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Pedro Pascal, el defensor del español en Hollywood

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 LUIGI BENEDICTO BORGES

El papel de Oberyn La Víbora Roja Martell cambio la vida de Pedro Pascal, hijo de chilenos exiliados por la dictadura de Pinochet que durante 20 años buscó su lugar como actor. Tras múltiples cameos en series como Buffy o Homeland, su paso por Juego de Tronos y su ingreso en la DEA -dando vida al agente Javier Peña en la serie Narcos- lo han convertido en la nueva sensación latina de Hollywood. Ahora, a sus 42 años, ha visitado España como nuevo modelo de Loewe y como uno de los principales atractivos de Kingsman: el círculo dorado, película dirigida por Matthew Vaughn donde destaca entre un reparto de impresión.

"En el rodaje no sabía dónde mirar con tanto mito", rememora con modestia. "Ver a esa gente funcionar así es algo único. Halle Berry tenía una paciencia increíble; Jeff Bridges andaba inventando cosas al instante con su bebida, con el cigarro... Era una masterclass en vivo". En medio de un "trabajo muy intenso, de muchas horas y con mucha improvisación" destacaban figuras como las de Colin Firth, coprotagonista del filme. "Cuando la cámara te enfocaba totalmente a ti él se ponía lo más cerca posible de ella para que lo pudieras usar e interactuar con él. Era algo increíble", dice Pascal, quien reconoce que nunca había estado rodeado de tanto talento. "Al ver a esta gente, que tiene estatuillas en sus casas, comportándose de forma totalmente profesional, con cero divismo, aprendes mucho. Me inspiraron... E hicieron que me portara muy bien también", aclara jocoso.

Cuando su agente le comentó que andaban detrás de él para interpretar a Whiskey, el mejor agente secreto de los Statesman -unos espías "gringos" que operan bajo una destilaría de alcohol-, Pascal no le dio crédito. "Me estás hueveando", fue su respuesta. Minutos después, sonó el teléfono de su casa. Era una llamada desde Inglaterra. "Quiero que empieces como Ronald Reagan y luego pases a ser Burt Reynolds", fue lo primero que le dijo Matthew Vaughn, quien le hablaba desde el otro lado de la línea como si fueran "colegas de toda la vida". Al colgar, Pascal decidió sumergirse en "un eterno" proceso de casting sólo para devolverle al director el respeto que le había mostrado. Logró el papel, tuvo que someterse a "un durísimo entrenamiento con látigos, lazos y pistolas" y comprobó cómo su imagen de "badass" seguía creciendo por el mundo mientras su cuerpo sólo le pedía "siesta, descanso y Netflix".

Pascal habla con soltura, mezclando indistintamente inglés y castellano. Si hay una palabra que no conoce, la conversación se para hasta que se da con la adecuada. Ocurre con nory, la expresión que escoge para definir el personaje de Julianne Moore en Kingsman. "Cínica", "juguetona" o "sarpeta" son las traducciones barajadas para Poppy, "una Martha Stewart que quiere ser la nueva Pablo Escobar sin dejar de ser el prototipo de mujer perfecta de los años 50", explica. La mención al antiguo líder del Cartel de Medellín no es gratuita. Whiskey también tiene una relación traumática con la droga, como el agente Peña en Narcos. "Con Kingsman, al ser un proyecto comercial, no te esperas que el tema sea tratado de una forma tan inteligente y provocadora. Vaughn hace que te relajes como espectador para luego atizarte con ideas muy impactantes. En Narcos, en cambio, mi personaje está más concienciado. A mi entender se trata de un problema global con dos frentes: Por un lado, el narcotráfico es una industria. Por el otro está la adicción que producen las drogas, que no es un tema criminal, es de salud. Pero el sistema no está hecho para poder ayudar a esta gente enferma, utilizada para ganar más plata. Pero yo soy sólo un actor, no soy alguien que pueda solucionar estos temas", lamenta.

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Más satisfecho se muestra con las puertas que ha abierto su trabajo en español. "En EEUU el español está muy normalizado, aunque tenemos un loco en la Casa Blanca tratando de separar las cosas que deberían estar juntas. Para mí, que he vivido en San Antonio, en California y en Nueva York con la influencia de México, Puerto Rico y Cuba, su uso forma parte de mi vida. Y además, soy chileno, por lo que siempre he convivido con el inglés y el español. Por eso encuentro muy lindo que tengamos creadores como los de Narcos, que al principio iba a estar hablada en inglés con acento arbitrario, como el mío con Oberyn Martell. Pero al final Netflix dijo que si estábamos en Colombia los personajes tenían que hablar en español. Y casi la mitad de cada capítulo de una serie muy popular en todo el mundo acabó siendo hablada en español con actores de México, Colombia, de España... Es algo muy importante culturalmente y todo un orgullo", afirma.

Eso sí, si Almodóvar o cualquier otro quiere contar con sus servicios, que no le exija un "acento castellano". "¡Que no me lo pidan porque no lo voy a poder hacer!", exclama. "Tendría que ser un acento chileno-gringo-californiano-texano-neoyorquino-gitano... Que me inventen por favor un rol que sea el de un extranjero que habla bien español e inglés, con un acento totalmente raro que cambia con cada persona con la que se encuentra", concluye entre risas».

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