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Paulina Flores

Notodo Notodo 03/11/2016 Alan Queipo
Imagen principal del artículo "Paulina Flores" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Paulina Flores"

Texto: Alan Queipo
Paulina Flores no estudió literatura ni periodismo, ni era una poeta precoz a los siete años, ni trabajó como cuentacuentos para niños de la calle, ni tenía familiares con algún tipo de destreza lírica conocida. No domina el arte de las florituras ni del lirismo técnico, a pesar de vivir “obsesionada con la literatura”, según dice. No es una máquina de sacar sinónimos y antónimos a la luz, en un alarde de conocimiento del diccionario digno de algún ganador de Pasapalabra, pero es en el ritmo narrativo de las historias con alma donde la escritora consigue convertir pequeñas historias cotidianas en el polígrafo del mundo.

Lo que sí tiene Paulina Flores son historias que contar y una capacidad innata para abrir los ojos y saber mirar al frente mejor que los demás para plasmar en sus cuentos la vida de la clase media, de la clase obrera a la que ella pertenece: una chica de que sabe que cerrar los ojos es perder, y en su lugar engulle y vomita historias necesarias; las de la vida en las ciudades, los vecindarios de los bloques de edificios a los que cantaba Martirio pero a 13.000 kilómetros de Sevilla, en pleno Santiago de Chile que recluta y arrejunta en los nueve cuentos que componen Qué vergüenza.


Como una mezcla entre el relato breve-no-tan-breve de las historias de clase media de Mariana Enríquez y el tempo narrativo y el empoderamiento femenino de la literatura de Alice Munro, Paulina Flores le da un baño de realidad a esos dos perfiles ajenos para convertir el retrato social que puede tener un falso biopic literario en un serial de historias encarnadas, repletas de realidad, cristalizadas en una galería de personajes desesperanzados e inocentes, que se debaten entre la inocencia naif y la desconocida fortaleza del ser humano al límite.

Nueve historias que abren las puertas a padres minimizados en una depresión a causa de la perpetuación en el paro; a adolescentes aventurándose en la transición a la vida adulta; al coqueteo sensual de los romances efímeros; a cómo unas vacaciones en La Serena pueden cambiar la vida a un muchacho pobre mezclado con su familia rica; o cómo una biblioteca puede ser la principal centralita de aventuras.

Si, como dice la propia escritora en uno de sus cuentos, “el reclutamiento nace del desafío”, Paulina Flores tiene un ejército de historias con alma listas para dar la más certera de las batallas: la del día a día.

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