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Piqué, un incendio en la Selección del que todos intentan salir sin quemarse

Logotipo de El Confidencial El Confidencial 03/10/2017 Gonzalo Cabeza

Michael Jordan, que era un deportista extraordinario, nunca fue un activista. A él se le atribuye la frase "los republicanos también compran zapatillas", dicha cuando en la campaña senatorial de 1990 en Carolina del Norte, su estado, rehusó a dar su apoyo al candidato demócrata, que concurría contra Jess Helms, abiertamente racista y finalmente ganador de aquellos comicios. Jordan es el jugador de baloncesto más célebre de la historia, pero nunca quiso utilizar esa condición en ningún tipo de causa. Ese sentido del silencio no le hace en absoluto especial sino todo lo contrario. Es solo uno más en un ejército de deportistas callados, todo lo contrario a Gerard Piqué.

El central español no es así, en absoluto. Tiene causas y las defiende con ardor, en ocasiones incluso con cierto regusto guerracivilista, como en ese tuit en el que delimitaba un "ellos" que bien sonaba a "el enemigo". Entre sus compañeros futbolistas está bastante solo en su batalla. La abrumadora mayoría prefiere pasar por la realidad sin mancharse. Y en la Selección el problema es aún mayor, claro, porque las posibilidades de encontrarse pensamientos contrarios al propio son superiores cuando se une con compatriotas de todas las partes de España.

Piqué, con sus tuits y con sus declaraciones, también con su legítima toma de posición, ha echado gasolina al fuego. Negarlo es un poco banal, aunque haya muchos que se empeñen en ello. Las palabras, algunas veces incluso más que los actos, tienen consecuencias y es obvio que si estas semanas no hubiese hablado el central catalán en esta convocatoria no se habría montado la que se ha montado. Está en su derecho, más faltaría, pero como ciudadano responsable sabe que las palabras y las opiniones propias pueden generar malestar en otros y esos otros pueden quejarse. Eso también es parte del juego de la libertad de expresión.

Eso es un poco lo que le ha querido explicar Lopetegui en una conversación privada, también en otra en la que juntó al grupo entero. Que está bien que tenga ideas, que defienda el referéndum o, incluso, la independencia -punto que, curiosamente, el central siempre evita aclarar- pero que en la medida de lo posible haga porque el ambiente sea lo más calmado posible. Hay declaraciones que no ayudan, aunque sean legítimas y es inteligente, si lo que se quiere es evitar un infierno en Alicante, pasar unos días alejado de las redes sociales y de las frases grandilocuentes.

Va a costar el silencio completo pero, todavía más, va a ser difícil negar hasta el final la realidad que se le viene encima al equipo nacional: bronca y pitos. Por más que Koke, en conferencia de prensa, no parezca darse por aludido cuando se habla de estos temas y diga que en Alicante les "van a apoyar como lo han hecho en cualquier otra ciudad". El problema, por supuesto, no está en la capital de la Costa Blanca sino en el ambiente que se ha conformado estos días. Y, aunque el equipo seguro tendrá mucho apoyo de la grada, también es muy probable que haya una dosis importante de bronca con Piqué. Las apuestas se pagan muy bajas a que al barcelonista le silbarán los oídos el viernes contra Albania, en un partido en el que se puede resolver finalmente la clasificación al Mundial de Rusia.

Piqué y Thiago. (EFE) © Proporcionado por El Confidencial Piqué y Thiago. (EFE)

"No estamos para dar nuestra opinión"

Thiago, que también está en la conferencia de prensa, se mete un poco más en faena. Quizá porque conoce mejor a Piqué, al fin y al cabo compartieron vestuario en el Barça, o porque la cosa le pega más de cerca. Su intento, en todo caso, no es abordar la situación, ser pedagógico o expresar sus sentimientos sino, como tantas otras veces cuando de futbolistas se trata, despejar balones e intentar cortar cualquier vínculo entre la sociedad y el fútbol.

"Venimos a jugar al fútbol, yo no vengo a hablar de la vida de Koke y nos apena no poder hablar sobre Albania o Israel", explicaba el hispanobrasileño, visiblemente molesto. Antes de ponerse delante del micrófono la jefa de prensa ya había pedido que se limitasen las preguntas políticas y él estaba por la labor que no se hablase del tema. Te recuerdan que "lo importante" es el fútbol, aunque esa no deja de ser una valoración de parte.

El incendio no se va a ir, piensan, pero igual se puede conseguir mitigarlo un poco mirando hacia otro lado. Sus compañeros, estén o no de acuerdo con Piqué, no están por la labor de avivarlo, harán lo posible por evitar cualquier malentendido y, si hablan del tema, solo será para repetir el que se ha convertido en eslogan de esta concentración y que, esta vez, le tocó expresar a Thiago: "A Gerard lo vemos como siempre, con compromiso, con la misma actitud y con la misma alegría que nos aporta, diferente a todos".

Hay un elefante en la habitación, por más que el intento vaya a ser obviarlo, como si realmente esta semana no hubiese ocurrido nada y ninguno de los jugadores se hubiese significado al respecto. No ha sido así y ahora llegan los remiendos, los intentos de hacer pasar el fútbol por delante de la actualidad o la petición de obviar que todo eso ha pasado. Por eso se intenta que Piqué se guarde el móvil hasta el martes por lo menos. Y a los jugadores se les dice que mejor si pueden no pisar charcos.

"Tenemos que dedicarnos a jugar al fútbol, no a hablar, nos perjudica a todos el hablar", resume Thiago que, sin querer, termina dándole una cornada a Piqué. "Las opiniones personales son de cada uno, te las llevas a casa y no estamos aquí para dar nuestra opinión personal", dice el interior que llega, incluso a hablar de una dirección en la que tienen que estar para clasificarse y en la que, curiosamente, también incluye a la prensa. Como si los periodistas tuviesen que remar también por la selección. Puntos de vista, al final es lo que hay.

Gerard Piqué, rodeado de compañeros en Las Rozas. (EFE) © EFE Gerard Piqué, rodeado de compañeros en Las Rozas. (EFE)
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