peligrosos resultan porque existe una mayor rivalidad entre ellos”, añaden fuentes policiales. Conforme crecen, buscan otras maneras de relacionarse y se asientan, abandonando la vida del grupo.

El perfil de los pandilleros está muy definido. Se trata de adolescentes que están de manera regular en España, que han llegado a Madrid a través del reagrupamiento familiar y consiguen trabajos esporádicos, generalmente, muy mal remunerados. Según Gabaldón, “no hacen de la pandilla su forma de vida, pero si dan vida a la pandilla”. Tampoco suelen tener formación ni aprenden un oficio. En caso de estar estudiando, se caracterizan por un altísimo fracaso escolar. La práctica totalidad son hombres y pertenecen a nacionalidades como la ecuatoriana y la dominicana, seguidos en menor medida de la colombiana, la boliviana y españoles. Además, se han visto casos de muchachos marroquíes y rumanos en este tipo de grupos.

En la última década, las bandas latinas han estado detrás de al menos 10 homicidios, todos resueltos. El último ocurrió el 22 de junio de 2012, cuando Ramiro David M. V., de 20 años, murió frente al número 9 de la calle de Tánger (Puente de Vallecas) tras sufrir una herida con una botella en la parte baja del pecho izquierdo que le afectó a un vaso sanguíneo. Los supuestos autores fueron arrestados a los pocos días.

Estos grupos se financian con robos callejeros en parques, en los que se apoderan de pequeñas cantidades y de objetos de valor como los teléfonos móviles. Tampoco descartan los hurtos, pero prefieren ejercer la intimidación hacia sus víctimas y, en menor medida, la violencia. Eso sí, siempre se trata de delincuencia de baja intensidad.

Con esas aportaciones de entre tres o seis euros semanales, se compran las armas. Acuden a armerías donde adquieren los llamados bolomachetes, machetes de grandes dimensiones que pueden tener una hoja de hasta medio metro. En principio, los venden por unos 20 euros y sin filo, pero ellos se encargan de sacárselo. Eso los convierte en poderosas armas que pueden causar graves amputaciones e, incluso, costar la vida a los oponentes. Algún caso de estas características ya se ha dado en la capital. “Cuando van a las discotecas, los esconden en papeleras o en maceteros. Si les atacan o hay alguna riña, vuelven a por ellos”, explican fuentes de Información.

Durante el año pasado, los agentes de la Brigada Provincial de Información detuvieron a 165 integrantes de estos grupos, a los que hay que unir otro centenar de los grupos que existen en las 12 comisarías locales que hay en los municipios de la periferia de la capital.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon