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Patxi López salvó su vida por el caos de ETA

El Mundo El Mundo 11/06/2014 ÁNGELES ESCRIVÁ

«KbinCxastres A-1-A2Bsdik!», o lo que es lo mismo: Basurde (Tomás Miguel Madina Etxeverria) está citado para un cursillo en la localidad francesa de Castres con los días 1 y 2 de agosto de 2009. Desencriptar esa frase es, según fuentes judiciales, lo que ha conseguido que este «tirador selecto» elegido por ETA para asesinar al entonces lehendakari, Patxi López, diese ayer con sus huesos en el calabozo. El dirigente socialista sigue vivo, entre otras muchas cosas, porque el comando Otazua que traía las órdenes y el francotirador fueron víctimas de la descoordinación reinante en ETA y éste se quedó esperando en un monte, como le habían dicho, con un gorro rojo puesto y una naranja en la mano.

© Proporcionado por elmundo.es

Ese día, el asesino en ciernes no lo sabía pero la banda, que se sentía ya derrotada tras ver frustrada su última campaña, había dado la orden a los suyos de abortar las operaciones.

Las cartas de Tomás Miguel Madina empezaron a estar marcadas cuando los agentes de la Guardia Civil encontraron entre las propiedades de Garikoitz Azpiazu, Txeroki, el número uno de ETA detenido en noviembre de 2008, una agenda marca Lecas con algunas anotaciones codificadas que indicaban que tenía una reunión prevista con un tipo cuya identidad les era desconocida. La cita entre ambos no se produjo precisamente por el arresto de Txeroki.

El tipo no tuvo mejor suerte en abril de 2009 cuando, de nuevo, los agentes detuvieron a Jurdan Martitegi y comprobaron que este dirigente de ETA había cerrado otra cita con un tal Basu, de nuevo fallida por culpa de la operación policial. Nuevas detenciones y nuevas anotaciones manuscritas en diferentes agendas, esta vez propiedad de los encargados del control de las armas de ETA, insistían en señalar los días 1 y 2 de agosto y la localidad de Castres como lugar de una cita importante; de modo que los expertos decidieron establecer un dispositivo. El 1, el propietario de un Peugeot gris aparcó en la Plaza L'Albinque y, tras recoger al etarra Joanes Larretxea, logró burlar la vigilancia policial.

Los investigadores consiguieron averiguar, no obstante, que se trataba de Tomás Miguel Madina, experto cazador y propietario del vehículo, de un permiso de armas tipo E y de tres escopetas del calibre 12. Dedujeron que ETA le había hecho un encargo importante y le siguieron. A él por una parte y al comando Otazua por otra. Sin sospechar que tuvieran conexión.

Pero la tenían. Txeroki y Ata, los últimos jefes del aparato militar de ETA, habían ordenado a los miembros del comando que buscasen, los primeros domingos de cada mes, en la cima del monte Ganekogorta, a «un miembro legal, una persona de 45 años, de estatura baja y que en la mili había sido tirador selecto. La contraseña era sentarse con una pieza de fruta en la mano y un gorro rojo». El objetivo era proporcionarle al francotirador el fusil con mira telescópica con el que tenía que asesinar al lehendakari López y al consejero de Interior, Rodolfo Ares, el 19 de junio de 2010, durante los actos del aniversario del asesinato del inspector Eduardo Puelles en Arrigorriaga.

Los miembros del comando, como reconocieron tras su detención un año después, subieron al monte el 7 de marzo y no encontraron a su hombre. Volvieron el domingo 14, como indican los manuales. Pero aquella segunda vez, cuando apenas habían pasado siete días, ya llevaban consigo la orden de parar.

La banda arrastraba un lastre tremendo. Había mantenido una guerra por el poder con Batasuna y la había perdido pero, como no se resignaba, había planeado algunos asesinatos que demostrasen quién mandaba. Entre ellos, los del lehendakari López y el consejero Ares. Esa campaña fue abortada cuando dos guardias civiles dieron el alto en el pueblecito de Bermillo de Sayago a una furgoneta, alquilada por Ata, que se dirigía a Portugal para recoger los explosivos con los que el comando Otazua iba a reventar las Torres Kio y que transportaba el fusil con el que se iba asesinar al lehendakari.

Cuando ya había pasado todo eso, el 14 de mayo los agentes vieron cómo Madina subía al monte y se comía una manzana mientras dejaba bien visible una naranja. Un cuarto de hora después, como mandan los cánones etarras, iniciaba el descenso. Nadie se había puesto en contacto con él. No han podido arrestarle hasta que una comisión rogatoria ha remitido, oficialmente desde Francia, las agendas en las que los jefes etarras, detenidos hace cuatro años, aseguran haber quedado con Basurde, BSD, Bas o Basu.

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