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Periodismo libre frente al poder

EL PAÍS EL PAÍS 22/05/2014 Rosario G. Gómez, Rocío García

Los Premios Ortega y Gasset son desde hace 31 años la celebración del mejor periodismo en español. En un momento en el que el oficio está salpicado por la incertidumbre de una industria en plena transformación tecnológica y en el que los cambios están haciendo temblar las viejas estructuras, este encuentro sirve para reivindicar el periodismo más libre y valiente, ese que es más necesario que nunca. Un periodismo que mira al futuro, en uno de los mayores desafíos que se han conocido en décadas. La XXXI edición de estos galardones que otorga el diario EL PAÍS reunió en Madrid a personalidades del mundo de la economía, la cultura y los medios de comunicación.

Fue el escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte el encargado de poner palabras a un oficio que él comenzó con 16 años en Cartagena con una libreta y un bolígrafo, en una conferencia titulada Sobre miedo, periodismo y libertad. Nunca ha olvidado la lección que le dio un día el jefe de turno del diario La Verdad cuando le encargó una entrevista con el alcalde de la ciudad. Ese muchacho, todavía en el colegio, sintió miedo. “¿Miedo? Mira, chaval, cuando lleves un bloc y un bolígrafo en la mano quien debe tener miedo es el alcalde de ti”. Una frase que le ha acompañado en su vida profesional y que asoció al miedo del poderoso a perder la influencia, los privilegios y la impunidad. “El único medio que el mundo actual posee para mantener a los poderosos a raya, para conservarlos en los márgenes de ese saludable miedo, es una prensa libre, lúcida, culta, eficaz, independiente. Sin ese contrapoder, la libertad, la democracia, la decencia, son imposibles”, dijo Pérez- Reverte, en un contundente discurso en el que insistió en el maltrato que en los últimos años está recibiendo en España el periodismo por parte del poder. “El poder y cuantos aspiran a conservarlo u obtenerlo un día no están dispuestos a pagar el precio de una prensa libre. Basta ver las ruedas de prensa sin preguntas, el miedo a comparecencias públicas, como a los debates electorales donde son los políticos y sus equipos, no los periodistas desde la libertad, quienes establecen el formato”.

No se salvaron tampoco de la crítica los periodistas sumisos que aceptan este estado de cosas sin rebelarse y atacó la docilidad con la que el periodismo en España, salvo excepciones, se pliega a la presión del poder, no solo político sino también financiero. Pérez-Reverte alertó del “devastador” desprecio por la cultura y la educación, de la visceralidad y el sectarismo imperante en nuestro país, que “envenena” también las redacciones, así como del peligro de la autocensura. El autor de Alatriste finalizó su intervención con toda una declaración de amor al oficio del bloc y del bolígrafo, o lo que depare en el futuro, para que los poderosos sigan sintiendo miedo. “La prensa independiente es la única capaz de mantener a raya a los malvados y garantizar el futuro de los hombres libres”.

El director de EL PAÍS, Antonio Caño, defendió el mejor periodismo, que se ve reflejado en estos premios. “Es posible que algunas formas tradicionales de hacer periodismo no tengan sentido en el futuro, pero confío en que periodistas y trabajos como los premiados tendrán siempre un público que los aprecie y los necesite”, dijo Caño, que se mostró emocionado por tratarse de la primera vez que participaba como responsable del diario en la ceremonia de entrega de los Premios Ortega y Gasset.

Acompañado de los cuatro directores anteriores, Juan Luis Cebrián, Joaquín Estefanía, Jesús Ceberio y Javier Moreno, Caño abordó de manera clara los retos del periodismo —“viejos gigantes se desmoronan y nuevos actores se suman a la competencia”— y avanzó la prioridad “estratégica irrenunciable” de EL PAÍS: el impulso al desarrollo digital y la profundización de la expansión del diario en América. “América es el mercado natural de un periódico como el nuestro que puede presumir de una visión cosmopolita y global antes incluso de que la palabra global comenzara a utilizarse”. El director del diario, para quien el periodismo se encuentra en una fase de completa redefinición, planteó que el dilema que hoy afronta la prensa es clásico y rotundo: renovarse o morir.

Todos los directores que ha tenido EL PAÍS se fotografían con los premiados al terminar la ceremonia. © ULY MARTIN Todos los directores que ha tenido EL PAÍS se fotografían con los premiados al terminar la ceremonia.

El director de The Guardian, Alan Rusbridger, todo un referente del mejor periodismo mundial (premio a la trayectoria profesional), compartió escenario con tres jóvenes reporteros —Pablo Ferri, Alejandra Sánchez Inzunza y José Luis Pardo— que, a bordo de un coche de segunda mano, recorrieron Latinoamérica en busca de historias sobre cómo el narcotráfico afecta a la sociedad, por las que han recibido el galardón al mejor trabajo impreso. También con periodistas de EL PAÍS, como Mónica Ceberio y Álvaro de Cózar, que han experimentado con éxito nuevos formatos multimedia para denunciar, en este caso, uno de los grandes dramas que ha provocado la crisis en España, como son los desahucios, por lo que recibieron el premio de periodismo digital. Un equipo de profesionales integrado también por Cristina Pop, Luis Almodóvar, Álvaro de la Rúa, Paula Casado, Fernando Hernández, Ana Fernández, Rubén Gil, José María Ocaña, Gorka Lejarcegi, Claudio Álvarez, Gema García y Mariano Zafra. Otro veterano que sabe que en la innovación está el futuro de este oficio, el fotógrafo Pedro Armestre, recogió el galardón a la mejor imagen del año. Una foto, planificada al máximo, que narra la emoción de una fiesta tan popular como los Sanfermines.

En la misma línea que Pérez-Reverte, el director de The Guardian destacó, en su intervención, las presiones sufridas a raiz de la publicación de los papeles de WikiLeaks y de las revelaciones del caso Snowden. Rusbridger añadió que ante los peligros y cortapisas que afronta el ejercicio de este oficio en tantos países siempre debe de haber “una comunidad de periodistas que colaboren entre ellos”.

El acto lo cerró Juan Luis Cebrián, presidente de EL PAÍS, con unas palabras en las que recordó a Gabriel García Márquez y su máxima de que el periodismo es el mejor oficio del mundo. Cebrián, que agradeció a Pérez- Reverte la autocrítica, dijo que los periodistas tienen que aprender de sus fracasos y sus frustraciones, pero aseguró que cumplen un papel como contrapoder y conciencia crítica de la sociedad. “Mientras haya periodistas como Arturo Pérez- Reverte, el poder estará vigilado y la sociedad defendida”.

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