Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Placeres que mutan

El Mundo El Mundo 06/06/2014 LUIS MARTÍNEZ

De todas las paradojas que excitan el ánimo, los jugos gástricos y las ganas de conocer de gente ninguna como un buen viaje en el tiempo. Y eso es así desde, pongamos, el amanecer de los tiempos, el amanecer de los tiempos modernos se entiende. Pocos laberintos tan excitantes como el de los condicionales contrafácticos. ¿Qué pasa si movemos una pieza en el pasado del puzzle temporal? Y justo en ese momento el jardín de los senderos que se bifurcan extiende sus ramas por la retina. No hay nada como un buen condensador de fluzo (¿o era flujo?) para poner a salivar las neuronas.

Dicho esto, aparece 'X-men: días del futuro pasado'. De otro modo, estamos delante de la consecuencia argumental lógica de la ingeniosa y brillante 'X-men: Primera generación'. Recuérdese, en la película de Matthew Vaughn de 2011 de la que ésta es continuación evidente, los mutantes enseñaban los colmillos de leche; se exhibían jóvenes en sus primeros y dubitativos pasos.

El director de 'Kick-ass' rompía el tono solemne que hasta entonces había sufrido la serie del profesor Xavier para hacer lo que un espectador más o menos adulto (tampoco vamos a exagerar) puede y debe exigir de una película de superhéroes: un poco de sentido del humor. Al fin y al cabo, no dejan de ser unos mutantes sólo ligeramente diferentes de lo que se ve, por ejemplo, en Eurovisión.

Ahora, vuelve el director Bryan Singer (él mismo mutante o algo peor a tenor de lo último publicado) a hacerse cargo de una serie que aprendió a dar sus primeros pasos precisamente con él. La idea no es otra que juntar a los héroes digamos clásicos interpretados por gente tan clásica como Patrick Stewart y Ian McKellen con los nuevos personajes. Y aquí son los muy respetables James McAvoy y Michael Fassbender (sin olvidar a Jennifer Lawrence) los que, entre otros, toman el testigo. Nótese que el personaje es el mismo (Xavier o Magneto) pero, y esto es lo importante, en pasado y en futuro. Hemos llegado.

De repente, el viaje en el tiempo. Estamos en el futuro y nuestros amigos los seres raros ya no viven divididos en esa metáfora tan fructífera en la que se basa todo esto. Ya no son dos grupos separados por el espíritu conciliador de uno (Xavier y los suyos) y el guerrero del otro (Magneto y los otros); de un lado, la posibilidad del justo acuerdo, del otro, el de la justa venganza. Y así. Ya no. Ahora, en el futuro, viven todos los raros en armonía acosados por un arma fatídica creada por el hombre para aniquilarlos.

© Proporcionado por elmundo.es

El mejor villano en tiempos

Solución: viajar al pasado (para algo tienen poderes) de los años 70 y evitar el momento en el que el gran (pese al tamaño) Peter Dinklage, ahora en el mejor villano en tiempos, inventó a los Sentinels (así se llaman los aniquiladores de mutantes).

Pues bien, el propósito de Singer no es otro que hacer coincidir en una sola cinta dos ideas irresistibles. Por un lado, la de Vaughn que no fue otra que convertir el género de superhéroes en el mejor escenario para una comedia surreal y, por otro, la de JJ. Nos referimos, en efecto, a JJ Abrams.

Sin duda, él ha sido el último en tomarse en serio las posibilidades narrativas de los saltos en el tiempo. El responsable de 'Perdidos' convirtió la serie entera en un complicado juego de muñecas rusas donde, finalmente y para desconsuelo de descreídos, todo encajaba en presente, pasado y futuro. En 'Fringe' ideó una alternativa al simple viaje temporal: los mundos 'cuánticamente' paralelos. ¿Y qué decir del encuentro de Spock viejo con Spock joven en su primera resurrección de 'Star Trek'? Si la aventura de los neutrinos necesita un profeta, Abrams es el hombre a seguir. Y ahora sólo falta esperar a 'Star wars'.

Digamos que Singer sólo consigue su objetivo en parte. Desde luego, es una pérdida (y muy grave, quizá imperdonable) que la serie vuelva a caer en la solemnidad 'superheroica' más rancia que sólo puede entretener a los muy entregados. Eurovisión también tiene sus fans. Christopher Nolan llevó al extremo el empeño trágico-metafórico de los hombres con capas. Y Singer, pese a su esfuerzo y la calidad incuestionable del reparto, no es Nolan. Nos pongamos como nos pongamos, se echa en falta el gamberrismo desprejuiciado y sabio de Vaughn.

Pero esto, con ser doloroso, no es lo más malo (o peor). Tampoco convence como debiera la liturgia del salto cronológico. Desde 'Regreso al futuro', 'Terminator' o, y sobre todo, '12 monos' (por citar lo básico) cada desnivel cuántico que ha pisado una pantalla lo ha hecho para reblandecer el suelo, para hacer que el espectador dude de lo más evidente. Cada cambio genera mil futuros posibles y cien dolores de cabeza pequeños.

Nada de esto ocurre en la propuesta de Singer. El director acusado de estupro en la vida no imaginaria se limita a hacer pie en las claves que soportaron el éxito de las primeras entregas descuidando el horizonte de posibilidades nuevas desde el que partía. Apenas nos reímos (excepción hecha del chiste de Kennedy), apenas dudamos en su planteamiento protocolario (cuando no torpe) del viaje temporal. Y ni una ni otra cosa es buena.

Por lo demás, la saga mantiene el pulso espectacular en cada plano. No todo van a ser malas noticias. Se disfruta la arbitrariedad mutante de cada efecto especial con el mismo placer con el que cada actor consigue dar una relevancia realmente increíble a lo estúpido de su existencia. La aparición de Nixon, por lo demás, siempre gusta. Y claro, si uno se relaja y no se obsesiona por lo que pudo ser consigue pasárselo al menos tan bien como un choto con dos madres. Al final, todos los placeres acaban por ser gástricos.

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon