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Perfil bajo

El Mundo El Mundo 18/06/2014 LUCÍA MÉNDEZ

Mientras los francotiradores revisaban los tejados de Madrid desde donde vigilarán el recorrido de la caravana real y tímidamente las banderas españolas se asomaban a algunos balcones, el Palacio del Senado acogía el último trámite parlamentario para la abdicación del Rey. La calma y el sosiego que reinan en la Cámara se vieron algo alteradas porque nunca hubo tantos periodistas en el Senado. Los senadores salían del Pleno y miraban con extrañeza el trasiego. Demasiada tensión para ellos. No están acostumbrados a concitar tanta atención. El Pleno del Senado pasará a la Historia porque cierra el proceso de abdicación de Don Juan Carlos, pero no por la brillantez de los discursos ni por la altura del debate parlamentario.

Fiel a su divisa de evitar demasiadas emociones, el presidente del Gobierno decidió ayer dar perfil bajo también a la Historia. Parafernalias las justas y ritos nada más que los necesarios. Protagonizar tantas ceremonias y acontecimientos históricos resulta muy cansado, por lo que el Gobierno renunció a subir a la tribuna para defender el proyecto de ley de abdicación. En su lugar, envió a cuatro ministros de jornada -Ruiz Gallardón, Ana Mato, José Ignacio Wert y Fátima Báñez- que asistieron disciplinadamente al Pleno y escucharon respetuosamente las intervenciones desde el banco azul. Es una pena porque, si le hubiera dejado, el ministro de Justicia habría bordado una intervención solemne y épica a la altura del mismísimo Rubalcaba que tanto asombró al Congreso hace una semana. Los grupos de la oposición acusaron al Gobierno de «despreciar» a la Cámara Alta, la hermana pobre de la Cámara Baja. Qué barbaridad, argumentó el PP, si hasta han venido cuatro ministros. ¿Qué más quieren? Todo vale para criticar a Mariano Rajoy. Con lo bien que le está saliendo la operación sucesión real y la extraordinaria imagen que España está dando ante el mundo, con unos futuros Reyes tan jóvenes y tan guapos.

Así, con ausencia de pompas innecesarias, el Pleno del Senado escuchó, una por una, las intervenciones de los portavoces en las que se dibujaron varios países. España y los otros. PSOE y PP fieles al pacto constitucional, y los otros cada uno a lo suyo. El portavoz socialista, Marcelino Iglesias, hizo un ditirambo para fusionar el alma republicana del PSOE con el cuerpo monárquico que debe lucir para ser fiel al pacto constitucional. «El pueblo autoriza al Rey a abdicar y éste es un ejercicio de republicanismo en sentido profundo». Quién sabe si gracias a ese guiño, a diferencia de lo que sucedió en el Congreso, no hubo fuga de votos en el Grupo Socialista. José Luis Barreiro, portavoz del PP, defendió la «normalidad institucional» que tanto le gusta a su jefe, Mariano Rajoy. El portavoz de IU informó a la Cámara de que él tenía un año cuando murió Franco y desde esa legitimidad certificó la muerte de la Transición el pasado 2 de junio. Nacionalistas vascos y catalanes reivindicaron lo suyo. Y después de la votación, los senadores volvieron a un país que, en atinadas palabras del veterano Juan Saura, atraviesa por una grave «crisis moral».

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