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Para Wiggins no hay plan C

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 Carlos Arribas

La primera autobiografía de Chris Froome, The Climb (La escalada) comienza como si una novela africana de Graham Greene, algo así como El revés dela trama pero en Kenia, se hubiera cruzado con la primera autobiografía, la primera gran mentira, de Lance Armstrong, y su sueño de morir descendiendo un puerto sin frenos a 100 por hora en bicicleta, y pudo empezarse a comprar el jueves, justo el día en que se cumplían 70 años del Desembarco de Normandía y en los jardines de la embajada de Londres en París la reina Isabel II ofrecía una recepción para recordarlo, el día también en el que el elegante sir Bradley Wiggins, tras dar la mano a la reina que le hizo caballero hace un par de años, aprovechó para contribuir al lanzamiento del libro ofreciendo, aun de una manera oblicua, su opinión, su respuesta, sobre las verdades escritas por quien fue su segundo en el Tour del 12 y el primero del 13.

"Mi equipo, el Sky, no me quiere en el Tour”, le dijo Wiggins, de 34 años, al periodista de L’Équipe que le entrevistó en el cercano hotel Bristol. “Solo tendría un hueco si a Froome o a Richie Porte les ocurre algo, una caída, una lesión, en la Dauphiné Libéré [la carrera de preparación que empieza este domingo; mientras, Wiggins, que tampoco fue convocado a la concentración del Teide habitual junto a Froome, correrá la Vuelta a Suiza]. Si se cae Froome, iría como lugarteniente de Porte, que es el plan B. Y si se cae Porte, iría para ayudar a Froome… Así que haré los Juegos de la Commonwealth y luego la Vuelta. Para volver al Tour tendré que cambiar de equipo”.

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Froome, en el Tour de 2013. / REUTERS

La planificación del Sky no contempla, pues, un plan C, una rendija para el conflicto, un hueco para Wiggins, quien no ha corrido el Tour tras su victoria, y tampoco ha vuelto a ser el mismo. Tras un 2013 marcado por una horrorosa experiencia en el Giro, en 2014, sin embargo, había vuelto a dar muestras de su clase en la París-Roubaix, la carrera que le vuelve loco (y por cuyo pavés pasará este Tour: su experiencia en los adoquines sería magnífica para desbancar al liviano Froome del liderazgo del equipo) y ganando la Vuelta a California. Wiggins termina contrato con el Sky este año y reconoce haber hablado con los australianos del Orica.

Froome, de 29 años, aún no ha dicho nada, pero seguramente será consciente de la ironía que supone el llanto de Wiggins. En su libro, en el que llama a Wiggins el Big Kahuna (el jefe de la tribu en hawaiano), el británico nacido en Kenia viene a decir que si no fue él quien ganó el Tour de 2012 fue sencillamente porque le frenaron, porque no le dieron la libertad que le habían prometido, porque tuvo que esperar a Wiggins, “un cobarde que no se atrevía a hablar con él cara a cara”, en las etapas de la Toussuire (donde se fue ligero con Nibali mientras Wiggins sufría un ataque de pánico y gritaba “¡frena, frena!” por el pinganillo) y Peyragudes (donde no le dejó ir a por Valverde para ganar la etapa) y porque perdió 1m 25s en la primera etapa por un pinchazo. No le esperó ningún compañero, salvo su amigo Porte, que le dio su rueda.

Tras su victoria, Wiggins no ha vuelto a correr el Tour, ni a ser el mismo

“Entonces no había plan B”, me dijeron, escribe Froome. “Era Wiggins o nada. Y me engañaron, porque en mi contrato figuraba que yo tendría libertad de acción en el Tour”.

Uno de los pasajes más interesantes de un libro mucho más sanguinario que el que escribió Wiggins para contar los mismos hechos (los derrotados siempre cuentan otra verdad), relata cómo un día, al comienzo de aquel Tour, el iletrado Mark Cavendish le pasó a Froome dos papelitos con una interesante cita de Shakespeare sobre las nociones de grandeza y valor: “Algunos han nacido grandes, otros alcanzan la grandeza, y a otros les cae la grandeza encima como llovida del cielo....”. De qué pasta diferente están hechas las grandezas de Froome y Wiggins parece claro para el keniano.

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