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Pere Navarro, el líder más efímero del PSC

La Vanguardia La Vanguardia 11/06/2014 Iñaki Ellakuria | Isabel García Pagán

Coqueto, de voz melosa y una timidez con vocación seductora, Pere Navarro (Terrassa, 1959) se convirtió en el líder de los socialistas catalanes en diciembre del 2011 casi sin hacer ruido. Perfecto desconocido para la mayoría de los ciudadanos, su nombre empezó a sonar en la boca de muchos dirigentes del PSC después de la debacle de las municipales. Una derrota que alertó a los socialistas catalanes de que la nave iba a la deriva. Pero la coincidencia en señalar a este biólogo amante de las maletas como el líder tranquilo para los tiempos revueltos, no evitó la etiqueta de candidato del núcleo duro que ha gobernado el PSC las dos últimas décadas: el triunvirato formado por José Montilla, José Zaragoza y Miquel Iceta.

Ese sambenito no dejó a Navarro dormir tranquilo en los días previos a su designación y sus colaboradores aseguraban que no tardaría en marcar distancias con la vieja guardia montillista. Hasta que se metió en la guerra sucesoria, este licenciado en Biología que empezó a militar en política en 1976 en el PSC-Congrés se había mantenido en la esfera municipal, con un papel muy discreto en las ejecutivas socialistas, evitando las guerras intestinas entre el sector catalanista y el PSC del Baix Llobregat, gran dominador del partido en las últimas décadas.

Esa equidistancia, y su actitud abierta al diálogo y al pacto -algo que destacaban incluso sus rivales en Terrassa-, le fue granjeando poco a poco la aureola de voz de una tercera vía, determinante para su victoria en el congreso del PSC.

Casado y con dos hijas, le gustan las motos -tiene una Kawasaki de gran cilindrada- pero en su quehacer diario prefiere moverse a pie y en transporte público. Estética y ética. Navarro reivindicó que la socialdemocracia debe abandonar los despachos, los salones enmoquetados y los restaurantes, para volver a pisar la calle si quiere recuperar la credibilidad. Navarro quería devolver al PSC a los años de gloria, recuperar el espacio central de la política catalana. Un trayecto que pasaba, a su juicio, por acentuar el perfil medioambiental y ejercer una oposición responsable y abierta al pacto al Govern de la Generalitat. "Será una sorpresa para muchos", avisaban sus colaboradores.

Y lo fue. Porque en una de sus primeras intervenciones en el Parlament al frente del grupo del PSC fue para anunciar una abstención en cualquier votación referente al derecho a decidir. No duró mucho su palabra porque por bajo su mandato, por primera vez en 30 años, los socialistas catalanes rompieron la disciplina de voto del PSOE en el Congreso para apoyar un texto favorable al derecho a decidir.

Navarro puso sobre la mesa del PSOE la renegociación de las relaciones entre ambos partidos y presionó para que los socialistas asumieran, a regañadientes, una reforma de la Constitución en la vía federal. Pero los problemas de Navarro no sólo estaban en el frente estatal.

Los sectores críticos que quiso integrar en la ejecutiva coparon el espacio público con críticas al distanciamiento del PSC de los postulados favorables a la consulta. La proliferación de plataformas críticas ha sido una tónica habitual en la vida del new PSC que quiso lanzar Navarro, así como los golpes electorales, como el del 25 de mayo en los comicios europeos.

No ayudó a reducir la crispación en torno a los socialistas el extraño episodio de la agresión de una señora en una comunión en Terrassa. Navarro lo atribuyó a la crispación derivada del proceso soberanista pero la mujer, tras una investigación policial situó el enfrentamiento en una disputa de hacía diez años por una bandera sucia en su época de alcalde.

Navarro vio desde la distancia cómo Alfredo Pérez Rubalcaba y el mismo Patxi López renunciaban a sus cargos al frente del PSOE y el PSE, respectivamente. Ahora es su turno.

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