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Peter Bosz, en la última foto de Cruyff

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 JAIME RODRÍGUEZ

Meses atrás, los directivos del Borussia tuvieron fácil la elección a la hora de elegir nuevo entrenador, una vez rompieron con Thomas Tuchel, el joven científico que mantuvo las esencias heredadas de Jürgen Klopp. No necesitaron poner un anuncio en prensa solicitando técnico de estilo valiente, buena mano con los jóvenes y que hablara alemán. Lo encontraron pronto en el Ajax. Peter Bosz, holandés de 53 años, llevó al club más famoso de Ámsterdam hasta la última final de la Europa League, el techo europeo del equipo en las últimas dos décadas. Perdieron contra el Manchester de Mourinho pero en la competición dejaron su huella. Juego vertiginoso, chicos atrevidos, presión alta. La escuela de Johan Cruyff barnizada con el punto energético del fútbol moderno.

Bosz ha encajado como un guante en la filosofía del Borussia. Los títulos en los últimos años son en su mayoría patrimonio del gigante de Múnich, pero en Dortmund han sido capaces de afianzar unas vistosas maneras de desarrollar este deporte, por encima de los nombres de los jugadores o de los dueños del banquillo. Unos y otros van y vienen, en circulación continua, sin que el modelo varíe. Lewandowski, Götze, Hummels, Mkhitaryan, Dembélé... Canteranos o compras a buen precio y ventas después multimillonarias. En resumen: buen trabajo en las categorías inferiores, promesas con minutos en el césped y técnicos de gusto ofensivo. Bosz bebió de Cruyff y tomó apuntes de Van Gaal, talento con disciplina son los ingredientes de su fórmula.

«Cuando veo a mi equipo solamente defendiendo y destruyendo juego como hacía yo como pivote defensivo, no disfruto. Cuando me siento en el banquillo pienso al menos en pasar una buena tarde. Si yo paso una buena tarde, puedo hacérsela pasar bien a los aficionados también», dice este ex centrocampista que ahora reniega de su pasado y que se fija en Guardiola, al que ha intentado mejorar su receta a la hora de recuperar el balón. «Su Barcelona tardaba seis segundos, pues nosotros vamos a intentar hacerlo en cinco, para evitar que el rival se coloque», anunció el pasado verano al llegar a Dortmund. Su equipo corre sin miedo hacia delante, tratando a la vez de cuidar también la espalda. Ya es líder en la Bundesliga, con 18 tantos a favor y tan sólo uno en contra, el que recibió en la goleada (6-1) del sábado ante el Mönchengladbach.

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Bosz pasó sus mejores años como futbolista en el Feyenoord, al principio de los 90, siendo internacional ocho veces con la selección oranje (también en la Eurocopa de 1992). Fuera del campo siempre tuvo claras sus preferencias futbolísticas. Siendo un crío cogía el tren con su hermano y recorrían 100 kilómetros para ver los partidos del Ajax de Cruyff. Después, ya como jugador profesional, espiaba los entrenamientos de Van Gaal como aprendizaje para su futuro salto a la banda. Tras hacer carrera como entrenador por la liga holandesa, acabó en Israel a petición de Jordi Cruyff. El hijo del astro holandés, secretario técnico del Maccabi, le ofreció el cargo a finales de 2015. Pocos meses después, pudo conocer a su referente. En una de las últimas fotografías públicas de Cruyff antes de morir en marzo de 2016, aparece junto a Jordi y Bosz en un banquillo, en Tel Aviv. «Fue como leer muchos libros en pocas horas», contó el actual preparador del Borussia. El impacto resultó mutuo, ya que Cruyff recomendó a Bosz para el Ajax. Dicho y hecho. En la siguiente temporada, allí estaba. «Los clubes a los que ha entrenado siempre han jugado un fútbol muy técnico y ofensivo, y eso nos viene muy bien», argumentó Edwin van der Sar, director ejecutivo del Ajax. Un sólo curso al frente del club campeón holandés le sirvió para llamar la atención de los gestores del Dortmund.

«Me encanta el Madrid de Zidane. Con él ha cambiado su forma de jugar. Buena técnica, buen fútbol. Me agrada», dedicó ayer Bosz a su rival de esta noche en la Champions.

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