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Pesimismo sin remedio

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 03/10/2017 Iñigo Domínguez
Manifestación en Plaza Cataluña (Barcelona) el 2 de octubre. © Proporcionado por ElPais Manifestación en Plaza Cataluña (Barcelona) el 2 de octubre.

En el día siguiente al 1 de octubre, que era muy esperado para aclarar incertidumbres, sigue siendo todo muy confuso. No paran las movilizaciones: a mediodía hay una manifestación de universitarios en el centro de Barcelona para pedir la aplicación del referéndum y protestar contra la violencia de la policía. Pero no abundan las respuestas. Un lema dominante hasta el domingo era que esto ya no iba de independencia sino de democracia, pero Puigdemont dijo esa misma noche que iba a proclamar la independencia sin conocer siquiera los resultados. “Esto ya no tiene importancia, todos sabíamos lo que votábamos”, contesta un joven. Otra pregunta: si el monopolio de la violencia es intrínseco a todo Estado, ¿un futuro Estado catalán no reprimiría igual un intento de autodeterminación de Badalona? “Esto son juegos de palabras, el nuevo Estado catalán no será autoritario, será lo que queremos que sea”, responde otro. Nadie quiere dar su nombre, por una de las frases que se corean más: “Prensa española manipuladora”. La otra —“Las calles siempre serán nuestras”—, es un cántico clásico de la CUP, pero es que este lunes también lo entonaron empleados de banca con corbata, en el paro de mediodía, en los bancos de la Diagonal. Lo nunca visto.

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Una ronda de llamadas a gente de todo signo consultada en las últimas semanas tampoco es tranquilizadora. “Lo veo muy mal, la situación es mucho peor”, admite Ismael Peña-López, profesor de Ciencia Política y Derecho de la Universitat Oberta de Catalunya, antes entusiasta con el referéndum. “Se ha deslegitimado lo que quedaba del Estado, al menos desde Cataluña se percibe así. Y a partir de ahí el movimiento secesionista contempla la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), que es muy mala idea para la gente que queremos un referéndum pactado. Va a partir en dos Cataluña. La única solución sería una mediación de Europa, pero la veo muy tibia. Estoy triste”.

Carmen, empresaria, 60 años, convertida al independentismo tras un pasado socialista, ayer aún estaba trastornada por las emociones —votó tras seis horas de espera— y las imágenes de los antidisturbios. “Me duró toda la noche. Se me saltaron las lágrimas”. Pero lo que más le impresionó fue la declaración de Rajoy: “No sé en qué país vive, pero está claro que vivimos ya en dos países, esto es irreconciliable”. También se confiesa “muy preocupada” por la DUI, “entraríamos en una espiral de violencia”: “Necesitamos una mediación internacional patrocinada por la UE. Claro que me quiero ir, pero no que nos manden el Ejército”.

El director del programa satírico Polonia, de TV3, Toni Soler, independentista, ve en su entorno “una mezcla de orgullo, por la actitud de la gente, y tristeza por los cientos de heridos”. “La base popular se ha organizado a un nivel que nunca había visto, y hemos logrado una gran visibilidad hacia el exterior”, apunta. Sobre la DUI espera más bien hechos de la Generalitat, antes que proclamaciones solemnes: “Hay una revuelta pacífica en marcha, y la Generalitat debe proteger a sus conciudadanos de la represión. No creo que haya una espiral de violencia, Rajoy esperaba arreglar esto con cuatro porrazos y no creo que ahora esté contento”.

This is the end”, tituló ayer su artículo en La Vanguardia el escritor Sergi Pàmies, y el nuevo día no le había hecho cambiar de ánimo. “Lo veo igual de mal. Con el agravante de que hasta ahora tenía la esperanza de que el discurso de la legalidad española contrarrestara el de la legalidad artificial del independentismo. Pero al saltarse España la ley con el espectáculo del domingo, estamos atrapados entre dos ilegalidades. Estoy peor que el sábado. No veo ninguna solución. Se acabará imponiendo una de las dos injusticias”.

Jueces muy preocupados

El notario y jurista Juan-José López Burniol, autor de varios libros que proponen fórmulas de encaje de Cataluña en España, también estaba preocupado. “Se ha agravado la situación y no ha cambiado el rumbo. Tras el simulacro de referéndum llegaba la DUI. Lo que ha cambiado es la sensibilidad de la gente, que no puede asumir la represión del Estado. Ha sido un error descomunal, sin justificación alguna. Se pagarán las consecuencias en términos de prestigio internacional y se acentúa la desconexión de muchos catalanes con España. Antes o después habrá que sentarse a hablar, con cesiones recíprocas para llegar a un pacto. No hay más”.

Buscando entre los contrarios al referéndum y no independentistas se palpa la misma desolación. Miguel Aguilar, editor, prefiere ser parco en palabras: “Lo veo tan negro que cualquier cosa que diga parecerá muy pesimista, porque creo que estamos entrando en un territorio peligrosísimo”.

Una magistrada que prefiere no dar su nombre, describe un ambiente de depresión general en la judicatura. “Muchos no somos de aquí y hemos elegido este lugar porque nos gustaba, pero ahora es una pesadilla, y te despiertas y no se ha acabado. A nosotros además nos afecta más porque lo percibimos como una falla en el Estado de derecho. Lo que pensamos que no podía ocurrir está ocurriendo. El independentismo monopoliza el control del relato y el Gobierno central es incapaz de hacer uno creíble y atractivo, y el domingo actuó con torpeza, aunque la gente debe entender que esto no eran todo flores y claveles, se trata de algo gravísimo”. No ve una solución, porque además teme que la magistratura pueda llegar a ser la última moneda de cambio: “Si hay un diálogo, la regulación del poder judicial, que se cayó del Estatuto, es lo único que les falta. Estos días se ha visto que los únicos que quedamos aquí del Estado somos nosotros. Si les dan eso, se acabó”. 

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